Preparándose para vivir con un nuevo ser

Preparándose para vivir con un nuevo ser

“Uno no escoge el país donde nace, pero ama el país donde ha nacido. Uno no escoge el tiempo para venir al mundo, pero debe dejar huella de su tiempo. Nadie puede evadir su responsabilidad. Nadie puede taparse los ojos, los oídos, enmudecer y cortarse las manos. Todos tenemos un deber de amor que cumplir, una historia que hacer una meta que alcanzar. No escogimos el momento para venir al mundo: ahora podemos hacer el mundo en que nacerá y crecerá la semilla que trajimos con nosotros”.

Gioconda Belli

El nacimiento de un bebé cambia no solo la vida de sus padres, sino también la de toda la familia que debe prepararse para recibirlo. Cada uno juega un papel importante, por eso la comunicación es clave.

Por: Carmen Escallón Góngora
Pediatra y terapeuta familiar
Universidad de Cartagena

• Llega un visitante para quedarse. Su venida está enmarcada en un sinnúmero de sentimientos por parte de sus padres, desde la alegría infinita, hasta el miedo en todas sus formas. Es un visitante exigente, nuevo, cuyas costumbres son desconocidas. Sobre él se habla mucho, la familia se lo imagina, sueña con él, pero no tiene la certeza de cómo serán sus ojos, su cara… Por otra parte, en el rincón más apartado del corazón de los padres existe un temor de que esté deformado o enfermo, que requiera una atención casi desconocida y empiece a complicar a la familia.

• Este visitante es justamente un recién nacido. Entonces, toda la familia debe alistarse para la llegada. La madre empieza los preparativos: su cuerpo y su vida, para recibir a su hijo. El embarazo de una mujer es el embarazo de la familia, alrededor del cual se tejen los sueños e imaginarios de la pareja, los abuelos, los hermanitos y hasta de los amigos. Desde el momento en que la mujer se sabe embarazada, su vida empieza a someterse a numerosos cambios: su forma de ver el mundo, su cuerpo y hasta sus percepciones.

• Las caderas de la mujer se vuelven anchas, constituyéndose en un símbolo femenino de la dadora de vida. Este ensanchamiento de la pelvis permite el nacimiento de hijos. Los senos cambian, las areolas se oscurecen, se agrandan para que así ella asuma su función de nutridora de la vida, de la que alimenta, de la que está dispuesta a dar.

• El hombre se prepara para acompañar en lo cotidiano a esta mujer que se transforma. Aprende que el cuerpo de la mujer que lo acompaña se muta para dar vida. No hay cuerpo más erótico que aquel que es capaz de hacerse otro para permitir el alojamiento y crecimiento de su hijo. El hombre entonces ajusta su sexualidad, según lo que se llama la sexualidad de la pareja gestante, por lo que debe entender las transformaciones y ritmos de su pareja. El hombre también está en gestación; algunos cambian sus hábitos, gustos, ciclo de sueño y otras percepciones.

• Toda la familia se prepara para la visita. Los abuelos hablan acerca de su nuevo rol, de los cuidados que tendrán que compartir con los padres, de la participación en los cuidados de los primeros días, etc. Los abuelos se modifican y se empiezan a reconocer en su función de abuelidad desde los primerísimos momentos de la gestación. Algunos deben destinar dinero y tiempo para viajar desde los sitios donde habitan. Casi siempre la presencia de los abuelos es una fortaleza para la llegada del nuevo ser.

• Los hermanitos experimentan verdaderas crisis al enterarse de la llegada de este nuevo visitante, medio intruso, medio extraño. Los niños se incomodan por los cambios que experimenta el cuerpo de mamá, pues en muchas ocasiones, y sobre todo al final de la gestación, ella no los puede alzar y no puede hacer determinadas actividades. Esta situación genera en los pequeños sentimientos de rabia y tristeza, hasta llegar a aceptar esta condición y disfrutarla. La forma en que se viva la gestación por parte de los padres es determinante para que los niños así la vivan.

• La familia se prepara para la elección del nombre del nuevo niño. La participación de todos en esta actividad es determinante para el futuro de la familia. Involucrar a los niños en los preparativos de la llegada del nuevo ser, disminuye en ellos la ansiedad y aumenta los sentimientos de seguridad.

• La casa también participa de la espera y así como la madre teje cada hilo de la canastilla para el recién nacido, así participan todos, hasta los amigos. Se deben reacomodar las personas para abrirle espacio al nuevo visitante. Se deben ajustar los espacios para permitir durante esos primeros días la presencia de miembros de la familia extensa. Muchos deben cambiar de casa para garantizar los cuidados óptimos del nuevo miembro. La preparación de la parte económica es un factor importante, ya que los gastos de esos primeros días son altos.

• Todos estos cambios se viven como una crisis, palabra que en el idioma chino se compone de dos ideogramas que significan peligro y oportunidad. Toda crisis es una situación difícil o peligrosa que se puede convertir en una oportunidad para crecer o en un riesgo para involucionar. Ante la crisis, la familia debe buscar recursos entre ellos mismos; uno de estos es la comunicación abierta entre sus miembros. Hablar y compartir lo que están sintiendo, aunque sean sentimientos que se suelen llamar negativos, favorece la resolución de la crisis. Esta comunicación activa, clara y honesta servirá para disminuir la ansiedad y acercar a la pareja. Otros recursos interesantes en esta época para la familia son los abuelos, la familia extensa y los amigos. El equipo de salud también ayuda en la toma de decisiones y educa acerca de las funciones de los distintos miembros de la familia. Por su parte, el sistema religioso, así como los grupos de la comunidad, ayudan a que la espera y los preparativos sean adecuados y óptimos.

Recomendaciones

• Cuando la pareja se entere de la llegada del nuevo ser debe iniciar una comunicación permanente, expresando todos los sentimientos.

• Informen a los demás hijos acerca de la llegada de un nuevo hermano de una manera clara y sencilla.

• No excluyan al padre o hermanos de los preparativos para la llegada de un nuevo ser.

• Hablen, como pareja, acerca de la sexualidad y los cambios que la gestación implica.

• La mujer deberá mirar su cuerpo y aprender a descubrir la maravilla de procrear, alojar y hacer nacer una nueva vida.