Un compromiso histórico

editorial
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Los tiempos que corren en nuestro país nos enfrentan con nuevas realidades, como el posacuerdo de paz y las profundas implicaciones que conlleva en la vida de los niños y adolescentes colombianos.

Con gran preocupación se ha afirmado que “los niños son los primeros en padecer la guerra y los últimos en disfrutar la paz”. Nuestras acciones como responsables y acompañantes inteligentes y amorosos del proceso de crianza deben estar dirigidas en los momentos actuales a desvirtuar en la realidad la afirmación descrita. Uno de los baluartes de este empeño tiene que ver con un discurso de crianza coherente, justo y asertivo, que enfatice en la relación con los niños y adolescentes en elementos determinantes para aprender a vivir juntos, como son la justicia, la tolerancia y la capacidad para la resolución pacífica de los conflictos, en el contexto de una cultura de la no violencia en las relaciones interhumanas.

Recientemente, el reconocido experto en estas temáticas, Boris Cyrulnik, manifestó que, en el caso específico de nuestro país, serán necesarias aproximadamente tres generaciones de ciudadanos para resarcir en su totalidad las secuelas de la guerra y vislumbrar un presente y un futuro en el disfrute pleno de la paz.

De lo anterior podemos deducir la gran responsabilidad que tenemos como adultos acompañantes y cuidadores de la niñez, para que se instauren en estos sujetos de crianza los elementos constitutivos de un proyecto de vida amoroso y gratificante, que sirva de ejemplo para las siguientes generaciones, de acuerdo con la sabia reflexión del sociólogo Karl Mannheim cuando asevera que “lo que se hace a los niños, los niños harán a la sociedad”.

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