¿Quieres que hablemos?

La madre comunitaria, una mujer corta de estatura, estimulaba a los niños para que comieran y les decía:

“los niñitos que no toman la sopa van a quedar pequeñitos, no van a carecer”. Y un niño le pregunta:

  • “¿Usted no tomó sopa?”.
  • La abuela sigue contando su relato: … entonces, cogió su caballo y salió del castillo. La niña la interrumpe para decirle: “Abuela, ¿dónde vive entonces?”.
  • La niña de ojos negros le pregun- ta a su amiga de ojos azules: “¿Tú ves azul?”. La niña de ojos azules responde: “Luego, ¿tú ves negro?”.
    El ser humano es el único sobre la tierra que es capaz de comunicarse mediante la palabra. Esta diferencia le dio una nueva organización al cerebro.

La comunicación es el medio de compartir ideas unos con otros.

Muchos padres piensan que lo más importante en la comunicación es proporcionar información a sus hijos. La comunicación tiene una función más sagrada: es un puente de doble vía que conecta los sentimientos de los padres con los de los hijos.

La comunicación es más que las palabras (comunicación verbal). Ocu- rre cuando alguien sonríe, frunce el ceño y muestra expresiones en la cara. También se puede hablar con la postura o los movimientos del cuer- po. Esta comunicación se llama ‘no verbal’.

Es difícil imaginar a un ser humano aprendiendo una palabra nueva cada hora, de un idioma que desconoce. El vocabulario de un adulto medio es de aproximadamente 20.000 palabras y el de uno muy culto puede llegar a unas 30.000.

Llegar a un colegio nuevo don- de todo es desconocido no es una experiencia fácil para los niños. Mientras algunos se ajustan fácilmente a las rutinas y exigencias académicas, para otros ir al colegio representa momentos de ansiedad e inseguridad, que los llevan a experimentar tensiones emocionales. Así lo sostiene la psicóloga María Elena López, quien agrega que: “Cuando son muy chiquitos les cuesta trabajo desprenderse de su madre, de- jar las comodidades de la casa, tener que madrugar o desayunar rápido. A otros se les dificulta asumir horarios, permanecer sentados frente al pupitre todo el tiempo o enfrentarse a los compañeros de clase”.

Estas situaciones constituyen dificultades de adaptación que se supe- ran fácilmente en unos días y que, por lo tanto, no ameritan una preocupación excesiva por parte de los padres. Pero cuando la situación se pone difícil, es importante analizar con tranquilidad las causas para enfrentarlas y tener calma, pero también firmeza, para motivar al niño a que sea capaz de vencer sus miedos y temores y confiar en los adultos que están a cargo en el colegio. Por esta razón es clave actuar en conjunto.

La adaptación es un aprendizaje gradual que puede tener altibajos. “Es posible que al principio lo logre, pero pasa- dos unos días, el niño puede volver a sentirse aburridootristeyno querer ir al colegio. Por eso, los padres de- ben armarse de paciencia y comprensión para apoyarlo y ayudarle a que sea capaz de enfrentar la situación”, recomienda la psicóloga.
Que un niño se adapte

más o menos rápido depende de su personalidad, de la actitud de los padres, de la acogida del personal de colegio y de las estrategias que se implementen. Obviamente, la capacidad de adaptación es muy distinta, pues los adultos cuentan con un bagaje de experiencias que les permiten acomodarse a las nue- vas situaciones de forma más fácil y controlada. No es fácil salir de casa e integrarse en un ambiente nuevo, con compañeros a los que el niño no ha visto nunca, con normas distintas y en un lugar desconocido. Y lo peor, lejos de papá y mamá.

Precisamente, para que el proceso sea más llevadero, “los padres deben hablar con el niño de las situaciones nuevas para que se familiarice con ellas, así mismo, transmitirle tranquilidad y ayudarle a visualizar alter- nativas de manejo”, aconseja la psicóloga María Elena López.

Además, conviene resaltarle las ven- tajas de ir al colegio, como encontrar amigos, poder jugar, tener actividad todo el día y practicar su deporte fa- vorito. La entrada o el regreso al colegio deben mostrarse como algo natural que siempre ocurre en la vida: “Se comienza algo y se termina, las vacaciones no son la excepción, así lo queramos”, comenta.

El papel de los padres

En ocasiones, la adaptación de los niños no se da tan pronto como se es- pera. Si eso sucede, los padres deben entender que es un proceso, pues se trata de una experiencia nueva.

Conviene que los padres se familiariricen con la metodología, el lugar, los horarios y que establezcan contacto con las profesoras y los padres de los compañeros de sus hijos.

Igualmente, deben tener claridad sobre sus expectativas y no dejarse llevar por las preocupaciones (si va a ‘poder con el colegio’, si ‘es lo suficientemente inteligente’, si puede adaptar- se o no, hasta si el bus es seguro). Es clave aprender a manejar la mezcla de sentimientos encontrados (alegría, or- gullo, nostalgia). Aunque se trata de una situación que genera ansiedad, hay que controlarla.

Algunos colegios dan la opción de acompañar a los niños durante los primeros días como una estrategia para que estos lleguen más tranquilos. Pero cada uno tiene políticas diferentes que es importante apoyar.

Lo cierto es que cuando el niño manifiesta que no quiere ir al colegio hay que consultar. Es clave la aproximación que tengan los profesores hacia él, que debe ser con respeto y afecto. También resulta ideal que los maestros conozcan su nombre para empezar a crear un clima de seguridad afectiva y que la atención sea individualizada, pero no exclusiva. Las manifestaciones de in- adaptación del niño (rabietas, llantos, inapetencia) deben tomarse con tranquilidad, pero sin abandono. Conocer la personalidad del niño a través de una entrevista con los padres y observarlo puede ayudar a manejar sus reacciones ante situaciones cotidianas.

Si el período de adaptación es respetuoso y amplio seguramente habrá menos problemas para lograrlo. Pero si pasado un tiempo el niño aún no se siente cómodo en el colegio, conviene valorar la situación y repensar si se trata de la institución adecuada para él, pues no siempre los alumnos logran acomodarse a todos los planteles.

Por: Carmen Escallón Góngora

Pediatra puericultora y terapeuta de familia