Recién nacidos – La relación madre – hijo

Iniciamos esta reflexión con dos pensamientos que nos parecen fundamentales:

  1. “Nadie hace por un sueldo lo que una madre hace gratis” Proverbio Japonés
  2. “A cualquier edad se es niño cuando la madre se muere” Ramón de Campoamor.

Estos dos pensamientos representan lo que significa el vínculo afectivo: en la primera frase desde el sentimiento de la madre y en la segunda desde lo que siente el hijo.

Digamos entonces qué es el vínculo afectivo: son aquellas relaciones de apego que los niños y niñas establecen desde muy pequeños con sus padres y otros cuidadores sensibles.

La mayor representación del vínculo afectivo está dada por la relación madre-hijo

El ser humano nace en una condición desvalida, debido a que no se ha desarrollado lo suficiente como sí lo han hecho otras especies mamíferas relacionadas desde el punto de vista de la evolución.

Ese desvalimiento hace necesaria la dependencia de algunas personas que lo cuiden, lo alimenten y lo protejan mientras su desarrollo va generando la capacidad de vivir independiente. Los niños y niñas necesitan un cuidado afectuoso, constante, sensible y responsable por parte de los adultos que los acompañan.

De este cuidado surgirá entonces la situación de apego definida como “aquella relación íntima entre dos personas caracterizada por afecto mutuo y un deseo de mantener proximidad”.

Para crecer y desarrollarse normalmente los niños y niñas necesitan la seguridad afectiva, es decir la capacidad de confiar en las personas que tienen a su alrededor como el padre, la madre y otros adultos significativos.

El concepto de apego se fortalece por tres elementos básicos: la proximidad física, donde interactúan los sentidos del tacto y el olfato, el ofrecimiento de los cuidados esenciales (alimentación, abrigo y aseo entre otros) y las expresiones de cariño que pueden ser múltiples desde las entonaciones de la voz, las miradas y las caricias como lo hemos anotado anteriormente. Además de la relación madre –hijo como elemento fundante de las vinculaciones afectivas, el ser humano es capaz de establecer otros apegos a lo largo de su vida como lo podemos ejemplificar en el caso de la adopción y en la presencia amorosa y gratificante de las antiguas “nanas”, aquellas personas adultas que acompañaron con amor y dedicación la infancia de muchos de nosotros.