Una Navidad distinta… Pero navidad al fin

La celebración de la Navidad tendrá, en este año atípico, características muy especiales dadas las circunstancias sobrevinientes relacionadas con la pandemia que estamos afrontando. Pero lo anterior no debe desembocar en que esta época maravillosa esté impregnada de pesimismo y desesperanza, sino, por el contrario, de un cambio de actitud, donde nuestros mecanismos adaptativos surjan en un contexto resiliente que permita un buen afrontamiento de la incertidumbre, viviendo el día a día y procurando el disfrute responsable nuestro y de quienes nos rodean en el contexto de la vida familiar.

Una comunicación intrafamiliar asertiva y amplia, en donde tengan plena cabida la validación y gestión de las emociones de los diferentes integrantes de la familia, permitirá el alivio de tensiones y la capacidad del disfrute a pesar de las circunstancias. La expresión plena de los afectos, en el contexto de una ausencia física si las condiciones así nos obligan, será un bálsamo alentador que proteja frente a la amenaza de la desesperanza. Es necesario, por ello, tener en cuenta que el sentirnos amados nos fortalece, pues, como así lo afirma el gran filósofo y poeta alemán J. W. von Goethe, ™las personas ven en el mundo lo que llevan en su corazón∫.

No debemos olvidar, que algunas medidas de protección siguen siendo aún absolutamente necesarias para nuestra seguridad, como son, por ejemplo, la limitación en la celebración de reuniones familiares para que estas se efectúen solo en lugares amplios y ventilados y con un número reducido de personas, la utilización permanente de la mascarilla facial, el distanciamiento físico y el lavado constante de las manos. Todo lo anterior, asociado con una actitud vigilante que favorezca una protección creciente y constante frente a la amenaza real del contagio, debe permitirnos el disfrute necesario y posible de la Navidad, un período de tiempo muy evocador y trascendente de nuestra existencia.