Un espacio para el cuento

La Guacharaca de Francisco

“Francisco el Hombre” había nacido en un pequeño caserío cerca de Riohacha en la Guajira. Le decían “el Hombre” pues era el único hombre que jamás había vencido a la oscuridad.

En la soledad del valle, le coqueteaba a la luna con sus melodías. Cada día al llegar la noche hacía brillar a las estrellas y sonrojar a la luna mientras tocaba su acordeón y cantaba:

Ruge como el león

La voz del acordeón

El canto del Valle

Nato en cada calle

Una noche la oscuridad lo escuchó tocar y no pudo evitar llenarse de ira al sentir que la música de un hombre le robaba el amor de la luna. Invadida por la rabia decidió retar a Francisco a un duelo de acordeón. Si el guajiro ganaba la batalla, recibiría para acompañar su canto:

Un ave tan amante de la noche como la luna

Un ave de plumas negras y rojas como el fuego

Un ave llamada por el sonido de su voz: Guacharaca

Sin dudar un segundo de su fiel acordeón, Francisco empezó a tocar versos tan mágicos como la luz de la luna. La oscuridad quedó tan maravillada que no tuvo otra opción que regalarle su Guacharaca al guajiro.

Desde ese día esta ave ha llevado con el acordeón los frutos del Vallenato

Desde llanuras, montañas y cuevas hasta los bosques de cada mandato.

María Paula Mesiel Giraldo