Recién nacidos – Cómo superar la adversidad: resilencia

Los problemas, por graves que sean, no encuentran a los niños indefensos ni totalmente desprotegidos. Ellos, al igual que los adultos, tienen una especie de capa protectorasobre la cual rebotan los daños que podrían llegar a sufrir, que convierte las dificultades en oportunidades para aprender y para volverse más fuertes.

Esta capa se activa cuando el niño tiene a su lado al menos una persona significativa que lo acepta sin condiciones, tal como él es, que siempre está dispuesta a ayudarlo cuando lo necesita, que le expresa su amor de diferentes maneras. El amor es una condición indispensable para que los niños puedan crecer y desarrollarse plenamente y para que los seres humanos podamos conservar la salud física, psicológica, espiritual y social.

Para que un niño recién nacido se sienta aceptado y amado, no se requiere mucho esfuerzo. Basta con que cada vez que estamos con él, lo miremos con atención, conectando nuestra mirada con sus ojitos curiosos, que lo abracemos con ternura cada vez que lo tenemos entre nuestros brazos, que le hablemos a veces muy suavemente y otras con alegría, que le cantemos canciones cortas, alegres y tiernas.

También es de mucha ayuda si lo mecemos y bailamos con él, si le hacemos masajes y acariciamos todo su cuerpecito cuando lo estamos bañando o cuando le cambiamos los pañales, o si observamos cómo mueve sus manos, sus bracitos y sus piernas y nos unimos a ellos en esos movimientos, como en una especie de juego íntimo y a la vez divertido.

Todo eso permite que él comience a descubrirse poco a poco a sí mismo, a reconocerse, a aceptarse y a confiar en él y en las personas que hay a su alrededor, que vaya descubriendo poco a poco que hay un espacio en el cual él vive, se mueve, crece y se desarrolla, un espacio que le pertenece por derecho propio.

Aunque estas cosas suceden de manera muy elemental y básica en un recién nacido, son ingredientes indispensables para que pueda superar cualquier adversidad, problema o sufrimiento que haya tenido que padecer mientras estaba en el vientre de su mamá, y los que deba afrontar en el futuro.

Los niños pueden aprender de sufrimientos, miedos y tristezas desde antes de nacer, cuando sus madres tienen que afrontar cualquier clase de adversidad durante el embarazo, como sucedió con la mamá de Emilio.

La estrecha unión que hay entre la madre y su hijo en gestación, hace que este perciba con bastante claridad todo lo que ella vive y siente. Por tal motivo, es fundamental que el padre participe activamente durante ese proceso, brindando apoyo, compañía, aceptación y amor a la madre gestante, de tal manera que ella pueda superar todo aquello que hace difícil su maternidad, lo que a su vez es una forma maravillosa de activar la capa protectora de la resiliencia en su hijo.

La participación del padre en esta tarea puede ser mayor cuando el niño ya ha nacido, porque puede estar en contacto directo y personal con él, ya no por medio de la madre, como ocurría durante el embarazo. Esa relación personal y directa entre el padre y su hijo encierra una riqueza y una posibilidad de disfrute incalculable para ambos. Por tal motivo, ninguno debería privarse voluntariamente de ese privilegio, ya sea que la relación con la madre sea sólida y satisfactoria o que no exista ninguna relación de pareja.

Expresar al amor y la ternura de múltiples maneras a un recién nacido despliega en él la capa que lo protege de cualquier daño que puedan causarle los problemas y sufrimientos que haya vivido durante su gestación, y que pueda llegar a vivir en el futuro. Lo vuelve fuerte, seguro de sí mismo, capaz de relacionarse apropiadamente con los demás y de aprender de las dificultades que le ocurren en la vida

Recomendaciones

  • Cada vez que descubra que su niño los mira, conéctense con su mirada y exprésenle por medio de ella cuánto lo aman
  • Háblenle siempre claro, pero háganlo suavemente, alegremente, procurando imitar el tono de voz en el cual él emite sus sonidos
  • Cuando el hijo tenga sueño, mézanlo despacio, tranquilamente, siguiendo el ritmo de su corazón o de su respiración
  • Cuando esté despierto, disfruten cantándole y bailando con el hijo, a veces suavemente, a veces con entusiasmo, pero siempre con ritmo
  • Aprovechen cada vez que lo bañen o le cambien de ropa, para acariciarlo suavemente y darle masajes en todo su cuerpecito como una manera de crear lazos de afecto muy fuertes
  • Cuando se den cuenta de que el hijo está mirando algo, únanse a su observación, descríbanle lo que está viendo, díganle cómo se llama, qué forma tiene, cuál es su color y si es posible, permítanle que lo toque, explicándole si es suave o áspero, duro o blando, caliente o frío…
  • Si usted es el padre, no renuncie al privilegio de compartir con la madre de su niño todas estas oportunidades. Además de que él se lo agradecerá toda su vida, podrá darse cuenta de cuánto crece y cuánto goza usted mismo mientras lo hace Juan Fernando Gómez Ramírez Pediatría y puericultor .