Tejiendo identidad

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Yo soy…

En el mundo no hay nadie como yo

Hay personas que se me parecen, que reconozco,

pero nadie es igual a mí…

                                             (Virginia Satir)

La identidad es entendida como una versión privada que la propia persona hace sobre el conjunto de características personales que mejor la definen; es la vivencia que cada persona tiene de sí misma, en la cual se experimentan la continuidad y la uniformidad. Lo más distintivo de la identidad es la diferenciación y la singularidad, la percepción de sí mismo como algo distinto y separado de los demás, aunque comparta con ellos los mismos valores e intereses.

La identidad es el concepto más importante que hay en la comprensión del ser humano, puesto que es su esencia, pero esta no es una meta o un logro del desarrollo del ser humano como se ha planteado clásicamente desde distintas disciplinas que estudian la conducta humana: la identidad es un elemento constitutivo del ser humano.

Del encuentro singular entre los dos mundos que definen la concepción de un ser humano solo puede resultar alguien único. Con la unión de los gametos sexuales, la combinación cromosómica que se da es también irrepetible y lo anterior se demuestra en que el recién nacido tiene una identificación a prueba de cualquier intento de copia: sus huellas plantares. Es así como se nace con una identidad biológica que se combina con una identidad social, mental y cultural.

Hay dos elementos fundamentales de la identidad del ser humano: los individuales y los sociales, que interactúan constantemente produciendo cambios en ella, pero conservando al mismo tiempo su esencia. Las características biológicas de las personas generan respuestas sociales acordes con las mismas, de tal forma que si un extraño alza a un niño y le dice algo relacionado con su cuerpo, por ejemplo, que niño tal lindo, este estímulo se refleja como un espejo en el menor y se modifica así su percepción de identidad.

Al mismo tiempo, los relatos, expectativas e ideas que los otros tienen y hacen sobre cada persona modifican según las características individuales los procesos de identidad; de ahí la fuerza que tienen los adultos significativos en el condicionamiento y modificación de la identidad de niños y adolescentes.

La identidad de los niños y adolescentes cambia según las características mentales, corporales y sociales que les son constitutivas en cada una de las etapas de su desarrollo, de tal forma que la identidad y los elementos de mayor relevancia en su constitución son muy diferentes para un niño de cuatro años que para otro de ocho o para un adolescente de quince. Entre los elementos constitutivos individuales de la identidad sobresalen la corporalidad y los dispositivos mentales y psíquicos.

Los cambios corporales asociados con el fenómeno de la pubertad movilizan cambios significativos en la identidad de la imagen corporal y la sexualidad.

El gran cambio en los dispositivos de pensamiento en la adolescencia genera un significativo proceso de auto-reflexión sobre la identidad, proceso que ha sido descrito como la gran crisis de la adolescencia: la crisis de identidad. El adolescente se pregunta ¿quién soy?, ¿para dónde voy?, ¿de dónde vengo?, ¿qué función cumplo en la sociedad? Para poder llevar a cabo lo anterior necesita tiempo, espacio y períodos de aislamiento.

Con los cambios en las capacidades mentales asociadas con la abstracción surgen dos fenómenos trascendentales como cambio de la identidad en esta época de la vida: la posibilidad de soñar con un mundo diferente y la habilidad de construir mejor sus relatos, de tal manera que el adolescente disfruta hablando de sí mismo, contando su historia y sus anécdotas, lo que posibilita estructurar el hilo conductor de su identidad.

Este es un proceso de socialización activo y permanente que requiere pares para la formación de mundos colectivos singulares, que producen procesos de identidad grupales tan importantes como plataforma previa a la consolidación de las identidades individuales de los adolescentes.

Para ser yo tengo que pertenecer, pero no pertenecer demasiado porque dejo de ser yo: esta es la trampa que plantea el proceso de identificación que se da en un contexto difícil de balancear, el del sentido grupal y el del sentido individual.

La preponderancia del fenómeno de identidad grupal es una de las razones explicativas de la aparición de las distintas culturas juveniles. Muchos de estos grupos funcionan como escuelas de consolidación de la identidad, y representan con frecuencia, al mismo tiempo, un refugio para adolescentes con estructuras del yo débiles incluyendo sus procesos de identidad.

Una comprensión social sana del adolescente requiere asumir lo que él es, es decir entender y aceptar los elementos constitutivos de su identidad. Comprender al adolescente y la adolescencia y sus realidades es una tarea fundamental, que implica romper muchas ideas falsas sobre esta época de la vida y establecer expectativas, acompañamientos, soportes y exigencias acordes con las capacidades y, sobre todo, con sus necesidades.

Recomendaciones

  • Reflexionen sobre su hijo adolescente, preguntándose cuál o cuáles de las cosas que ustedes piensan le pertenecen a él (trate de hacerlo con verificación) y cuál o cuáles pertenecen a lo que ustedes quieren, han imaginado o desean
  • Sean conscientes de los cambios que su hijo ha tenido a través de toda su vida, en sus distintas edades, como una manera de acercase a su identidad
  • Analicen las características que definen a su familia (rasgos físicos, emocionales, comportamentales, costumbres, hábitos, etcétera), describiendo cuáles características de aquellas comparte su hijo y cuáles le son diferentes, como un modo de entender la identidad de su hijo
  • Reflexionen y discutan sobre la conducta grupal de los adolescentes, los amigos y los grupos a los que pertenece su hijo
  • Reflexionen sobre lo que piensan y dicen ustedes del cuerpo de su hijo
  • Respeten los espacios de su hijo adolescente, permitiendo que se aleje de ustedes y que con frecuencia esté solo o con sus amigos
  • Acepten a su hijo adolescente con la esencia de lo que él quiera ser

Miguel Barrios Acosta

Pediatra puericultor

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