Símbolos y pertenencias de los adolescentes. Ropa, música, tatuajes, piercings… algo más que moda

Símbolos y pertenencias de los adolescentes

Por: Miguel Barrios Acosta
Pediatra, Universidad Nacional de Colombia 

Los jóvenes tienen sus propias formas de expresar y comunicar sus sentimientos, y sus comprensiones y desacuerdos con el mundo que los rodea y los determina, por lo que a veces se sienten incomprendidos y cuestionados por su apariencia y la imagen que proyectan hacia los demás. En algunas ocasiones sucede que su sola presencia genera sentimientos y emociones que llevan al mundo adulto a cuestionar sus prácticas, sus vivencias y sus amigos.

No es fácil para los padres entender las nuevas formas que los jóvenes tienen de vivir sus cuerpos, en las que se impregnan maneras nuevas de asumir la sexualidad, el amor y los afectos propios de una época en la que la idea de hombre y de mujer se vive desde parámetros distintos y extraños para el mundo adulto, ya que no se acercan a los modelos establecidos por la tradición.

Formas de construir identidades

Los jóvenes viven este tiempo bajo la influencia de los medios de comunicación que, pensando en el mercado, los tienen como la gran masa de consumidores. A través de las propagandas y los programas de televisión se promueven modos-modas de ser y de estar en el mundo, de los cuales se apropian los adolescentes para recrear sus vidas y sus espacios personales y sociales, de esta forma se tiñen de colores vivos impresos en sus cabellos, sus pieles y sus uñas, y aparecen mimetizados en escenarios y ambientes donde las vibraciones y los sonidos alteran los sentidos y aumentan las pasiones.

Marcas que se cuelgan, se visten, se tatúan y que expresan maneras de ser, de sentir, de consumir; medios para la interacción, la aceptación de los pares y para pertenecer a un grupo. Maneras de estar cerca con los otros y con los cuales se comparte un momento histórico que se caracteriza por la búsqueda de nuevos sentidos vitales. Así, modos particulares de vestir, tatuajes, piercings, son esencialmente formas de construir identidades.

La anterior descripción corresponde a los significados que estos símbolos y pertenencias tienen para los adolescentes. Pero, para el mundo adulto, estos tienen otra denotación, lo cual genera tensiones y conflictos en la interacción con los adolescentes que se expresan de ese modo.

Uno de los modos como los adultos entienden estos lenguajes es como una transgresión de la norma, la autoridad, los modelos establecidos y la ley. Esto se evidencia en muchos espacios como el hogar y la escuela. En casa los padres pueden percibir el uso de uno de esos símbolos como una agresión personal, como un reto a la autoridad del padre. En otras épocas los padres tenían casi un completo poder y control sobre el cuerpo de sus hijos. Pero en la actualidad, el mundo valora la autonomía y el respeto por la corporalidad y la libre expresión de la personalidad de los adolescentes, de tal modo que cuando un joven usa esos símbolos y pertenencias está ejerciendo ese derecho.

La escuela, hervidero de “modas”

En la escuela también se expresan los modelos de control y regulación a las expresiones de ser adolescente. El uniforme en el colegio como norma anula la diferencia y la expresión de las distintas formas de ser de los jóvenes. Pero, por otro lado, la moda que ellos quieren lucir, también los uniforma desde los lineamientos que da la industria del consumo. El colegio debe trascender desde la valoración de formas externas de expresión de los jóvenes para ubicarse en el sentir de cómo ellos perciben, sienten y viven sus vidas.

Romper las brechas generacionales

Las valoraciones basadas en las apariencias frecuentemente están fundamentadas en entender la vida y el mundo dentro de criterios opuestos, como lo bueno y lo malo, lo que sirve y lo que no, lo bonito y lo feo, etc. Entender los mundos de este modo crea estigmas sobre los jóvenes, lo que reduce las posibilidades de acercamientos reales con ellos, limitando la cercanía y promoviendo la confrontación intergeneracional. Se fomentan de ese modo las brechas entre las generaciones que, por otro lado, no son tan distintas, sino que están viviendo realidades diferentes según sus necesidades en el momento de su proceso de vida.

Intentar entender a los jóvenes desde los símbolos que usan, puede permitir a los adultos y a las instituciones que interactúan con ellos comprender el mundo de incertidumbres, vacíos y falta de sentido que les presenta hoy la vida como resultado de transformaciones socioculturales y socioeconómicas, ta- les como la crisis de lo laboral y lo profesional.

Los adolescentes expresan estas y otras incertidumbres de distintas formas: un ejemplo son los símbolos y pertenencias que usan en su cuerpo, señales que los adultos no saben interpretar y comprender, pues lo hacen desde preconcepciones construidas cultural e históricamente. El vestirse de negro, por ejemplo, es asociado con prácticas satánicas; los tatuajes con criminalidad, la práctica de artes por parte de los hombres con homosexualidad, el gusto por el rock pesado con la drogadicción, etc.

Se debe resaltar también que la estigmatización es practicada por los adolescentes. Ellos hacen prejuicios de los adultos por los vestidos que usan. Incluso dentro de los mismos adolescentes hay preconcepciones: un joven “candy” es entendido como superficial, un “gomelo” como de estrato socioeconómico alto, entre otros.

Hacia nuevas comprensiones

Se requiere un proceso de corresponsabilidad social entre adultos y jóvenes para entender el mundo de la industria del consumo; una educación para el consumo crítico es necesaria tanto para adultos como para los adolescentes, entendiendo que los símbolos siempre tienen un sentido que está impregnado de la individualidad de quien los porta.

Es necesario que tanto padres como jóvenes se pregunten desde dónde vienen los símbolos, así como cuáles son las motivaciones internas que tiene un adolescente para pintarse el pelo, hacerse un tatuaje, ponerse un piercing, etc. Las respuestas a estas preguntas van a permitir consolidar poco a poco referentes propios y auténticos que permitan a los padres y adolescentes construir nuevas comprensiones.

Las nuevas comprensiones van a ayudar a generar mejores acercamientos desde los cuales se valida la diferencia y las decisiones que se expresan en los símbolos como lenguajes. Esto puede permitir que los supuestos y los imaginarios que despiertan vayan teniendo un lugar desde donde los padres no se sientan amenazados o cuestionados como figuras de autoridad y sin que los jóvenes usen los símbolos como medios para manejar otras situaciones conflictivas en la familia.

Este proceso de responsabilidad del manejo de los símbolos por parte de los adolescentes debe tener también en cuenta los efectos que estos pueden generar en su vida futura. Con frecuencia se encuentran adultos jóvenes, incluso adolescentes, que ya no se sienten cómodos con un tatuaje que se hicieron en años anteriores, lo que implica que proyecten sus actos hacia el futuro; cosa pocas veces factible por las mismas condiciones de evolución del proceso de pensamiento del adolescente.

Responsabilidad con la salud

Los adolescentes deben tener conciencia y garantías de las condiciones médicas y de salud que procedimientos como el piercing y los tatuajes necesitan. Por lo tanto, deben exigir a las personas y centros que los hacen los requisitos relacionados con la prevención de la transmisión de algunas enfermedades como hepatitis B y sida.

Estas garantías tienen que ver con el manejo de la esterilización de agujas y demás implementos usados en estos centros. Lo anterior no solo debe ser responsabilidad de adolescentes, padres y la sociedad civil en general, sino que se requiere urgentemente que el sistema general de salud regule el funcionamiento de estos centros y se otorguen las licencias de funcionamiento sanitario respectivas.

Se debe recordar que una de las tareas más importantes del adolescente es la construcción de su propia identidad, es decir, aclarar el lugar que como hombre o como mujer joven ocupan en la sociedad, en su colegio, en su familia. Lo anterior se vive como un proceso en el que por momentos este se encuentra ante contra- dicciones y diferencias que le desbordan sus niveles de comprensión.

Paralelamente, los cambios fisiológicos y afectivos le generan crisis de sentido que le llevan a poner en cuestión las normas de orden personal y social del medio en que se mueve, lo cual puede condicionar el nacimiento y muerte de sus símbolos y pertenencias.

Recomendaciones

  • Tenga en cuenta que los adolescentes tienen formas de expresión diferentes a las suyas. Respételas y recuerde que mediante ellas dan satisfacción a algunas de sus necesidades, como la búsqueda de su identidad.
  • Recuerde que para los adolescentes es muy importante pertenecer a un grupo.
  • Intente comprender qué hay detrás de todas estas expresiones, qué es lo que el adolescente quiere comunicar.
  • Enséñele a su hijo a ser crítico con la sociedad de consumo.
  • Dele apoyo para expresarse, buscando las garantías de salud que estas expresiones requieren.