Sembrar en ellos el amor por la naturaleza

Sembrar en ellos el amor por la naturaleza

En una ocasión un padre le dijo a su hijo que la vida es un viaje en el que nos acompañan nuestra familia y nuestros amigos, y estimulaba a su hijo a que se preguntara:

¿Qué quiere decir que estás vivo? ¿Quién produce el aire que respiras? ¿Quién produce el agua que bebes? ¿De dónde salen los alimentos que te dan la energía para continuar viviendo cada día?

¿Has pensado que hay animales que nos acompañan? ¿Tienes en cuenta a las plantas que también están a nuestro lado? ¿Y al sol que nos da su calor y energía?

¿En qué planeta van a vivir tus hijos? ¿Y los hijos de tus hijos? ¿Cómo asegurarles agua pura para beber y aire menos contaminado? ¿Cómo evitarles el riesgo de adquirir enfermedades respiratorias, digestivas y dermatológicas?

¿Qué puedes hacer para evitar un futuro desastre ambiental en tu ciudad? ¿Cómo puedes mejorar la calidad del aire, del suelo y del agua? ¿Cómo puedes asegurar una mejor calidad de vida para quienes viven en tu barrio? 

Es posible enseñarles a los niños a amar nuestro entorno natural, mientras se juega, se aprende, se viaja o sencillamente mientras se vive la vida cotidiana. Sembrar en ellos la conciencia sobre el cuidado de los recursos naturales de nuestro planeta es un deber de los adultos para lograr que haya un futuro promisorio. 

Por: Álvaro Posada Díaz, MD
Pediatra y puericultor 

El niño inicialmente aprende a ver la naturaleza; y es entre los seis a los 12 años que reconoce la dependencia que tiene de ella y como adolescente la defiende.

Los padres deben sensibilizar los sentidos para dejarse penetrar por la naturaleza y enseñarle al hijo a reconocer sus tres principales reinos: el de los minerales, las plantas y los animales. Así se aprende con los hijos a ver la vida que encierra un jardín, a diferenciar el canto de las aves, a oler las flores y las hierbas silvestres, a divertirse con el agua y con la arena, a conocer el fuego, a utilizar el viento, etc.

Colombia posee una gran biodiversidad que es un tesoro que se debe conocer y conservar en familia, pues es absurdo constatar que desde que apareció el hombre en el planeta Tierra han desaparecido más de un millón de especies, por una concepción equívoca de arrasar con los recursos naturales.

Los padres necesitan ser conscientes de la actitud ante la vida. No se puede perder la capacidad de asombro ante el milagro del nacimiento de un niño, la nobleza del perro de la casa, el color de las flores, del vuelo de una mariposa, en fin, se ha dejado de lado la recreación que brinda la naturaleza (sin costo alguno), así como el gozo de contemplar la vida, para darle paso al entretenimiento vacío de muchos programas de la televisión.

No estamos solos

Los seres humanos no están solos en el planeta: el niño debe aprender que es un ser muy importante, pero que como él hay muchos seres vivos, igual de valiosos, con los cuales se comparte el único espacio posible para vivir: la Tierra. Un lugar en el que es absolutamente necesario vivir todos en armonía, y que, por lo tanto, se constituye en un tesoro que pertenece a las generaciones que todavía no han nacido, así que hay que cuidarla para entregarla en mejores condiciones de las que se recibió.

Enséñele a su hijo la importancia del buen funcionamiento de un ecosistema, pues su concepto es especialmente interesante para comprender la organización de la naturaleza y sus cuidados: ecosistema es una comunidad de seres vivos, como microorganismos, plantas y animales, que comparten un ambiente físico, es decir, el suelo, el clima, al agua, el aire. Todos los seres humanos dependen del ecosistema que los rodea para vivir, por ejemplo, dependen de los páramos y los bosques, que son las fábricas de agua. Esta última constituye las dos terceras partes del peso del cuerpo humano.

También dependen de los bosques y las plantas, que son las fábricas del oxígeno que se respira diariamente, y del suelo que fabrica los alimentos que hacen posible que perdure la vida de las personas y de los animales que los acompañan. En conclusión, la razón por la que se puede vivir en el planeta es porque contamos con la presencia de bosques, suelo, aire, agua; por lo cual, resulta imperativo cuidarlos, pues son la vida.

Optar por la vida

El concepto de medio ambiente está presente en todas las actividades de la vida, las cuales, en su mayoría, tienen un gran efecto sobre este; por ejemplo, se puede decidir si se toma un jugo en envase plástico o en envase de vidrio, sabiendo que este último es reutilizado sin aumentar la carga de desechos plásticos.

De igual forma, se puede decidir si se caminan seis manzanas o se va en motocicleta, a sabiendas de que esta última aumenta la contaminación del aire;osiseoyela radio a un volumen moderado en vez de elevado, evitando así perder la agudeza auditiva de manera prematura, así como la contaminación acústica y consiguiente molestia de los vecinos. Es decir, cada uno decide lo que hace, por lo tanto, cada uno es responsable de su presente y de su futuro y, en alguna medida, del futuro de quienes lo rodean.

Es necesario luchar por mejorar la calidad de vida humana sin acabar con los recursos naturales que son la base de la supervivencia en el planeta, por lo que es imperativo ser conscientes de la realidad y trabajar con empeño para mejorar la situación catastrófica del consumo desordenado y caótico de los recursos naturales.

Los pequeños esfuerzos de todos, si son en la misma dirección, tienen un resultado impresionante. Por ejemplo, si se tiene el hábito de apagar la luz al salir de una habitación y todos hacemos lo mismo, el ahorro de energía será significativo (y el ahorro de dinero también).

Pero, por supuesto, todo parte de la educación; los esfuerzos deben encaminarse a convencer a los amigos y vecinos de la importancia de trabajar todos unidos para conservar un planeta donde se pueda vivir como especie humana, lo cual beneficiará a todos.

Así como el daño que se le hacen a los recursos naturales en cualquier parte del mundo afecta a todo el planeta (globalización de la contaminación, por ejemplo), la recuperación de recursos será un regalo para todos los países.

Un buen medio ambiente significa buena salud

Una muy acertada definición de salud se puede considerar como un perfecto equilibrio dinámico entre el individuo y su medio ambiente, es decir, que la salud de cada ser humano solo estará bien si el medio ambiente también lo está. Por ejemplo, el agua contaminada es causa de diarreas y parasitismo intestinal; el aire contaminado aumenta la frecuencia de infecciones respiratorias; la extrema desigualdad económica lleva a las comunidades a desnutrición grave y muerte; el daño en la capa de ozono significa aumento del cáncer de piel, etc.

Para gozar de buena salud es necesario trabajar, de igual forma, en el medio ambiente, mediante la conservación y recuperación de los recursos naturales que inciden en el mejoramiento de la calidad de vida de los seres humanos.

Como la existencia de cada ser humano en el planeta depende completamente de la naturaleza hay que hacer esfuerzos por conocer sus leyes y, de esta forma, aprender a amarla y respetarla. Al menos tres leyes se deben imitar:

  • La naturaleza enseña a mantener un equilibrio tal que permite a todas las especies vivir ayudándose unas a otras, con respeto por la que son diferentes.
  • Enseña a no producir basuras; allí no existe este concepto: lo que es desecho para una especie es alimento o sustento para otra, por lo que reciclar es ahorrarle trabajo a la naturaleza.
  • Enseña a hacer un justo uso de la energía, no a despilfarrarla ni a ser mezquinos con su aprovechamiento. La codicia y la avaricia o el derroche no existen en la naturaleza.

Recomendaciones

  • En el campo o en el parque, cierren los ojos y “oigan” el canto de los pájaros, de los insectos, el susurro del viento.
  • Inviten a su hijo a cuidar las plantas, adoptando una planta en la casa, de tal suerte que la pueda rociar diariamente, la saque al sol, vea cómo los insectos polinizan sus flores y va creciendo.
  • Acompañen a su hijo a dibujar, a hacer composiciones, a relatar sus experiencias sobre la naturaleza, oyéndolo con interés y paciencia.
  • Busquen un lugar oscuro al aire libre y contemplen con su hijo el firmamento, la luna y las estrellas, animándolo a ser humilde ante el cosmos infinito.
  • Estimulen a su hijo a jugar con el agua, con la arena, dejándolo solo para que construya sus castillos.
  • Enséñenle a dar de comer a las aves que llegan a la casa y explíquenle que ellas tienen su propio hogar y que deben vivir libres.
  • No permitan que su hijo utilice caucheras.
  • Hiervan el agua que no sea de un acueducto confiable, por lo menos 10 minutos. Es la manera más adecuada de evitar infecciones intestinales.
  • Procuren comer alimentos sanos, evitando las bebidas colas y gaseosas, reemplazándolas por jugos naturales (de frutas) y evitando todo aquello con exceso de colorantes y endulzantes artificiales.
  • Procuren utilizar el volumen de los equipos de sonido de forma moderada.
  • Apaguen la televisión, el radio, el computador o la luz si no se están utilizando.
  • Mientras se enjabonen, cierren la llave del agua.
  • Eviten los escapes de agua en la casa. Revisen con frecuencia si existen fugas; de ser así, haga lo necesario para repararlas inmediatamente.
  • No arrojen basuras a las fuentes de agua (quebradas, mar, lagos, ríos, etc.) ni a las calles.
  • Clasifiquen las basuras en la casa, en la escuela y en el colegio.
  • Separen el papel sin arrugarlo, para reciclarlo.
  • Reúnanse con sus vecinos para hacer un diagnóstico de la situación ambiental del barrio y propongan acciones para solucionar problemas.
  • Adopten, como comunidad, un parque, un humedal, un bosque, para reforestarlo y cuidarlo.