Solidaridad, felicidad y salud en la formación para la paz

El Grupo de Puericultura de la Universidad de Antioquia tiene como propósito contribuir a la formación de una nueva generación de ciudadanos por la paz, la democracia y el desarrollo humano mediante el acompañamiento inteligente y afectuoso a la niñez y adolescencia durante su proceso vital, con base en la satisfacción de sus necesidades y la garantía de sus derechos.

Como propuesta primordial del Grupo está la construcción y reconstrucción cotidiana de las metas del desarrollo humano integral y diverso: autoestima, autonomía, creatividad, felicidad, solidaridad y salud para tejer resiliencia (entendida, esta última, como la capacidad de afrontar exitosamente los problemas, superarlos y avanzar en el desarrollo).

El discurso Crianza humanizada, planteado por el Grupo de Puericultura de la Universidad de Antioquia, toma como elemento fundamental el acompañamiento para fomentar el desarrollo humano integral y diverso en sus ocho dimensiones: corporal, afectiva, lingüístico-comunicativa, cognitiva, ético-moral,estética, trascendenteo espiritual, y sociopolítica. Igualmente, impulsa la democracia, al procurarpor una ciudadanía participativa, reflexiva, incluyente y equitativa que forme ciudadanos empáticos, esto es, sentipensantes en los demás (en la otredad).

El asunto de la paz, trazado como propósito desde el inicio del Grupo hace tres décadas, sigue siendo de gran actualidad, con el anhelo de la ciudadanía por la finalización de la guerra y la construcción de una paz estable y duradera.

Juan Fernando Gómez Ramírez, pediatra puericultor y coordinador del Grupo, en su artículo Crianza y cultura de paz (Crianza & Saludaño 17, número 1) propone “la tolerancia, la bondad y la empatía como bastiones de la paz, en el contexto de una crianza humanizada y humanizante”, los cuales son aspectos magistralmente sustentados en su artículo. Además, es necesario, para una visión integral de la paz, considerar la solidaridad, la felicidad y la salud, tres de las metas propuestas como primordiales en el proceso formativo del ser humano, para la construcción de la paz individual y colectiva.

Solidaridad

Es la acción de dar sin recibir nada a cambio. Es un sentimiento que impulsa al ser humano a brindar ayuda; es adhesión, concordia, fraternidad. Es lo mejor del ser humano al servicio de los demás, como fundamento de la sociedad civil. Es el paso del yo al nosotros.

Al nacer y empezar a vivir fuera del vientre materno, no solo se requiere de la familia, sino también de toda la comunidad. Con razón reza el proverbio hindú: “Para educar a un niño se requiere el concurso de toda la tribu”.

El afecto, la alimentación, el abrigo y la protección contra cualquier daño o lesión hacen parte de la resolución de las necesidades básicas que requieren satisfacer necesariamente el recién nacido y el lactante. Al resolverlas adecuadamente durante los dos primeros años se construye laconfianza básica, que marcará las pautas de las relaciones con los demás para el resto de la vida.

En la interacción con las demás personas, al captar sus emociones e interpretar sus pensamientos, se va estructurando la empatía, indispensable como base de la solidaridad.

No se nace solidario, la solidaridad se aprende más por observación que por prescripción: percibir en los demás sus acciones solidarias es la primera fuente en que se bebe, sorbo a sorbo, el nutritivo elíxir de la vida en comunidad, de comunión con los otros, de deseos y objetivos comunes. En esta forma se establece la primacía del nosotros sobre el yo.

Así, la solidaridad es una meta que se puede interpretar como la toma de conciencia de las necesidades de los demás y el deseo de contribuir y de colaborar para su satisfacción. Se trata de un valor que hay que fomentar tanto en la familia como en la escuela, así como en otros ámbitos sociales. Por su parte, la paz es un estado de concordia y acuerdo consigo mismo y con los miembros del grupo en que se vive, es sosiego. Ambas, solidaridad y paz, tienen una íntima relación causal de la primera con la segunda.

Por su parte, la felicidad y la salud dan un soporte y brindan un terreno abonado para la paz.

Felicidad

Según el filósofo griego Aristóteles, es “la satisfacción con lo que se es y con lo que se hace, no solo con lo que se tiene”. Es complacencia, dicha, ventura y bonanza. Es una forma de viajar por la vida.

Igual que la solidaridad, la felicidad se aprende, se construye y reconstruye cada día; lo que supone un esfuerzo familiar, escolar y social por brindar seguridad física y afectiva, nutricional y lúdica desde la niñez, que continuadas durante la adultez, con el mantenimiento de una buena calidad de vida, serán soporte de complacencia y dicha. Generalmente, un adulto feliz tiene como base una niñez feliz, lo que implica un compromiso ético con la infancia.

La felicidad tiene una relación directa con la solidaridad. Encuestas y estudios de seguimiento por décadas han mostrado que las interrelaciones humanas solidarias son fuente de salud y felicidad. Josep María Serra, psicólogo, profesor e investigador español, dice que “la solidaridad nos hace más felices, desde el altruismo”. Así mismo, la psicóloga estadounidense Emma Seppälä afirma que: “La felicidad no reside tanto en el tener o en mejorar el estatus social y laboral, sino en dar”.

En relación con la paz, “la felicidad es más paz interior que alegría”, dice Jorge Bucay, médico y psicodramaturgo argentino, quien también afirma que: “La felicidad no se parece a la risa, no tiene tanto que ver con llegar a algún lugar, sino con seguir el rumbo que da sentido a nuestra vida. Somos responsables de nuestra felicidad”. Tener felicidad-paz es el transcurrir, con satisfacción y serenidad, ante las dificultades de la vida. Es una forma de vivir asumida por uno mismo, no por los demás.

Salud

Es bienestar, es el pleno ejercicio del proceso vital humano, es el buen vivir, es sentirse bien, es la capacidad de adaptación a los retos de la vida. Todas son definiciones que se han dado por diferentes autores y corrientes de pensamiento. Pero, para tener salud realmente se requiere de un componente subjetivo y otro objetivo, no solo de la sensación personal de sentirse bien, sino también de las condiciones biopsicosociales, medibles en alguna forma, que den cuenta de una capacidad de adaptabilidad o normalidad que algunos han llamado buena calidad de vida.

Por lo tanto, la salud no solo debe ser considerada desde el punto de vista biológico, sino también psicológico y social, así como individual y colectivo.

La salud, igual que las demás metas del desarrollo humano integral y diverso planteadas por el Grupo de Puericultura de la Universidad de Antioquia, se construye y reconstruye en la cotidianidad, lo que requiere un constante aporte personal y grupal durante todo el proceso vital humano, desde la concepción hasta la muerte.

La solidaridad y la felicidad indudablemente contribuyen al mantenimiento o recuperación de la salud como elementos favorecedores de ese estado de bienestar o del buen vivir que es deseable para todos los seres humanos.

Pero la salud tiene unos prerrequisitos que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha planteado. Son ellos: la paz, la educación, la vivienda, la alimentación, la renta (ingreso económico), un ecosistema estable, la justicia social y la equidad. Todos se deben tener muy en cuenta para disponer de salud individual y colectiva.

La OMS traza unas estrategias de trabajo así: políticas públicas saludables, ambientes favorables, reorientación de los servicios de salud, estilos de vida saludable, comunicación, educación para la salud, participación comunitaria y trabajo intersectorial integral e integrado. Estrategias todas que favorecen la construcción y reconstrucción de la salud.

Es claro, pues, que solidaridad, felicidad y salud son tres metas constituyentes fundamentales del desarrollo humano integral que estimulan el impulsode las potencialidades personales y sociales y que favorecen la vida en democracia para un mayor disfrute de las relaciones interhumanas.

¿Y la formación para la paz qué?

La niñez es uno de los grupos poblacionales más afectados por el conflicto armado colombiano. Después de los acuerdos de paz con las FARC y de afrontar por más de medio siglola lucha armada, adquiere mayor relevancia en nuestro país la formación para la paz. Y la mejor forma de tener una paz estable y duradera es justamente acompañando la niñez durante su proceso formativo inicial, muy especialmente durante la primera infancia, período en que se estructura la personalidad del ser humano para continuar brindándole su orientación y apoyo hasta la adolescencia, con el fin de consolidar este proceso formativo inicial.

La familia, las instituciones educativas y la sociedad en general deben asumir este reto de la formación ciudadana para la paz, es decir, para vivir en armonía consigo mismo, con los demás y con el ambiente. Para ello, se requiere la adquisición de valores, actitudes, comportamientos y habilidades durante la niñez.

Recomendaciones

Ante la situación tan compleja de desarmonía, intolerancia y violencia que se vive en el país y atendiendo las recomendaciones de la Unesco y su equipo dirigido por el político francés Jacques Delors en el libro La educación encierra un tesoro, en alusión a aprender a vivir juntos, así como al mandato de la Constitución Política de Colombia que, en su artículo 22, dice que: “La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”, el Grupo de Puericultura de la Universidad de Antioquia, como contribución a este proceso de formación ciudadana, hace las siguientes recomendaciones:

  • Estimular el desarrollo humano integral y diverso en la niñez y la adolescencia, especialmente en su dimensión sociopolítica (formación ciudadana).
  • Fomentar la consideración y respeto a las diferentes formas de sentir, pensar y hacer de los demás.
  • Promover en nuestros niños y adolescentes una inclinación natural a hacer el bien, esto es, acompañarlos a aprender a ser bondadosos.
  • Apoyar el proceso de sentir y entender las emociones y pensamientos de los otros y la disponibilidad en involucrarse favorablemente.
  • Impulsar, durante el proceso formativo, la primacía del bien colectivo sobre el bien individual, el nosotros sobre el yo, mediante la participación en construir comunidad.
  • Brindar afecto y acompañamiento para el ser y el hacer, más que para el tener, como forma de disfrutar del ejercicio del proceso vital humano.
  • Facilitar las condiciones para la construcción permanentemente del bienestar y el buen vivir.

 

Por: Humberto Ramírez Gómez
Pediatra puericultor
Universidad de Antioquia