Recién nacidos – Puericultura preconcepcional

puericultura preconcepcional

La puericultura preconcepcional se refiere a todas las vivencias, experiencias y conocimientos que tiene un individuo antes de concebir un hijo.

Durante el crecimiento y desarrollo, el niño y la niña van adquiriendo mayor madurez biopsicosocial. Para la época en que un individuo tenga la capacidad biológica de concebir un hijo, debe haber adquirido los elementos necesarios para planificar su familia, los que se obtienen en el hogar, en las instituciones educativas y en el entorno social en el que se vive.

La planificación familiar no es sólo anticoncepción; es organización para el futuro, para lograr un ambiente adecuado para el nuevo ser que se engendrará, con el fin de asegurarle las mejores condiciones para su crecimiento y desarrollo.

Las relaciones sociales que el niño y la niña inician en el hogar y afirman en la escuela, son la base de su comportamiento futuro como persona capaz de establecer una relación afectiva de pareja. El desarrollo de la autoestima y la autonomía favorecen su capacidad de independencia y son necesarias para consolidar un nuevo núcleo familiar, en el que se puedan hacer acuerdos para la convivencia armónica y segura, ofreciendo un ambiente propicio para el proceso de crecimiento y desarrollo de los hijos que llegarán.

La preparación de quienes serán los futuros padres para asumir responsablemente el acompañamiento en el crecimiento y desarrollo de los hijos, comprende tanto preparación biológica como psicológica y social.

Aspectos biológicos

La preparación biológica del individuo como futuro padre o madre que será, viene desde su misma concepción, con el potencial genético heredado de sus progenitores, el que al interactuar con el ambiente posibilitará su desarrollo; dicho potencial será transmitido a su descendencia.

El conocimiento de los antecedentes familiares y personales de cada miembro de la pareja contribuye a determinar el riesgo biológico antes de la concepción, ya que hay enfermedades que se transmiten de una generación a otra y requieren del asesoramiento genético para que la pareja decida si conciben un hijo.

La pareja adolescente no tiene la mejor capacidad para engendrar un hijo sano, por su inmadurez, tanto orgánica como psicológica y social. Un aspecto importante de la puericultura preconcepcional es el educar a los hijos para aplazar el momento de la concepción hasta que cuenten con dicha madurez.

Asimismo, la pareja añosa debe analizar el riesgo para concebir un hijo: por un lado, porque aumentan las posibilidades de alteraciones en el desarrollo del feto y por otro, por la brecha generacional entre padres e hijos.

El estado de salud de la mujer debe ser conocido antes de la gestación, con el fin de aminorar los riesgos que algunas enfermedades como hipertensión arterial, diabetes e infecciones, entre otras, pueden producir. Conocer el estado de inmunidad de la mujer y aplicar las vacunas necesarias puede prevenir alteraciones y problemas fetales como la rubéola y la hepatitis B.

Es importante determinar el factor Rh de la pareja antes de la concepción, pues si la madre es Rh – y el padre Rh +, el médico está en posibilidad de hacer cuidado y prevención de isoinmunización.

La nutrición de la futura madre debe evaluarse y mejorarse en caso necesario, ya que está directamente relacionada con la nutrición del hijo en el útero materno.

El riesgo ocasionado por la ingestión de ciertos medicamentos por la madre, potencialmente dañinos para el feto, debe prevenirse con anticoncepción durante el tiempo que duren los efectos del medicamento en el organismo.

Aspectos emocionales

El vínculo afectivo con el hijo se empieza a conformar antes del nacimiento, cuando la pareja se prepara psicológicamente para concebirlo. El apoyo que cada miembro de la pareja brinde al otro antes de la concepción y durante la gestación y crianza del hijo, dará la armonía que el ambiente requiere para el desarrollo del niño.

Iniciar una gestación en medio de la inestabilidad de la pareja no contribuye a estabilizarla; por el contrario, puede traer mayores dificultades y precipitar crisis familiares.

Aspectos sociales

La situación ideal para el hijo es la de poder contar con el concurso de su padre y su madre para la crianza, pues de cada uno tomará elementos diferentes que enriquecerán su personalidad y su capacidad de relacionarse, favoreciendo su crecimiento y desarrollo; por eso es importante desde la puericultura preconcepcional establecer un compromiso serio y responsable para la llegada de los hijos.

La estabilidad económica también es importante para decidir la concepción de un hijo. Los gastos ocasionados durante la gestación y crianza del hijo, deben ser previstos para disminuir los riesgos que los bajos recursos económicos pueden producir. La adecuada nutrición de la gestante, los controles prenatales, los exámenes de laboratorio, la atención del parto y la crianza del hijo, requieren de un presupuesto familiar que permita pagarlos.

La preparación para desempeñarse en una profesión u oficio, iniciada en el seno familiar y estructurada con la escolaridad del niño, constituye un elemento fundamental de puericultura preconcepcional, en la medida en que hace posible percibir los ingresos económicos necesarios para satisfacer las necesidades.

También es importante analizar, como punto trascendental de la puericultura preconcepcional, quién se hará cargo del cuidado del niño o niña cuando nazca. Idealmente, el cuidado de los niños debe estar a cargo de los padres, pero cuando ambos padres trabajan fuera del hogar, deben pensar con quién lo dejarán.

Un niño a cargo de los padres, la abuela, una empleada o una institución, afronta situaciones diferentes que hay que analizar en cada caso particular. Con el fin de propiciarle al niño el mejor ambiente posible, es importante que estas consideraciones no se dejen para el último momento, pues el niño aprende de quienes lo cuidan.

Y así como se prepara el microambiente —la familia— para la concepción del niño, se debe pensar en el macroambiente en el que llegarán los hijos, e interactuar en él en una forma responsable, para preservar los recursos de los que disfrutarán en compañía de los adultos.

Por todo lo anterior, los padres y el medio social son quienes preparan al individuo para que algún día asuma su propia responsabilidad de ser padre o madre. La mejor forma para ello es acompañarlo afectuosa e inteligentemente en su crecimiento y desarrollo, procurando que construyan las metas de desarrollo: autoestima, autonomía, creatividad, felicidad, solidaridad, y salud.

Con el desarrollo de la autoestima, el hijo podrá amar a sus hijos y darles el afecto que requieren para su crecimiento y desarrollo; con la autonomía puede actuar responsablemente ante sí mismo y el medio que lo rodea, pudiendo responsabilizarse de la crianza de sus hijos sin delegarla en otros; con la creatividad apreciará las distintas alternativas que le presenta la vida ante los acontecimientos y seguramente elegirá la mejor opción, tanto para su bienestar como para el de sus hijos; con la felicidad disfrutará el ser y el hacer, por lo que puede ayudarle a sus hijos a construir la suya; con la solidaridad obtendrá elementos para vivir en armonía con otros y preservar el ambiente para que sus descendientes disfruten y, con la salud, tendrá el equilibrio biopsicosocial indispensable para su crecimiento y desarrollo y el de sus propios hijos. Miriam Bastidas Acevedo Pediatra y Puericultora

Miriam Bastidas Acevedo
Pediatra y Puericultora