Recién nacidos – La comunicación mediante la estimulación

El lenguaje es la habilidad que posee el ser humano para comunicarse con otro y consigo mismo por medio de símbolos verbales y acústicos.

Desde que el niño se encuentra en el útero materno se trata de comunicar con la madre mediante movimientos, a veces constantes, cuando está contento y, otras veces ocasionales, cuando está triste o está dormido.  Es importante que la madre conozca esto para que se comunique con su hijo durante la gestación.

El periodo prelingüístico ocurre desde el nacimiento hasta los nueve meses de edad.  En este lapso, la principal forma de comunicación del niño es el llanto; es la forma de decir que necesita a sus padres porque tiene hambre, frío, se siente solo, etc.  La madre o el padre deben tratar de responder lo más pronto posible para tranquilizarle y hacerle saber que ellos le escuchan.  A medida que el niño va creciendo, conoce otras formas de comunicarse, como la sonrisa, la mirada, el tacto y la succión, entre otras.

En este periodo, el niño tiene, en los primeros meses, un balbuceo que el que ya es capaz de hacer discriminaciones de fonemas como gugugu -gogogo –dadeda,  y al llanto o a la risa le puede poner una sílaba; de allí, que sea fundamental que los padres estén atentos a esta forma de comunicación para que el niño se sienta escuchado.  De igual manera, se le debe abrazar, cantarle, sonreírle y hablarle, repitiéndole los sonidos o ruidos que él hace:  la comprensión, atención y entendimiento son los elementos básicos para lograr un buen desarrollo del lenguaje.

En el sexto mes comienza el laleo, que es un juego vocal sonoro para el niño _bababa-tetete-papapa-mamama_ ; el laleo se puede perder si el niño tiene una disminución auditiva, lo que es una advertencia para buscar ayuda profesional.  En esta etapa, el niño necesita mucha estimulación, porque trata de imitar todos los sonidos, para conocerlos y más tarde darles significado.

A continuación  se enumeran algunas recomendaciones para los padres:

  • Hablarle en forma clara-sin voz aniñada-, despacio, con ternura, con frases cortas, de frente al niño, demostrándole afecto con sus palabras.
  • Procurar que los miembros de la familia colaboren en la estimulación, hablándole, mostrándole y haciéndole sonar diferentes objetos, sacándolo a pasear, entre otras acciones.
  • Coger las manos del niño y ponerlas en la cara de la madre o del padre para que cuando ella o él hablen, sienta la vibración.
  • Llamarlo siempre por su nombre, lo mismo al papá y a la mamá, para que el niño aprenda también los nombres propios
  • Aprovechar todas las actividades diarias como el baño, vestirlo, la comida, etc, para enseñarle el nombre de las cosas, mostrándole para qué sirve. También se le debe ayudar a reconocer las partes  del cuerpo y las prendas de vestir.
  • Mostrarle diferentes animales y enseñarle poco a poco cómo se llaman y cómo se comunican;  ejemplo el gato “miau, miau”, el perro “guau, guau”, la vaca “muu, muu”, etc.
  • Ponerle música para que baile y cante, llevando el ritmo con las manos.
  • No adivinarle al niño sus deseos si no  dejarlo que intente expresarlos.

Como conclusión: siga su corazón de mamá o de papá y deje que él le hable; su niño puede ser el resultado de eso que escucha y de eso que aprende.  Si se estimula adecuadamente, se le permitirá comunicarse con el mundo y  llegar a ser una persona socialmente activa.

Adriana Lizt Arango Córdoba

Pediatra puericultora