Un hogar estable: necesidad y derecho de los niños

Por: Luis Carlos Ochoa Vásquez
Pediatra puericultor – Universidad de Antioquia
Profesor titular UPB y CES

Con una frecuencia cada vez mayor se ven niños que carecen de un hogar fijo, que pasan unos días en una casa y, luego, sin ninguna programación, amanecen en otros sitios. Van al mismo jardín o colegio todos los días, pero, dependiendo de sus cuidadores, cuando acaban su jornada escolar no tienen certeza sobre a cuál sitio llegarán, dónde jugarán, harán las tareas o dormirán ese y los siguientes días.
Esto es diferente a la situación de aquel niño que al salir del jardín o de la escuela lo recoge un familiar que lo cuida mientras regresan sus padres para llevarlo con ellos a su casa. En este caso, el niño siente y vive que su estadía en otro sitio es provisional, pero es algo planeado y que siempre, o casi siempre, al final de la jornada estará siempre en su casa, en su habitación, en su cama, con su familia nuclear.
Esa situación del niño errabundo, del que tiene varias casas, pero ninguna es estable o fija, tiene el riesgo potencial de convertirse en un factor negativo en su desarrollo, especialmente desde el punto de vista de interferir seriamente con la necesidad de privacidad, de intimidad, de construir un sentido de pertenencia, de llevar a cabo un sano proceso de socialización, de diferenciar lo privado de lo público, o lo propio de lo ajeno. Para comprender mejor esta situación, les explicaremos a continuación algunos términos:

Necesidades en los primeros años de la niñez
Estas necesidades son muchas, pero, para lo que nos ocupa, se puede afirmar, de acuerdo con el neuropediatra español Antoni Camino Taboada, que todo niño tiene, entre otras, las siguientes necesidades que todo cuidador debe proporcionarle:

  • Necesidad de construir y mantener un vínculo afectivo estable con su cuidador. Esa necesaria estabilidad debiera estar dada por pocas figuras significativas, pero que lo acompañen de manera afectuosa, inteligente y respetuosa en su crecimiento y desarrollo. Si se dan muchos cuidadores en el tiempo, de manera irregular y sin un vínculo de calidad, se puede afectar notoriamente la autoestima.
  • Necesidad de promover el proceso de individuación y separación. Para lograr la individuación se necesita de un espacio íntimo, del sentido de propiedad de unos objetos (mi cobija, mi taza, mi peluche, mi puesto en el comedor, mi cama, etc.), del manejo, familiaridad y dominio de un espacio, y de momentos de privacidad.
  • Necesidad de construir su proceso de socialización, de convivir con los demás, de acatar normas, de respetar la diferencia. Este grupo de necesidades depende en buena medida del proceso de individuación, de sentirse como persona, como sujeto que piensa y siente diferente a su madre o cuidador.
  • Necesidad de fomentar, además de su inteligencia cognitiva, su inteligencia emocional. Para gestionar sus emociones y manifestar sus sentimientos se requieren espacios y momentos íntimos, además de cuidadores maduros y estables, así como de situaciones de privacidad que favorezcan este esencial elemento de su personalidad.

La privacidad
Este concepto tiene dos significados, ambos necesarios en el desarrollo del niño y en la vida diaria de toda persona. Por un lado, se refiere al hecho de estar solo, alejado físicamente de otras personas, lo que hace relación a la necesidad de tener momentos de reflexión, de encuentro consigo mismo. Cuando el niño sabe que cuenta con su casa, con su cuarto, con su espacio íntimo puede gestionar mejor las situaciones de interacciones con los demás: el deseo de estar solo, de estar solamente con su mejor amigo, con su papá, con su hermano, su peluche, etc.
De otra parte, cuando la privacidad se relaciona con el grupo (familia, pareja, amigo), se habla de intimidad. Todas estas situaciones se pueden ver impedidas o limitadas si el niño no cuenta con ese espacio, con ese modo de privacidad de manera cotidiana, es decir, todos los días.
Pero la privacidad también hace referencia a la gestión, a la regulación de la información de hechos y situaciones. No todo lo que pasa, todo lo que siente o piensa el niño se le cuenta a todo el mundo, ni por parte de él ni por parte de sus cuidadores.
A ningún niño le gusta que su madre le cuente a otros que todavía se moja en la cama, o que obtuvo una mala nota en el colegio, o que de noche se pasa a la cama de los papás. Estas y otras situaciones similares avergonzarían a la mayoría de las personas, y, con mayor razón, en la etapa de la niñez. Esta cara de la privacidad se denomina también reserva: cada niño se reserva el derecho de decidir qué cuenta y qué no, lo cual está en relación estrecha con el sentimiento de la vergüenza.
En cualquiera de sus definiciones es claro que la privacidad, situación en la que la gente no puede acceder a lo que alguien hace o dice, es un derecho de toda persona y una necesidad del niño para la construcción de las metas de desarrollo humano, integral y diverso. Es claro, entonces, que todo lo que impida o limite la privacidad puede llegar a interferir con el desarrollo integral del niño y, como afirma el pediatra puericultor Álvaro Posada Díaz, todo lo que entorpezca el desarrollo del niño puede considerarse una forma de maltrato.

El espacio privado
Es aquel espacio en el que una persona o grupo puede establecer una regulación planeada de su interacción con los demás. Se define entonces quién puede estar en ese espacio, en qué momento, por cuánto tiempo, etc. Una oficina privada, un consultorio, un vehículo particular, un auditorio son ejemplos de espacios privados: no todo el mundo puede acceder a ellos todo el tiempo ni a cualquier hora.
Sin embargo, el espacio privado por excelencia es la propia casa, el hogar. Es el sitio más fácilmente manejable desde el punto de vista de la privacidad: muchas personas pueden llegar hasta la sala o el recibo, pero muy pocas podrán entrar hasta el dormitorio o la cocina, por ejemplo. La casa cuenta con sitios de menos privacidad, así como otros de máxima, de espacios íntimos, necesarios todos para el desarrollo armónico de la dinámica familiar.

Territorialidad
Es otro concepto estrechamente ligado a la privacidad. Es el mecanismo para conseguir cierto nivel de esta, pero con la inclusión de la posesión u ocupación de un lugar, de un espacio, por parte de un individuo o un grupo. Dicho de otra manera, se logra privacidad si se cuenta con un espacio. Así, el niño puede ejercer su derecho a la privacidad si tiene un lugar que puede ser su dormitorio, un cajón del clóset, un rincón, una pared, una caja con sus pertenencias…
Dentro de la territorialidad se habla de territorios primarios, que son aquellos en los que la persona tiene el control permanente y exclusivo. Desde el punto de vista de la crianza, para el niño es de la mayor importancia contar con estos territorios, pues le dan identidad, sentido de pertenencia, además de que le ayudan a diferenciar lo público de lo privado, y a aprender sobre el respeto de lo ajeno, y el cuidado de sí mismo y de sus pertenencias.

Espacio personal
Se trata de un área invisible que rodea a toda persona, esto es, la distancia física que se mantiene entre dos personas que interactúan. Ese espacio personal está en relación estrecha con la privacidad. Así, se habla de una distancia íntima como aquella en la que se expresan sentimientos intensos como ternura, amor y consuelo. Luego está la distancia personal, social y pública, lo que significa que, a mayor distancia, menos intimidad. Es evidente, entonces, la relación entre privacidad, intimidad, territorialidad y espacio personal.

El sentido de pertenencia
Una muy buena definición es el agrado que una persona siente al ser consciente de integrar un grupo, lo cual empieza a darse en la familia, en el hogar, cuando cuenta con el aprecio de sus miembros y con los espacios y momentos para sentirse con una identidad propia, lo que le da seguridad y satisfacción de pertenecer a ese grupo, además de que es un estímulo para acatar las normas de convivencia.
Por otra parte, lo contrario al sentido de pertenencia es el sentirse excluido, cuando las condiciones del entorno no facilitan la identificación con una familia o un grupo. Es el riesgo que corre un niño que cambia constantemente de hogar, de cuidadores, lo que puede llevarlo a sentirse inseguro, desinteresado, desmotivado y, más adelante, con dificultades en establecer relaciones con los demás.

Rutinas y hábitos
Las rutinas y hábitos son elementos esenciales de la crianza, en relación directa con la privacidad e intimidad. En la vida diaria es necesario que el niño tenga rutinas, esto es, aquellas acciones que se hacen siempre en un mismo sitio, a una hora determinada y bajo condiciones similares, lo que le da estabilidad, identidad, equilibrio y bienestar emocional.
Por el contrario, la falta de rutinas, en otras palabras, el someter al niño de manera reiterada a cambios en su ambiente o de sus cuidadores, es decir, la falta de privacidad, puede generarle estrés tóxico, lo que altera su manera de gestionar las emociones y de regular la ansiedad, lo cual, a su vez, significa un mayor riesgo de enfermedades crónicas en la vida adulta, como obesidad, hipertensión, diabetes, entre otras.

Recomendaciones
No hay ninguna duda sobre la necesidad y el derecho de todo niño a tener privacidad, su territorio, su espacio íntimo. De igual manera, tiene el derecho a ser criado en un ambiente en el que se puedan aplicar rutinas que lo llevarán a adquirir hábitos saludables que lo acompañarán por el resto de su vida. Cuando, por alguna razón, el niño debe estar en sitios diferentes durante un día o en varias ocasiones en la semana (en su propia casa, donde un familiar, una vecina), es válido que los padres tengan en cuenta las siguientes recomendaciones a seguir, tanto con los niños como con las niñas:

  • Que a los niños les quede claro siempre que tienen su casa, su espacio.
  • Que al final del día, de la jornada escolar, de la semana, sepan que siempre volverán a su hogar, a su “nido”.
  • Que, si de manera prolongada deben estar todos los días en un segundo hogar, que allí se les garantice su espacio para guardar sus objetos personales, el mismo sitio para comer, estudiar, hacer la siesta, etc. En otras palabras, que se les brinden las condiciones para adquirir allí también, igual que en su casa, el sentido de pertenencia.
  • Que los eventos familiares fundamentales, como, por ejemplo, cumpleaños, primera comunión, Navidad… ocurran en su propia casa.

Conclusión
La privacidad es un derecho de todos los niños, así como una necesidad para conseguir un crecimiento y desarrollo óptimos. Al respecto, el artículo 16 de la Convención sobre los Derechos del Niño, de noviembre de 1989, dice: “ningún niño será objeto de injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques ilegales a su honra y a su reputación. El niño tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias”.
De manera más específica, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), en su página de España Ciudades Amigas de la Infancia, menciona los derechos mínimos de los niños sobre el entorno físico más inmediato (la vivienda, el barrio, la escuela), ya que dicho entorno condicionará su desarrollo. Entre estos derechos cita los siguientes:

  • Influir sobre las decisiones que se tomen en su localidad.
  • Expresar su opinión sobre la localidad que quieren.
  • Pasear seguro en las calles de las ciudades en que viven.
  • Encontrarse con sus amigos y jugar.
  • Tener espacios verdes para plantas y animales.
  • Vivir en un medioambiente no contaminado.