Sueño infantil y cultura

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Los seres humanos pasan durmiendo una tercera parte de la vida. La cultura, la costumbre y las tradiciones recibidas de las generaciones anteriores determinan cómo dormimos, con quién y dónde. Durante la mayor parte de la historia humana, los niños durmieron con su madre o quizás con ambos padres. Hace cien mil años nuestros remotos antepasados vivían en pequeños grupos que subsistían cazando y recolectando; estas agrupaciones en sus albergues temporarios no tenían dormitorios separados para padres e hijos. Hace solo 200 años que algunas culturas empezaron a construir viviendas con más de un cuarto; aun hoy es rara esa intimidad para el descanso, como no sea en las sociedades más ricas. En la actualidad, la mayoría de los habitantes del mundo vive aún en albergues de un solo cuarto, donde se llevan a cabo todas las actividades, ya sea durante la vigilia o mientras se duerme.

El primer paso para hablar de sueño en la infancia es entender que este es un proceso madurativo que se modifica con el desarrollo, no es uniforme, sino que va cambiando desde el inicio de los patrones de sueño fetal alrededor de las doce semanas de gestación hasta los patrones de sueño adulto y se ve influido por la manera de adaptación del niño al medio que lo rodea, sumado a la creciente maduración cerebral y al aprendizaje de las rutinas familiares

Los problemas del sueño son frecuentes en la infancia; se presentan en el 20 a 30% de los niños y en muchas ocasiones pueden ser señal de trastornos emocionales, de interacción o familiares, e inevitablemente se convierten en fuente de tensión, angustia e insomnio para los padres y de dificultades de comportamiento o aprendizaje para el niño.

 

Paula Andrea Henao Mejía
Pediatra puericultora

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