Una elección para la realización personal

Por: Nadia Carolina Linares Suárez
Psicóloga y Coordinadora de Convivencia en Areté Educación
Luisa Fernanda Sánchez Urresty
Directora Areté Educación

“El hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir, nunca decide”.

Henri-Frédéric Amiel 

La elección de carrera supone, para muchos jóvenes, un reto y una encrucijada en la que múltiples factores internos y externos salen a relucir y a inclinar la balanza hacia un lado u otro. Aparecen en la mente aspectos como las expectativas personales, familiares y sociales; la influencia de los amigos o los grupos, las habilidades e intereses, entre otros. De igual forma, emergen cuestionamientos como: ¿qué hago?, ¿qué estudio?, ¿dónde?, ¿y si no estudio?, indicando que la decisión ha de ser pensada, rumiada y sustentada. Sin embargo, también es una apuesta, pues nadie puede asegurar que se tendrá éxito en la vida por estudiar la profesión de preferencia, así como tampoco que se fracasará si no se hace una carrera en la universidad. La vocación, entendida como la inclinación y la voluntad de elegir, abarca todo un abanico de posibilidades que van más allá de estudiar una carrera.

Por esta razón, la decisión de qué hacer al terminar la etapa escolar ha de reflexionarse teniendo en cuenta varios elementos, como son: los gustos e intereses, las habilidades personales, el aspecto familiar, y las necesidades sociales en un mundo globalizado. Todo ello enmarcado dentro de la búsqueda de la felicidad, que va íntimamente ligada al desarrollo personal.

Gustos e intereses

Los gustos e intereses de una persona suponen el factor diferenciador a la hora de tomar decisiones. La motivación para conseguir algo hace que los individuos se esfuercen y entreguen a la consecución de una meta. Algo en lo que tiene mucho que ver la inteligencia ejecutiva, que es la encargada de que se direccione el comportamiento en la obtención de objetivos, posibilitando la regulación y el control de las propias emociones, así como el empleo de la información disponible. Y, claro, la toma de decisiones es, en sí misma, una situación problemática en la cual los jóvenes han de elegir una meta y luego diseñar más o menos un plan que los lleve a cumplirla, dejando de lado aquellas cosas que puedan distraerlos.

Muchos jóvenes al terminar su ciclo escolar aún no han definido su futuro profesional, pero sí reconocen qué les gusta y qué no, lo que puede ayudarlos a determinar qué se ven haciendo y qué no. Si a un estudiante, por ejemplo, no le gusta la biología y ver sangre le produce mareo, es probable que su elección no deba dirigirse hacia carreras como la Medicina, Enfermería, Odontología o afines.

Para tomar una decisión acertada, es indispensable que haya una conexión entre lo que se quiere y lo que se hace para conseguirlo. Si una persona tiene interés en estudiar Gastronomía, uno de los pasos a seguir sería el indagar sobre las instituciones que ofrecen ese programa. Es decir, el interés guía el comportamiento. Las universidades ofrecen información relevante sobre sus carreras, a través de charlas y visitas guiadas y hasta con procesos de coaching, para apoyar la reflexión consciente y la toma de decisiones. Incluye el interés, además, aprender a leer la realidad social, lograr identificar lo que pueden brindar a la sociedad y abrirse a las posibilidades.

Las habilidades

Una habilidad se refiere a aquella capacidad o talento que se tiene y con la cual se obtiene un buen desempeño en algo. Requiere por parte de la persona un conocimiento de sí mismo y de lo que se puede llevar a cabo con ese talento. Como lo expone Muller (2003-2004), citado por Julio González Bello en su estudio La orientación profesional en América Latina. Fortalezas, debilidades, amenazas y oportunidades (2008), “orientar busca desalienar al sujeto, ayudarle a tomar conciencia de sí mismo como actor, ampliar sus márgenes de autonomía, y comprometerse en proyectos de cambio”.

La escuela tiene un gran alcance sobre este asunto, pues debe contribuir al ejercicio de verse en el espejo de manera crítica y justa. Para ello, los colegios pueden valerse de programas de orientación vocacional, pruebas psicológicas, convenios con entidades, etc. Además, si el proceso es particular, existen en el mercado organizaciones y centros de educación superior que brindan asesoría y acompañamiento en ese proceso de elección.

El conocimiento de sí mismo y, más aún, la conciencia de los propios talentos brinda luces acerca de lo que se puede hacer con la vida. Para ayudar en la guía, también los padres, como adultos protectores y acompañantes, han de proveer elementos de juicio a sus hijos, haciendo procesos de retroalimentación respecto a lo que ellos evidencian en el estudiante. No son pocos a los que se les dificulta el autoanálisis, así que una mano confiable puede contribuir.

La familia

Como ya se ha esbozado, la familia tiene un rol crucial en la orientación, pues, a pesar de lo independientes que parezcan ser los jóvenes de hoy, lo que piensan y quieren los padres aún tiene un peso importante. Además, porque son principalmente ellos quienes pagan el estudio de sus hijos. Al dialogar con algunos alumnos, se escuchan comentarios como: “no… mi papá me mata si estudio eso”. Si bien es cierto que la decisión es personal, el apoyo familiar hace más fácil la elección, y, más aún, si la comunicación entre los miembros del sistema es fluida y cercana.

Hay jóvenes que, lastimosamente, toman decisiones por llevarles la contraria a sus padres, ya que no tienen una buena relación con ellos. El diálogo constante acerca de diferentes aspectos de la vida, así como el mantenimiento de una relación cercana, hace que los jóvenes puedan comunicar más fácilmente sus pensamientos, miedos e inquietudes, sin que sientan que los van a juzgar o les van a imponer su punto de vista. Los padres, como adultos formadores y protectores, pueden compartir sus propias experiencias (pues ya han pasado por ese momento crucial de la vida), expresar opiniones y, por supuesto, y más importante aún, ofrecerles su apoyo. Si el joven siente que tiene un soporte en su familia, su miedo va a tender a disminuir y la elección se llevará a cabo sin tanta presión.

La sociedad

No menos importante que los aspectos anteriormente expuestos, la sociedad aparece como una arista con una alta cuota en la elección de carrera por parte de un joven.

El mundo es ahora globalizado, con menos barreras a donde ir, con más posibilidades de dónde escoger, a la vez que es un mundo constantemente cambiante y difícil de digerir por la rapidez de sus procesos. Muchas vertientes habría que tener en cuenta: las necesidades de un planeta hiperpoblado, los efectos de la contaminación ambiental, el pensamiento poco equilibrado del consumismo, el aumento de trastornos como la ansiedad y la depresión, que, según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de este año, son condiciones que sufren alrededor de 300 millones de personas en el mundo. Claro está, que también hay factores positivos para tener presente: los movimientos sociales, ambientales y políticos propios de los jóvenes, el surgimiento de nuevas carreras, así como las posibilidades artísticas y deportivas como respuesta a un modo de vida, etc.

Es decir, hay todo un abanico de probabilidades de desarrollo y crecimiento, pero, a la vez, muchas posibilidades que hacen difícil una elección sensata. Esto, además, sumado a la influencia que tienen los amigos o los más cercanos (no el núcleo familiar) en las decisiones de los jóvenes.

Pareciera un laberinto, pero, afortunadamente, con salida si se llevan a cabo por parte de los actores involucrados las acciones pertinentes; esto, obviamente, poniendo en primer lugar al estudiante como protagonista y coconstructor de su propio destino. Como así lo expresa González Bello (2008) al referirse a las oportunidades de la orientación que tiene el profesional en América Latina en el que hay un “surgimiento de nuevos escenarios sociales que requieren el accionar de nuevas concepciones y desempeños profesionales”. Es decir, afuera hay miles de oportunidades esperando que alguien las lleve a la acción.

Para tener en cuenta

  • Los colegios han de realizar con los cursos superiores, actividades o procesos de orientación que les ayudarán a los jóvenes en la toma de decisiones. Si esto no ocurre, usted puede hacer la solicitud de estas.
  • Usted puede buscar información directamente en las universidades, ya que estas ofrecen distintas actividades para ayudarles a los jóvenes a elegir su carrera. La Universidad Javeriana, por ejemplo, tiene el programa Contacto, con todo un portafolio de servicios como coaching vocacional, visitas guiadas a la universidad, eventos por áreas del conocimiento, visita a colegios, entre otros. Puede comunicarse con la oficina de promoción institucional al PBX: 3208320 ext. 2056 o buscar información en la página: www.javeriana.edu.co. Allí seguro encontrará una guía apropiada y un acompañamiento acorde con sus necesidades.
  • Mantenga una comunicación abierta con el joven y evite descalificar las opciones que esté considerando. Hay alternativas diferentes a la carrera profesional.
  • Haga con él una lista de gustos e intereses y establezca la relación con los posibles procesos de formación (técnicos, tecnológicos y profesionales). Busque instituciones educativas que ofrezcan los programas seleccionados y visítelos.
  • Una vez identificados los gustos e intereses principales, realice actividades relacionadas con dicha selección. Por ejemplo, si hay interés en el área de la salud, programe una visita al Museo del Hombre de la Universidad Nacional o establezca algún contacto con un profesional de la salud para acompañarlo en uno de sus procedimientos; esto es de gran ayuda para que el joven pueda medir el grado de tolerancia que tiene frente a las diversas manifestaciones del cuerpo humano y su disposición de servicio a la comunidad. Si el interés va por el lado de las artes y las humanidades, las actividades más recomendadas son las exposiciones de arte, las visitas a museos, los conciertos, las conferencias sobre temas de actualidad política o literatura, y, si es posible, busque hacer una comunicación directa con un artista, un periodista o un escritor, solo por poner un ejemplo.
  • A partir de la lista de intereses identificados, constituya los motivos que llevarían al joven a escoger dicha actividad. Por ejemplo, si la elección es en el campo de las ingenierías o la administración, pídale que responda estas preguntas: ¿Cuál podría ser tu campo de acción?, ¿cuánto crees que podrías percibir de salario?, ¿te gustaría ejercer de manera independiente o como empleado?, ¿qué posibilidades de trabajo hay dentro y fuera de Colombia?, ¿tu familia puede asumir los costos del programa?, ¿qué opciones de ayudas económicas existen para financiar tus estudios?
  • Contemple mínimo dos opciones a la hora de estudiar los escenarios de elección. Es posible que en el recorrido se descarte la primera posibilidad y se confirme o se descubran nuevos intereses o limitaciones.
  • Finalmente, recuerde no ejercer ningún tipo de presión en la toma de decisiones de su hijo. Ofrecerle un acompañamiento para aclarar sus dudas y aterrizar los sueños será el mejor apoyo para que el joven estudiante tome decisiones en un ambiente de seguridad y confianza.
  • No hay un único modelo de éxito ni un solo camino para alcanzar los sueños. El éxito y los caminos para conseguirlos son tan variados, como personas hay en el mundo. El reto está en identificar lo que le gusta y encontrar la opción más apropiada para convertirla en un proyecto de vida.

Referencias

Depresión. Disponible en: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/depression

González, J. (2008). La orientación profesional en América Latina: fortalezas, debilidades, amenazas y oportunidades. En Revista Mexicana de Orientación Educativa.