Violencia, adolescencia y el amor

Por: Miguel Eduardo Barrios Acosta
Pediatra, Ph. D. en Salud Pública
Profesor Titular – Universidad Nacional de Colombia

“Ninguna persona involucrada en una relación debería sentir que, para hacerla viable, necesita renunciar a una parte esencial de sí misma”.

 May Sarton

La violencia, o mejor, las violencias son fenómenos que siguen impactando de manera muy fuerte y significativa la vida nacional. A diario, hechos relacionados con las violencias se informan en los noticieros, se publican en los periódicos, se oyen en las noticias de la radio, o se comentan en el trabajo, en la calle, o con los amigos. La sociedad parece validar, irreflexivamente, opiniones como las de que Colombia es el país más violento del mundo o que los colombianos, en verdad, tienen un gen que los hace violentos. Con lo anterior, pareciera aceptarse que las violencias hacen parte de nuestra rutina.

Lamentablemente, nuestros jóvenes están inmersos dentro de la violencia: las primeras causas de muerte en adolescentes incluyen algunas formas de esta, como homicidios, accidentes y suicidio. El matoneo, la violencia sexual y las lesiones personales producto de peleas entre conocidos, entre otras, hacen parte de las consecuencias de la violencia que afectan a los adolescentes.

Las violencias son una forma de relación entre los seres humanos y tienen algunas características que las constituyen. Una de ellas, es la racionalidad vinculada con el acto violento, por eso, las violencias solo se dan en los seres humanos.

Las violencias son un medio, nunca un fin. Se usan para conseguir algo, es decir, que existe una dirección y racionalidad en el acto violento, en el que existe una diferencia de poderes de tal modo que él, o los más fuertes, someten al o los más débiles. Por eso, las violencias se ejercen contra los más indefensos, como niños, ancianos, mujeres, personas que viven en situación de discapacidad, grupos minoritarios o países pobres.

Otra de las características de las violencias es que son muy efectivas para lograr los objetivos que mediante ellas se quieren alcanzar, razón por la cual, estas aparecen a lo largo de la historia de la humanidad. Pero esa efectividad se produce mediante el sometimiento y la anulación de quien es subordinado; esa persona pierde su valía personal, se lesiona su autoestima, en fin, se daña como ser humano. Se establece que la efectividad señalada de la violencia por regla es a corto plazo, haciéndose evidente a mediano y largo plazo su poca eficacia y eficiencia, ya que, cada vez, son menores los logros y mayores los daños que genera, y es humanamente insostenible.

Otra de las características de las violencias es que son muy efectivas para lograr los objetivos que mediante ellas se quieren alcanzar, razón por la cual, estas aparecen a lo largo de la historia de la humanidad. Pero esa efectividad se produce mediante el sometimiento y la anulación de quien es subordinado; esa persona pierde su valía personal, se lesiona su autoestima, en fin, se daña como ser humano. Se establece que la efectividad señalada de la violencia por regla es a corto plazo, haciéndose evidente a mediano y largo plazo su poca eficacia y eficiencia, ya que, cada vez, son menores los logros y mayores los daños que genera, y es humanamente insostenible.

Las dinámicas de las violencias no solo son lesivas para quien recibe el daño; el ofensor también se siente mal cuando arremete. Para entender lo anterior, solo hay que recordar los sentimientos que se experimentan cuando le hemos hecho daño a otra persona. Solo pocos individuos, los psicópatas, pueden ser emocionalmente ajenos al dolor que le producen a un tercero.

Tipos de violencias

Hay muchos tipos de violencias: política, social, económica, afectiva, racial, física, etc., y existen variados contextos donde se expresan: el conflicto armado, la violencia intrafamiliar, en la red o en los barrios, entre otras. Hay algunas violencias que son frecuentes dentro de las relaciones entre los adolescentes, las cuales no siempre son visibles para el mundo adulto, e incluso son inadecuadamente reconocidas por ellos mismos.

Dentro de las violencias entre adolescentes y jóvenes hay algunas que son muy comunes sobre las que debería saberse más y trabajar en su prevención. La violencia dentro de las relaciones de pareja entre adolescentes tiene esas características.

La violencia en las relaciones erótico-afectivas entre adolescentes puede ser experimentada en promedio por 3 de cada 10 adolescentes. Hay muchas razones por las cuales esta tiende a pasar inadvertida y reconocida. A continuación, exponemos algunas de ellas con el fin de reflexionar sobre estas y así poder disminuir esta problemática:

  • Nuestra cultura es poco visionaria sobre la potencia del amor. El amor dentro de la adolescencia es entendido, principalmente, desde la perspectiva del riesgo, es decir, los adolescentes deben cuidarse de embarazos indeseados o inoportunos o de la posibilidad de contraer infecciones de transmisión sexual, en especial del VIH/sida, entre otros riesgos incuestionables. Poco se entiende acerca de las posibilidades del amor como dinámica de transformación, de crecimiento emocional y de desarrollo integral. La enseñanza y práctica del amor en condiciones del respeto propio y del otro, del conocimiento y establecimiento de la propia valía, de la validación del erotismo como una forma de autorreconocimiento, así como de la posibilidad que brinda el amor para resolver divergencias y conflictos, son algunas de las potenciales áreas benéficas de este para los jóvenes.
  • El involucramiento de los adolescentes en relaciones erótico-afectivas violentas con frecuencia obedece a la reproducción de patrones y prácticas que han aprendido dentro de sus familias. Ahí se apropian dinámicas de sometimiento y victimizaciones patriarcales que luego reproducen irreflexivamente en sus experiencias amorosas. De ahí que víctimas adolescentes de la violencia dentro de sus relaciones de pareja expresen desconocer que sus vivencias son intolerables hoy en día. Así, si dentro de los colegios se desarrollase una cátedra sobre el amor de pareja al interior de las familias, con reflexiones profundas a partir de historias y experiencias vivenciales de los estudiantes, mucho se podría avanzar al respecto.
    Aunque lo anterior es válido, se debe combatir el mito de que solo aquellos adolescentes que provienen de familias donde han estado expuestos a violencia de pareja en las que han participado sus progenitores, son los que tienen riesgo de experimentar violencia en sus relaciones erótico-afectivas. Por lo tanto, cualquier adolescente está en riesgo de ser víctima de violencia en sus relaciones de pareja, independientemente de la cultura donde vive y del nivel económico o educativo de la familia; y esta se puede presentar, incluso, desde el primer acercamiento en el cortejo amoroso.
  • La violencia en las relaciones erótico-afectivas entre adolescentes tiene características propias, las cuales son distintas de otras aplicables a las relaciones entre adultos. Aquí señalamos algunas. El porcentaje de víctimas según el sexo es bastante similar, aunque existen diferencias en el tipo de violencias que se ejercen y reciben según el género. Los hombres agreden más física y sexualmente, mientras que las mujeres lo hacen más a través de la violencia emocional. Los condicionantes de la violencia de género tienen variaciones de expresión según el tipo de relación que establece la pareja. Por definición, la categoría de violencia erótico-afectiva entre adolescentes solo aplica para jóvenes que no conviven. Por ello, la participación de elementos de la violencia económica tiende a ser menor. Hay muchos tipos de relaciones erótico-afectivas entre adolescentes, aunque, probablemente, las más fáciles de reconocer incluyen: los pseudoamigos, las relaciones casuales o esporádicas, los amigovios y los noviazgos. La amistad, en su acepción tradicional, excluye acercamientos eróticos íntimos. En los pseudoamigos, por ejemplo, una de las personas de la díada tiene un interés erótico mientras transcurre la amistad; en las casuales, entre tanto, los acercamientos eróticos son fugaces, como en “una noche de copas”; en los amigovios, por su parte, hay distintos tipos de expresiones eróticas consentidas dentro de la pareja, pero la relación no tiene un reconocimiento social “formal” como pareja; y, finalmente, en los noviazgos en principio individual y socialmente se sella el acuerdo de la exclusividad sexual.
  • La tasa de violencia dentro de las relaciones erótico-afectivas entre adolescentes se aumenta progresivamente con la edad, así como con el tipo de pareja que se ha establecido. Siendo más altas en los adolescentes tardíos y en los noviazgos. Los determinantes de género participan en gran medida en esa realidad. Esta violencia puede ocurrir en relaciones hetero u homosexuales. Por lo que es importante que los adolescentes sepan identificar tempranamente las alertas sobre rasgos patriarcales de sus pretendientes o parejas, independientemente del sexo o género de la persona.

Los adolescentes deben saber que si un pretendiente o pareja presenta características como:

  • Quiere avanzar muy rápido en la formalización de una relación o no acepta un no como respuesta.
  • Es celoso o posesivo y quiere controlar todas las actividades de su pareja.
  • Usa frases como: “si tú en verdad me quieres a mí, deberías…”.
  • Culpabiliza a su pareja de cosas que están mal, como, por ejemplo, “eso pasó porque tú me hiciste poner de mal genio”.
  • Promete cosas como: “esto no volverá a pasar”, o llama frecuentemente o exige una respuesta inmediata a sus llamados.
  • No toma en serio las opiniones de los demás.
  • Y estando solo o con amigos denigra de otras personas, entre otros rasgos patriarcales…

Entonces, esa pareja, puede ser peligrosa.

  • No siempre los adolescentes les cuentan a sus padres que están siendo violentados al interior de sus relaciones erótico-afectivas. Hay varias razones por las cuales esto pasa. Entre ellas, porque temen que sus padres les exijan la finalización de la relación, se sienten con vergüenza y culpa, le temen a su pareja, pueden estar confundidos y piensan que dinámicas violentas también se dan dentro de relaciones sanas, o temen perder algunos privilegios, como los permisos para salir, en particular si los padres aprueban mucho la relación, entre otras.
  • Algunas características individuales pueden hacer que un adolescente tenga un mayor riesgo de ser violentado dentro de una relación erótico-afectiva, entre ellas están:
    • Tiene poco conocimiento o ninguna experiencia sobre lo que son las citas y relaciones saludables.
    • Tiene poca autoestima y “necesita” de una relación de pareja para sentirse amado, valorado o cuidado.
    • Convive en un entorno de pares en el cual tener una relación de pareja está sobrevalorado.
    • Confunde los celos con el amor.
    • Tiene una red de amigos de pobre calidad, y, por tal razón, no comparte con ellos lo que le está sucediendo.
    • Tiene poca capacidad de análisis, con lo cual es fácilmente confundido porque en ocasiones el abusador actúa bien.

Recomendaciones

  • Tenga una postura positiva frente a las relaciones de pareja erótico-afectivas sanas en sus hijos adolescentes. Aunque hay algunos riesgos dentro de ellas, estos son bastante inferiores frente a los potenciales beneficios.
  • La posibilidad de detectar relaciones abusivas o problemas que amenazan el desarrollo integral de un hijo dentro de una relación erótico-afectiva solo es posible si los padres conocen la existencia de ellas.
  • Déjele saber a su hijo que usted como padre o madre siempre lo va a querer, que su principal interés es cuidarlo, protegerlo y acompañarlo en la resolución de dificultades, incluyendo las que se presenten dentro de sus relaciones de pareja erótico-afectivas, si se presentasen.
  • Esté atento sobre la presencia de alertas tempranas de abuso en las relaciones de pareja, especialmente en las de reciente comienzo, tales como: cambios repentinos de ropa o maquillaje, moretones, rasguños u otras lesiones; disminución en el rendimiento en el colegio, aislamiento de los amigos, cambios repentinos de humor o forma de ser, como ponerse muy ansioso o deprimido; o estar constantemente pensando en salir o compartir únicamente con su pareja.
  • Si sospecha que su hijo está inmerso dentro de una relación de pareja abusiva, intente ayudarlo e invítelo a buscar ayuda. Dentro de ello, haga énfasis en que la única persona responsable del abuso es el victimario. Es importante que le deje claro las redes (familia, amigos), dinámicas (legales, evitar contacto con el agresor, separación definitiva) y herramientas (como celular disponible y cargado) de protección.