Prevención del alcoholismo

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En el contexto de la promoción de hábitos responsables para la vida, la educación en salud se convierte en un bastión fundamental para la prevención del alcoholismo. El aprendizaje para la toma de decisiones, la resistencia a la presión de grupo y la promoción de valores deben constituirse en objetivos determinantes de la prevención.

La dura realidad es que muchos niños y adolescentes prueban el alcohol desde el colegio y la universidad, mucho antes de la edad en que ello es considerado como legal. De ahí la importancia de una intervención educativa temprana relacionada con el conocimiento de los efectos nocivos de la ingestión de alcohol, de tal manera que tanto niños como niñas tengan la capacidad suficiente para negarse a consumirlo cuando, irresponsablemente alguien se los ofrezca.

No está por demás recordar que los efectos a corto plazo del consumo de alcohol incluyen trastornos de la visión, la audición y la coordinación motriz, así como percepciones y emociones alteradas asociadas con perturbación del discernimiento. Todo ello puede generar lesiones físicas no intencionales y comportamientos de riesgo, como la práctica de sexo inseguro o el consumo de alucinógenos.

Los expertos proponen que desde edades tan tempranas como la comprendida entre los cuatro y siete años se dialogue tanto con niños como con niñas sobre la importancia de mantenerse sanos y evitar sustancias que puedan afectar negativamente su salud. La etapa entre los ocho y los once años se considera fundamental para comentar abiertamente la información relacionada con el consumo de alcohol y sus efectos, teniendo en cuenta que a este edad los niños son muy influenciables por sus amigos y por ello hay que empoderarlos, para que piensen como individuos y estén en capacidad de oponerse a propuestas inadecuadas.

En el período de la adolescencia hay que reforzar lo enseñado, pues durante esa etapa es mayor la posibilidad de asumir conductas de riesgo, que asociadas al proceso de autoafirmación que viven los adolescentes, hacen que ellos asuman actitudes desafiantes ante las instrucciones de los padres. En este refuerzo se deben incluir mensajes sobre la capacidad de decir no y de evitar todas aquellas situaciones que constituyan amenazas para la integridad física y la salud.

A los padres se les recomienda que estén al tanto de los lugares a donde van sus hijos, que conozcan a los padres de sus amigos y que se aseguren siempre de disponer de un canal de comunicación efectivo con ellos: nunca se insistirá lo suficiente en que los padres deben constituirse en un ejemplo a lo largo de la crianza, lo que incluye la abstinencia o, en su defecto, el uso responsable de las bebidas alcohólicas.

Juan Fernando Gómez Ramírez
Pediatra puericultor

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