Promoción de la actividad física

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La actividad física hace parte del desarrollo integral del niño. Se define como cualquier movimiento corporal asociado con la contracción muscular que aumenta el gasto de energía por encima de los niveles de reposo. Por su parte la Organización Mundial de la Salud se refiere a ella como “todos los movimientos de la vida diaria, incluyendo el trabajo, la recreación, el ejercicio y las actividades deportivas”.

La actividad física es tan importante en la vida de las personas como la alimentación o el sueño. La realización de esta requiere energía que puede obtenerse tanto de la vía aérobica como de la anaeróbica. La primera se usa en actividades de baja a moderada intensidad que se realizan en un tiempo prolongado como caminar o trotar suavemente. Por el contrario si la actividad exige un esfuerzo máximo durante un periodo corto de tiempo como el levantamiento de pesas o el salto, se utiliza la vía anaeróbica que consume ATP y Fosfocreatina.

Entre las consecuencias benéficas de la actividad física están:

  • A nivel cardiovascular, aumenta el volumen cardiaco, mejora el transporte de oxígeno y la tolerancia al acido láctico, disminuye los niveles del colesterol total y aumenta los del colesterol HDL (proctector). Promueve los niveles normales de presión arterial.
  • A nivel respiratorio, aumenta la capacidad vital, el volumen respiratorio, la captación de oxígeno y además disminuye la frecuencia respiratoria
  • En el sistema musculo-esquelético produce hipertrofia y aumento de la fuerza muscular, además de la reserva energética y la movilidad funcional. Los huesos tienden a aumentar en volumen y espesor.
  • A nivel endocrino, disminuye los niveles de glucemia y genera un efecto protector frente al síndrome metabólico y produce picos de secreción de hormona de crecimiento, sin evidencia clínica clara de aumento adicional de la talla.

La promoción de la actividad física como hábito saludable y responsable debe hacerse tempranamente en la niñez, donde le ejemplo de los padres constituye un elemento fundamental. Los expertos recomiendan que a partir de los dos años de vida se realice en los niños y niñas un promedio de actividad física de moderada a vigorosa, incluyendo el juego, durante un mínimo de 60 minutos, ojalá en su mayor parte de tipo aeróbico. Se prefieren las actividades en grupo al aire libre, en un entorno físico adecuado y sin peligro, asegurando un buen aporte de líquidos para mantener la hidratación sobre todo cuando la actividad es intensa y el ambiente caluroso. Todo lo anterior debe acompañarse de una alimentación variada y equilibrada, también primordial para la promoción y el mantenimiento de la salud.

La lucha contra el sedentarismo, un azote de nuestro tiempo, debe iniciarse tempranamente en la niñez, pues su consecuencias pueden tener implicaciones presentes y futuras para la buena salud de las personas.

Para concluir, se debe tener presente que lo aquí referido a actividad física en su iniciación es diferente de la práctica deportiva formal, pues esta como componente de la actividad física solo se recomienda a una edad cronológica de siete a ocho años, cuando el niño y la niña hayan adquirido las habilidades motrices necesarias.

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