Recién nacidos – Construcción de la autoestima desde el nacimiento

En el proceso de crianza los niños y los adolescentes, y al mismo tiempo los adultos acompañantes, construyen y reconstruyen permanentemente seis metas de desarrollo humano integral y diverso: autoestima, autonomía, creatividad, felicidad, solidaridad y salud.

En este caso, meta es el fin al que se dirigen las acciones o deseos de los seres humanos, y su construcción y reconstrucción no se hace para llegar, sino para vivir construyendo y reconstruyendo cada una de ellas.

Lo fundamental de las prácticas de crianza es la construcción y reconstrucción de la autoestima, como base de la construcción y reconstrucción de todas las demás metas de desarrollo, de tal modo que es posible afirmar que su sentido es el de vivir todos y cada uno de los momentos de la relación de crianza en función de la construcción y reconstrucción bidireccional de la autoestima y de las demás metas de desarrollo humano integral y diverso, todo al servicio del fomento de la resiliencia, que es la capacidad humana para triunfar de cara a la adversidad.

El comportamiento de las personas depende mucho de la forma como se sienten consigo mismas. La autoestima se define como lo que cada persona siente por sí misma, la forma en que le agrada su propia persona en particular. Como sentimiento psicológico que es, puede ser cambiante a lo largo de la vida: hay etapas en que se tiene mucha o muy poca autoestima.

La autoestima significa dignidad, amor propio, saberse valioso, sentirse útil y competente, es decir, tiene dos aspectos que se relacionan entre sí: la eficiencia y el valor personal.

Es necesario aclarar que la autoestima positiva es algo totalmente diferente del engreimiento y la arrogancia, que indican, en la mayoría de los casos, un alto nivel de inseguridad que acompaña usualmente a quienes tienen baja autoestima.

La autoestima proviene de la calidad de la relación entre padres e hijos y de lo grato y enriquecedor que sea el ambiente del hogar. Cuando los hijos se sienten amados y valorados por los adultos significativos que tienen a su alrededor, se formarán un buen concepto de sí mismos, lo que contribuirá a una mayor autoconfianza y autorrespeto, elementos fundamentales para una buena autoestima.

Quien se quiere a sí mismo es capaz de querer y apreciar a los demás: el dicho popular dice que nadie da de lo que no tiene. La imagen que el niño va adquiriendo de sí mismo (autoimagen) depende en gran medida de lo que percibe que los demás piensan de él, por lo que los padres deben ser sumamente cuidadosos en la forma de valorar al niño y de referirse a él.

Cuando el ser humano nace no tiene autoestima: esta se va formando a lo largo de la vida y ello depende en gran medida de las actitudes que con el niño tengan los padres y los adultos significativos que lo acompañan en su crecimiento y desarrollo. La autovaloración se aprende en la familia; posteriormente intervienen otras influencias, pero estas tienden a reforzar los sentimientos que se hayan adquirido en el hogar.

Cuando el niño nace, todas las manifestaciones de cariño que se le demuestren son determinantes para que en él se vaya estableciendo el concepto de que es importante para las personas que lo rodean (autoconcepto): el arrullar, acariciar, acunar y cantarle al recién nacido se constituyen en elementos muy favorecedores de la naciente autoestima del niño.

En la medida en que los padres sean capaces de entender y atender prontamente la necesidades del niño, este tendrá confianza en los adultos que lo rodean y en el mundo, e irá fortaleciendo la noción de apego seguro, que es fundamental para la construcción creciente de una buena autoestima.

Los niños captan plenamente, aun desde su etapa de recién nacidos, los sentimientos que hacía él se expresan, ya sea de aceptación o de rechazo y son capaces también de captar la ansiedad de la madre y la tensión de sus brazos cuando lo cargan.

La expresión del afecto de los padres hacia sus hijos, incluso desde antes de concebirlos, va generando vínculos que son determinantes de la relación padres-hijo, que de ser adecuado, se traducirá en una vinculación afectiva estrecha y perecedera que lo acompañará durante toda su vida: el niño, al sentirse amado, tendrá una base segura para la construcción y reconstrucción permanente de su autoestima.

Recomendaciones

  • Durante todo el embarazo, háblenle a su hijo, piensen en él y acaricien el vientre materno con suavidad
  • Una vez que el niño nazca, pónganlo en contacto con el pecho materno o paterno para que sienta la presencia protectora de sus padres
  • Fomenten al máximo la alimentación materna, como una manera fundamental de vinculación afectiva
  • Reconozcan en su hijo la calidad única e irrepetible que tiene e inicien la apasionante tarea de irlo conociendo cada vez mejor, como una excelente manera de entablar con él una relación familiar armoniosa y gratificante
  • Acaricien, acunen y arrullen a su hijo para que él cada vez se sienta más amado, como la mejor manera de que aparezca en él el sentimiento de que el mundo al que llegó le es favorable
  • Procuren que su hijo recién nacido tenga libertad plena de movimientos, como un excelente modo de que vaya percibiendo el mundo a su alrededor e interactuando con él de una manera gratificante
  • Aprendan a entender y atender los mensajes que su hijo les comunica, como el mejor modo de que la atención que él reciba se constituya en el mejor elemento favorecedor de un buen autoconcepto

 

Juan Fernando Gómez Ramírez
Pediatra y Puericultor

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