Por qué son tan hipersensibles

Algunos padres los ven como niños frágiles, sus compañeros se burlan de ellos porque les afecta todo lo que pasa a su alrededor hasta el punto de revelar sus sentimientos en cualquier momento, lo cual no siempre es bienvenido. Pero es que lo suyo no es la indiferencia. Se trata de los niños sensibles, un rasgo de la personalidad con el cual se nace, pero que se expresa de formas distintas, de acuerdo con la relación con los padres, el entorno y las experiencias de socialización.

Pero, ¿cuáles son las características de un niño sensible? Según la psicóloga clínica Beatriz Parra, hay dos clases de sensibilidad: la primera, es un proceso de percepción en los niños, algunos dicen que se trata de un sexto sentido; y la otra, se refiere a los niños más ‘débiles’, que suelen ser así por el manejo inadecuado del ambiente en el que viven.

Su conducta con frecuencia es reforzada por los padres que los sobreprotegen y les impiden hacer cosas por temor a que se lastimen. “Suelen decirles: ‘no lo hagas’, ‘cuidado te caes’ y les facilitan todo, al punto de que cuando están frente a un problema, no saben cómo resolverlo solos, pues les hace falta la ‘sombra’, el ‘bastón’. Lo peor de eso, es que pueden llegar a la adolescencia con una autoimagen negativa”, enfatiza la psicóloga. “Si el niño llora encerrado porque le dicen que no, es probable que tampoco tolere que lo despidan de un trabajo en la edad adulta o cosas tan simples como que los demás no hagan lo que él quiere”, agrega.

Y si los demás se lo refuerzan en público, mucho peor, pues el niño creerá que no puede y que no es capaz porque es lo que siempre le están transmitiendo.

Desde temprana edad, los niños sensibles tienen una percepción muy desarrollada de su entorno y también emocional. Se fijan en todo lo que les dicen sus padres; en cómo los saludan, en si les sirvieron la comida de primeros o al final, y eso hace que sufran porque interpretan los gestos y el lenguaje corporal de quienes les rodean. Por eso, no es raro que busquen gratificación, sean afectuosos y pidan abrazos y contacto físico para tranquilizarse.

Verdaderos artistas

Se dice que los niños sensibles tienen más inclinación hacia el arte, la música, son generosos, compasivos y se recomienda que sus familias los apoyen en esas habilidades. Así mismo, perciben los colores, los aromas y se fijan en los detalles. “Por ejemplo, pueden decir que no se ponen un suéter porque tiene una mota”, dice la psicóloga. En cambio, suelen no ser tan buenos para los deportes fuertes como el fútbol. Es normal que luego de la primera caída no quieran volver y si los padres les insisten, armen un drama. En esos casos también sus pares suelen rechazarlos porque dicen que si los rozan, lloran, y no les dan
la oportunidad de jugar.

Algunos padres y adultos por hacer que sus hijos sean fuertes, los exponen a situaciones estresantes, que causan más inseguridad.

No cometa los siguientes errores:

• Corregirlos en público con términos desobligantes.

• Preguntarles con insistencia por qué se sienten así, por qué lloran por todo.

• Mostrar excesiva preocupación por cómo se siente el niño ante cualquier tipo de fracaso.

• Reprimirles a la hora de expresar sus emociones.

• Sobreprotegerlos para evitar que sufran.

• Pensar que no es cierto lo que el niño está sintiendo y que solo lo hace por manipular o por llamar la atención.

• Evitarles a toda costa el sufrimiento.

• Acompañarlos siempre para que no se sientan solos, débiles o perdidos.

Algunas estrategias

Aunque cada niño es diferente, estos son algunos consejos de los expertos que pueden ayudar en el manejo del niño sensible:

• Respiración profunda: lo ayudará a relajarse y a pensar con claridad.

• Razonamiento: conversar con ellos sobre las razones de su llanto (en privado) y darles ideas para evitar la misma situación que causó el llanto.

• Afecto: dele abrazos y besos, de manera que el niño se sien- ta seguro y en confianza.

Niños más fuertes

Se dice que la sensibilidad de los niños se hereda de los padres, a quienes también les cuesta trabajo ser fuertes pero, también, tiene que ver con el me- dio. De ahí la importancia de buscar una atención oportuna que, sin forzar los rasgos de la personalidad, haga énfasis en el manejo de las relaciones sociales.

Para eso, es clave que los hijos tengan una excelente comunicación con los padres, que puedan contarles lo que les pasa y que nunca se sientan presionados a aceptar algo que no quieren hacer.

Cuando un niño es sensible, es importante averiguar por qué llora. “Llorar es la expresión física de algo que no se ha podido decir”, asegura Beatriz Parra. “Por eso, en las intervenciones lo que se busca es conocer la causa por la cual no lo ha podido exteriorizar. El primer paso es no reforzar el llanto con preguntas o advirtiéndole que alguien lo mira, sino hacer un cambio de tema para que se salga de la situación que lo agobia. Dentro de lo que se le enseña es a que no magnifique el problema y que no piense siempre lo peor”, aconseja.

La seguridad en sí mismo es lo más importante y el desarrollo de estrategias para defenderse; si el niño llora no hay que llamarle la atención delante de otros, un error común en los adultos, o decirle que “los niños no lloran”, pues en lugar de disminuir esa conducta, lo vuelven más débil. Lo que se busca es ayudarle a controlar sus emociones para que tenga una actitud más tranquila y equilibrada.
Algunas veces se quejará y dirá que no quiere ir al colegio, pero en vez de regañarlo conviene buscar ayuda profesional. Algunas de las estrategias que se utilizan, según la psicóloga, son que aprenda a respirar, que contenga el llanto y que cambie de ambiente.
Y, ¡ojo!, porque si permanece solo y no le gusta compartir, conviene trabajar en su autoimagen y en que vea todo lo positivo que tiene. “Es un trabajo de mucho cuidado, pues hay niños que son más sensibles por otra razón. Y es que no encuentran su identificación sexual, lo cual solo se puede diagnosticar después de los 18 años cuando ya tienen una madurez emocional”, comenta Parra. Cada niño es un mundo distinto y lo importante es encontrar las estrategias adecuadas para el manejo de cada caso. Pero es claro que el primer remedio es el amor de los padres.

 

Por: Ana María Gómez Campos

Con la asesoría de Beatriz Parra
Psicóloga clínica especialista en niños y adolescentes