¿Qué voy a estudiar?

La elección de carrera es una de las decisiones más importantes de la vida, pues de ella depende el futuro. Por eso, debe tomarse desde el ‘enamoramiento’, sin pensar solo en lo que sea mejor para el bolsillo. El acompañamiento de los padres es ideal, pero con respeto.

 

Por:

Con la asesoría de Ana San Bruno y Esther Arranz

Psicólogas de Albenture, Madrid (España), y

Fernando Lozano

Coordinador del programa Contacto

Centro de Atención a Aspirantes, de la Pontificia Universidad Javeriana

 

¿Y ahora qué voy a hacer? ¿Para qué soy bueno? ¿Nací para alguna carrera? ¿Será que me voy a equivocar? Estas son las preguntas que se hacen muchos jóvenes cuando están a punto de terminar el bachillerato y no tienen muy claro cuál será la profesión que van a elegir.

Desorientados y con tantas posibilidades, conviene ofrecerles tranquilidad y apoyo, así como escuchar sus inquietudes sin juzgarlos.

En el programa Contacto (Centro de Atención a Aspirantes), de consejería y orientación para estudiantes, su coordinador, Fernando Lozano, ve como llegan jóvenes que no saben lo que van a estudiar y padres preocupados porque sus hijos se inclinan por carreras como Literatura, Filosofía o Música. También acuden profesionales que aunque ya tienen trabajo no se sienten felices con su elección. “El problema es que de 10 alumnos, cuatro toman la decisión desde el miedo y lo ideal sería que salieran profesionales cultivados por el ‘enamoramiento’. La universidad debe ser un lugar para ir a soñar”, sostiene Lozano.

A su juicio, se trata de una situación compleja, aunque muchos dicen que decidir sobre una oferta amplia no es un problema, pero esto sucede es si se le ha trabajado al alumno desde su corazón, desde el alma. “Entenderse como ser humano es el reto del proceso educativo. No se trata de sacar alumnos que resuelvan ecuaciones, pero de entender la vida, poco o nada sepan”, comenta.

La decisión es emocional

“Conocerse a sí mismo permite descubrir dones. No solamente para qué soy hábil, ni qué es lo más conveniente dentro de una lógica económica. Lo mejor que le puede pasar a un individuo es que se junten pasión y habilidad. Así, no significa que si yo soy diestro para algo o tengo las mejores notas en un área, elija bien mi profesión”, enfatiza.

El 95% de las decisiones es emocional y desde ahí debe definirse la búsqueda profesional. “¿Qué me apasiona? Esa debe ser la pregunta”, aconseja.

El problema es que los padres, angustiados, esperan que sus hijos tengan casa, carro y beca, en vez de importarles que sean felices y encuentren su lugar.

Los espacios de ocio, por ejemplo, son claves para descubrir los dones, a veces insospechados, que tienen los jóvenes: si cuentan con capacidad para resolver conflictos, si se preocupan por la armonía de los espacios.

“Pero la decisión final es del estudiante; los padres solo pueden acompañar y asesorar, y nunca imponer sus preferencias. Una vez tomada, deben hacerle saber que están a su lado en los pasos que tenga que dar”, recomiendan las psicólogas Ana San Bruno y Esther Arranz.

Desde temprano

La orientación educativa debe empezar lo antes posible y no en grado 11, como sucede generalmente. Inclusive se recomienda hacerla desde cuando el niño ingresa en el colegio, para conocer sus talentos y virtudes e ir clarificando sus intereses. Las actividades extracurriculares también le permiten probar y descubrir sus capacidades, así como con cuáles se siente más cómodo. Poco a poco, el estudiante irá elaborando su proyecto de vida. No obstante, hay que estar abierto a todas las posibilidades.

Según las psicólogas, son tres los factores a valorar en la elección de una carrera: en primer lugar, están los aspectos individuales; no basta con que el estudiante tenga interés en una carrera y se identifique con ella, sino que, a partir de esos intereses y del conocimiento de sus habilidades, potencialidades y competencias, tome una decisión consecuente.

En segundo lugar, están los aspectos sociales y del entorno: conocer el mercado laboral, cuáles son las áreas de mayor desarrollo, las que generan mayores empleos y las exigencias que ese mercado impone.

Y, en el tercero, los aspectos económicos: las condiciones económicas de la familia, las oportunidades para pagar los estudios y lo que eso significa en inversión y en sacrificio para todos. Además, es importante conocer los programas de becas y créditos que existen para financiar los estudios superiores.

Sin embargo, las expertas enfatizan en que la actualidad laboral no debería ser la razón para elegir una carrera; es mejor elegir la opción que sea más motivante para el alumno, frente a la que sea más adecuada para el contexto laboral.

Tampoco deben estudiar la carrera que sus padres quieran para ellos o la que no les parezca solo por contrariarlos. Estas situaciones pueden terminar en el abandono de los estudios o en infelicidad laboral. “Al igual que los padres tomaron (o no) la decisión sobre su futuro en un determinado momento, deben dejar que sus hijos hagan lo mismo y no intentar que repliquen la vida que ellos han tenido. La felicidad que ha podido alcanzar el progenitor con la decisión que tomó, no tiene por qué ser la misma para el hijo, pues en este caso habrá sido una decisión impuesta”, coinciden las psicólogas.

A pesar de recibir orientación vocacional por parte de sus padres u orientadores, es posible que muchos jóvenes se sientan inseguros antes de comenzar la universidad y decidan esperar antes de decidir qué quieren hacer. Esta decisión, en ocasiones, permite al adolescente definir qué quiere hacer y puede emplear ese tiempo en estudiar un curso de algo que le guste. Este espacio debe considerarse como un año invertido, en lugar de perdido.

Las claves

Según Fernando Lozano hay tres pasos claves en la orientación a los jóvenes: claridad, que significa un trabajo sobre sí mismo deseado. Implica esforzarse, cambiar la rutina y la lógica del facilismo. Decisión, que es el trabajo emocional para enamorarse: conocer es la vía fundamental para el amor. Y, por último, el paso final es un acto por la realización, por el deseo profundo de la construcción del sentido de la vida. Un largo camino que debería empezar en la niñez.

RECUADRO

Errores frecuentes

Se calcula que uno de cada tres estudiantes no termina la carrera. La falta de motivación y encontrarse con una realidad que no se ajusta a la carrera imaginada suelen ser las causas más frecuentes. Vale la pena prestar atención a los errores más comunes:

– No tener suficiente información. Muchos adolescentes deciden qué estudiar sin conocer bien la carrera, su posible futuro laboral o cómo está enfocada en la universidad que han elegido.

– Estudiar sin motivación: ir a la universidad no es obligatorio. Cuando se elige una carrera, debe ser algo que apasione.

– No valorar todas las alternativas: es importante contar con toda la información para poder tomar una decisión acertada.

– Elegir en función de lo que dicen o hacen los demás.

– Basar la decisión en lo que es más fácil o cómodo o lo más difícil.

– Pensar solo en las oportunidades laborales sin olvidar lo que se siente.

– Decidir de afán. Tomar buenas decisiones requiere tiempo y dedicación.