¿Vale la pena saber decir NO?

¿Vale la pena saber decir NO?

Uno de los logros más trascendentales que debe conseguir toda persona en su proceso de maduración y de crecimiento es la asertividad, entendida ésta como la capacidad de diferenciar lo correcto de lo incorrecto y obrar en consecuencia.

Dicho de otra manera, un niño o un joven se va volviendo “grande” no simplemente porque llegue a los 18 años de edad. Realmente está creciendo cuando actúa de acuerdo con unos valores; cuando su comportamiento está regido por unos principios (correcto – incorrecto, justo – injusto, saludable – perjudicial), y no por el “qué dirán”, no por complacer a los amigos, ni porque lo vean o no, lo castiguen o lo premien. Eso es ser asertivos y es lo que definitivamente nos vuelve personas adultas, dueñas de nuestro destino, capaces de tomar decisiones de manera autónoma.

Con mucha frecuencia, los muchachos y muchachas, especialmente en la adolescencia, alegan y exigen que los dejen actuar solos, que “ya son grandes”. Sin embargo, por su mismo desarrollo y por la enorme influencia que en ellos ejercen los amigos y los medios de comunicación, tienen el riesgo real de actuar presionados por ellos. No es gratuito que todas las campañas publicitarias sobre el cigarrillo, las bebidas alcohólicas, la gratificación inmediata y el conseguir todo de una manera fácil, estén dirigidas de manera subliminal o francamente abierta, hacia los adolescentes. Las empresas que hacen esto saben que desde el punto de vista de mercadeo, este grupo es el más vulnerable y por lo tanto son potenciales clientes de sus productos en unos pocos años, es decir, “cuando sean grandes”. El verdadero mensaje es muy claro: “Tú NO puedes fumar, NO puedes tomar licor, NO puedes tener relaciones sexuales por fuera de una relación estable y madura, NO porque eso sea malo o inadecuado, sino porque eres menor de edad. ¡Porque NO eres adulto! Pero cuando cumplas los 18…”

Los ejemplos de los jóvenes que se inician con el cigarrillo, el licor, las relaciones sexuales por “quedar bien” con el grupo, por evitar el ridículo o el rechazo de su “barra” o “gallada” para demostrar que ya “se saben cuidar solos”, son, lamentablemente, harto numerosos. Estos son comportamientos NO asertivos, los que, en muchos casos, generan serios trastornos que en no pocas veces llegan a afectar al joven durante toda su vida. Problemas tan graves como la drogadicción, la conducta delictiva, el tabaquismo, la deserción escolar y el embarazo en adolescentes son el resultado de actuar sin asertividad, de no saber decir NO en el momento adecuado, como una decisión autónoma y ahí sí, de manera madura, como debe actuar una persona con una personalidad adulta.

Entonces: ¿Vale la pena saber decir NO? ¡Por supuesto que SÍ! Que el niño o el joven, respetando las decisiones de los demás, sepa decir NO con firmeza y se sostenga en esa determinación, es una conducta que tendrá una gigantesca influencia en su vida presente y futura. Es más: ¡Es una decisión en la que incluso puede ir la vida!

Ser verdaderamente grandes, adultos, es entonces ser cada vez más asertivos, es saber decir NO en el momento justo, comprendiendo que conductas como estas son las que verdaderamente nos hacen crecer. Lo demás es simplemente cumplir años, lo cual, en general, es muy fácil.

 

Luis Carlos Ochoa Vásquez
Pediatra y Puericultor