Vivir en familia

Vivir en familia

La familia es el libro donde se escribe la historia de sus miembros. Es el nicho donde transcurre la niñez. Es el sistema que debe permitir el crecimiento de cada uno de sus integrantes y fomentar el vuelo o emancipación de estos. La mejor herencia que la familia puede dejar a sus miembros son los buenos recuerdos. 

Por: Carmen Escallón Góngora
Pediatra y terapista familiar Universidad de Cartagena 

La vida sana en familia debe trabajar en la construcción de límites entre los distintos sistemas: el de padres, el de cónyuges, el de hermanos, y el de padres e hijos. Debe mantener, además, unas fronteras claras con el medio exterior y con el resto de la familia (familia extensa). Muchas dificultades son producidas con bastante frecuencia por la intromisión de un miembro de la familia extensa en el sistema de cónyuges o en el de padres.

Vivir en familia con un hijo escolar es una oportunidad para que los padres revisen su propia niñez y logren sanar algunas heridas, aprender y fortalecerse. El escolar es un buen maestro. Los padres tienen la oportunidad de contarles a sus hijos su niñez; no obstante, muchos de ellos callan estas historias porque están llenos de dolor y de rabia.

Muchos padres se frustran ante los hijos que viven en una situación más sana que lo que les tocó a ellos y creen que los niños no saben apreciar las oportunidades. Es aconsejable que los padres busquen ayuda para superar estas historias de dolor y logren aislar a su hijo de las emociones del pasado y del miedo, y de la ansiedad por el futuro.

Por otra parte, vivir con este muchacho en edad escolar requiere amarlo, sentirlo, escucharlo, valorarlo, respetarlo, charlarle, y aceptarlo en sus semejanzas y diferencias con el padre y la madre.

Esta vida en familia debe permitir que tanto padres como hijos y abuelos se sientan cómodos y tengan la sensación de hogar, de calidez y de bienestar. En esta etapa, la vida en familia es más tranquila, existe mayor seguridad acerca de la salud física del niño, hay menos gripas y menos enfermedades digestivas; además, el escolar es tranquilo y cooperador.

El escolar tiene conciencia de sí mismo, es reflexivo, necesita la aprobación de la familia y de otros adultos significativos, es un buen crítico y establece relaciones de cierta duración con otros adultos de la comunidad, como el peluquero, la señora de la tienda, el vendedor de frutas, etc. Es muy activo y el juego es su principal atractivo. Estas características hacen que la vida en familia con un niño escolar necesite de una adecuación especial.

El escolar es cooperador y justamente esta cualidad es esencial para que trabaje en las actividades domésticas.

El niño trabaja en actividades propias de su edad, en su sentido de pertenencia por el hogar y en su autonomía. Es necesario que las tareas se dispongan en la familia y cada uno tome las suyas, pues la imposición no es una buena aliada de la participación.

Tareas como recoger los juguetes después de jugar, ayudar con la lista del mercado, limpiar los muebles, colaborar en el jardín, limpiar el refrigerador, poner la mesa, entre otras, pueden representar para el chico un espacio de diversión y de valoración personal.

Al iniciar la vida escolar, el niño puede llegar de jugar con la camisa sucia, los zapatos con barro, o el pantalón roto en las rodillas. Esta situación no debe ser motivo de castigo ni de ridiculización o burla; por el contrario, se debe aprovechar el momento para el análisis de la escogencia de la ropa para jugar. Los padres deben recordar que un escolar limpio y quieto posiblemente no esté del todo sano.

El escolar necesita reglas y es así como la familia tiene una función determinante en esto. Las reglas deben ponerse en los juegos, en las negociaciones dentro de la casa, en los hábitos y en las salidas. En la medida en que las rutinas diarias estén reglamentadas, matizadas con lúdica y alegría, la vida en casa se vivirá como una fiesta, evitándose los malos tratos y las otras conductas violentas.

En cuanto a la distribución de funciones dentro de la familia, los padres deben dejar de asignar las que en el pasado se habían considerado solamente femeninas o masculinas: por ejemplo, el asignarle a la niña el arreglo de la cocina y al niño el arreglo del garaje, pues esto lleva a sexismo en la crianza y a falta de equidad que daña las relaciones humanas.

Un caso típico es, por ejemplo, el de una madre que llega a su casa después de un día de trabajo, y encuentra en la sala a su hija de nueve años viendo televisión con su hermano de once años y su padre. La madre entra a la cocina e invita, como de costumbre, a la niña para que le ayude a atender a los hombres de la casa. Estas tareas se deben alternar sin reparos en el sexo.

Cada día la familia debe promover la visibilidad a la niña, que viene de una invisibilidad de siglos, evitándose así esta forma tan común de maltrato a la mujer. El niño se debe incorporar a las tareas del hogar, entendiéndose que la familia es una empresa que pertenece tanto a padres como a hijos.

La familia debe apoyar al escolar en la formación de hábitos, como los de aseo, alimentación, sueño, lectura, música y otros. Debe hacer de las comidas espacios de recogimiento, de intercambio de opiniones y nunca de discusión entre los padres o de revisión de temas políticos. El escolar debe comer a su propio ritmo y nunca debe ser obligado. Los alimentos deben ser atractivos. El televisor no es otro miembro de la familia, así que debe estar apagado durante las comidas.

La escuela es un espacio fundamental, pues le permite la socialización y la adquisición de conocimientos. La familia debe crear puentes adecuados con el sistema escolar y debe estimular los logros en lectoescritura y otros conocimientos.

La vida en familia con un hijo escolar debe facilitar el juego como medio para que siga descubriéndose, para madurar estructuras físicas y emocionales, aumentar su nivel de conciencia de sí mismo y del otro, y para resolver problemas.

Es imprescindible que la familia continúe con el respeto por el cuerpo del niño. En esta etapa, sobre todo hacia los diez años, un niño que no ha recibido el aprecio por su cuerpo puede intentar proezas para llamar la atención de su familia y para que su cuerpo sea aceptado, provocando muchas veces accidentes, o también, puede tratar de irrespetar su propio cuerpo, obligándose a sí mismo a pasar hambre (anorexia) o a comer demasiado (bulimia).

El niño necesita ser aprobado para construir su propia estima y valoración.

La vida en familia debe garantizar la ternura y la caricia. El escolar, que se bajó hace unos meses del regazo materno, necesita que lo acaricien: precisa del abrazo, de los besos, de la lectura de un cuento antes de acostarse, manifestaciones que le alimentan el espíritu y le hacen sentir un ser humano valioso y amado.

La familia debe preocuparse por el niño presente y no por las consecuencias de lo que el niño hará en la vida adulta. Algunos padres dicen: “Es que quiero que sea alguien en la vida”; estos padres deben recordar que el niño ya es “alguien”, por lo que no es prudente sacrificar la niñez en aras de formar un adulto.

La iniciativa es el condimento de la responsabilidad. Un niño libre es aquel que tiene capacidad de elegir y de asumir las consecuencias. Este es el fin último del ser humano. La libertad se debe estimular durante la niñez, por lo que es necesario que el escolar se involucre en la vida de familia, participe, tome partido y tome decisiones, las cuales deben ser respetadas.

La vida de familia debe brindar a todos los miembros seguridad. Se debe tener la sensación de encontrarse a salvo y de recibir apoyo, pese a la equivocación y las dificultades, sin señalar ni culpabilizar.

Recomendaciones

  • Conversen en familia acerca de las necesidades de cada miembro del sistema familiar.
  • Sean buenos modelos para imitar por parte del escolar.
  • Cuando se equivoque un miembro de la familia, no lo ridiculicen ni se burlen.
  • Estimulen en el niño la creatividad.
  • Crean en su hijo y no le digan frases que hieren la fe como “mentiroso” o “no te creo”.
  • Distribuyan las funciones en la casa con equidad.
  • Acaricien a su hijo.
  • Jueguen con su hijo, haciendo de la cotidianidad una ronda.
  • Respeten el cuerpo de su hijo, verbalizando su valor y aprobándolo en los casos necesarios.
  • Mantengan un puente activo con la escuela.