Recién nacidos – Necesidades de padres e hijos

El nacimiento de un hijo es tal vez el encuentro más grande, importante y trascendente que puedan tener los seres humanos. En ese momento termina un largo período de espera y se inicia a la vez la más prolongada de las relaciones, que desde el momento de la concepción se venía dando intensamente.

Cuando un niño nace, la madre y su hijo se ven por primera vez y pueden sentirse, palparse y disfrutarse de manera física. También, con mayor vigor se estrecha el vínculo afectivo. La realidad muchas veces en distinta a la expectativa que se había forjado: el esperado niño grande y de piel morena, resulta pequeño y rubio o, la niña de cabello rizado y abundante solo trae unos escasos vellos en su cabecita.

Cualquiera que sea la situación, es necesario que la madre, apoyada por el padre bondadoso, cálido, comprensivo y responsable, acepte a su hijo tal como él es y considere que no hay en el mundo otro niño mejor o que lo pueda reemplazar.

Los padres solo quieren a ese ser como suyo y de nadie más; él representa la oportunidad de hacer posible su proyecto de procreación para completar su proceso de vida. Para el hijo se abre la posibilidad de satisfacerse con los padres y de aprender con el paso del tiempo que ellos son los mejores que por cualquier razón, real o caprichosa del destino le correspondieron.

El recién nacido tiene necesidades biológicas, es decir siente hambre, sed, frío o calor y es mediante la satisfacción de estas necesidades como se relaciona con el mundo exterior, con el cual gradualmente se familiariza y adapta.

El llanto es la forma de comunicación del niño para expresar sus necesidades.
 Significa una estrategia de llamado del recién nacido y por ello la madre o el cuidador deben acudir en forma presurosa para descubrir que desea: el seno materno, una manta, una camisita menos, un cambio de posición o sencillamente una revisión de pañal.

En esta etapa el niño tiene también necesidades para satisfacer en forma adecuada su proceso de aprendizaje, que se estimula especialmente a través de los sentidos, que es la manera como recibe estímulos a los que responde y con los que se familiariza cada vez más; por ejemplo, busca el pezón para mamar girando su cabeza cuando se le estimula suavemente la mejilla o al poner el dedo del cuidador en la palma de la mano, él de manera inmediata la cierra. Además, a medida que pasan los días, busca la luz y sigue un objeto luminoso.

El recién nacido tiene necesidades afectivas trascendentales
 y las personas que investigan sobre los seres humanos y su comportamiento han demostrado que la satisfacción de estas necesidades es esencial para la salud integral del niño, no solo en el momento mismo y en la niñez, sino para toda la vida.

De estas relaciones afectivas, el vínculo entre madre e hijo es la más importante y se forma de manera básica, natural, intima y profunda. Este enlace significa una relación activa y recíproca que crece cada día y garantiza que el niño alcance su independencia posterior con mucha seguridad y sin mayores problemas…

Así pues, en esta relación hay un intercambio de comunicación permanente: la madre transmite emociones y estados de ánimo al niño, y este aprende pronto a diferenciar los afectos favorables y desfavorables a la satisfacción de sus necesidades y los acomoda para tomar acciones y descubrir su forma de reaccionar.

Se pueden presentar situaciones como rechazo manifiesto: la madre no acepta la maternidad y rechaza al niño secundariamente, como puede suceder en el caso de la madre soltera o la joven de la que abusaron. Al contrario, es posible que algunos padres demuestren sobreprotección ansiosa con temores relacionados con la salud del niño.

Desde esta etapa el niño tiene, además, necesidad de experimentar placer, aspecto que se relaciona de manera amplia con el desarrollo de la personalidad; uno de esos placeres lo representa la succión o chupeteo: el recién nacido lleva a su boca las manos o los dedos y de esta manera satisfacer su necesidad de chupar y lograr sensación de tranquilidad y bienestar.

Es necesario que el niño coma libremente y que con el apoyo de la madre lo haga repetidamente de la misma manera, de tal modo que más adelante se pueda crear un buen hábito de alimentación.

El niño pequeño necesita un permanente y efectivo cuidado que debe ser ofrecido por la madre o el cuidador de manera ágil, oportuna, sencilla y, sobre todo, muy amorosa. La satisfacción de todas las necesidades del niño asegura contrarrestar la ansiedad, le permitirá crecer físicamente, desarrollarse emocionalmente y tener una vida armoniosa y feliz, mientras que en el transcurso de los días su conocimiento y experiencia propios aumentan.

La madre deriva una gran cantidad de satisfacciones del cuidado del niño, algunas de tipo físico como las secundarias a la lactancia porque descarga la plenitud de los senos y otras como las caricias que estimulan el tacto y liberan sensaciones placenteras de carácter emocional.

El hecho de verse reproducida, de ver reproducido el objeto de su amor y de sentirse necesaria para alguien permite que la mujer se satisfaga y goce el papel de la maternidad. El padre también necesita este acercamiento físico para reconocer y aceptar al hijo, descubriendo la gratificación afectiva que el pequeño le brinda.

Es necesario para la madre disponer de un tiempo de descanso para recuperar las fuerzas que el cuidado y atención del niño demandan. Es bueno para ella cuidar su figura, hacer ejercicios, preocuparse por el cuidado de la piel y, en especial, de los senos para garantizar la lactancia. La mujer necesita una alimentación sana, adecuada y suficiente en beneficio propio y del niño, así como esmerado cuidado para el mantenimiento de una buena imagen personal que la haga sentirse bien y verse bonita y atractiva.

Los padres en su preocupación por la crianza no deben olvidar sus necesidades como pareja. Es necesario que se dediquen tiempo para estar juntos, hablar, consentirse y cuidarse. No hay mejor ocasión para fortalecer la relación y expresarse el amor, que la llegada de un hijo.

Así mismo, deben mantenerse las relaciones con otros miembros de la familia como abuelos, tíos, y otros parientes, sin temores y permitiendo que todos puedan disfrutar de la llegada del niño. Es necesario evitar con tacto y delicadeza demasiada influencia en las prácticas de crianza, ya que cada pareja debe descubrir su propia forma de ser padres, asegurándose siempre la posibilidad y necesidad de acudir a la orientación y consejo profesional.

Recomendaciones

  • Den leche materna a su hijo, como un modo de entregar no solo amor, sino el mejor, más nutritivo y adecuado alimento, que además tiene defensas insustituibles contra posibles infecciones
  • Cuando el niño llore, cárguenlo y cámbienlo de posición
  • Consientan al niño aplicando un suave masaje para favorecer la respiración y la relajación muscular
    Háblenle, cántenle y acarícienlo mientras lo alimentan
  • Bañen al niño en compañía, como una buena oportunidad para compartir su cuidado con el padre y los otros miembros de la familia
  • Asegúrense de que el ambiente para el niño sea tibio y sin ruidos desagradables
  • Regálense un tiempo para sí mismos y para estar en pareja
  • Si su gestación no fue planeada o tuvo dificultades para su aceptación, hablen de ello con su pareja y con el mismo niño, perdonándose y perdonando
  • Busquen ayuda y consejo en personas profesionales

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