¿Por qué lloran tanto?: ansiedad materna, una de las causas

Por qué lloran tanto

Por: Juan Fernando Gómez Ramírez
Pediatra y puericultor 

La Real Academia Española de la Lengua define el llanto así: “Efusión de lágrimas acompañada frecuentemente de lamentos y sollozos”. Son muchas las causas que pueden ocasionar llanto en el niño, como la aflicción, el hambre, el frío y la necesidad de hacer sentir ante los demás su presencia. No obstante, cuando este se vuelve excesivo, es importante saber qué lo origina.

La llegada del hijo produce una verdadera sacudida en la estructura familiar que hace necesario desarrollar una serie de conductas adaptativas por parte de los padres. Una de las situaciones que con frecuencia alteran este equilibrio inicial la constituye la conducta de un niño irritable y llorón.

Existe una evidencia creciente de que el llanto del niño desde la etapa de recién nacido hasta los dos años, es un importante elemento de diagnóstico pediátrico. Las condiciones de dependencia propias del recién nacido hacen necesaria la utilización frecuente del único medio de comunicación que tiene: el llanto.

En un estudio ya clásico, realizado por el notable pediatra americano T. Berry Brazelton, se analizó un grupo de recién nacidos normales en cuanto a la frecuencia y duración de los episodios de llanto en las primeras semanas de vida. Este autor encontró que hacia la segunda semana la duración promedio del llanto fue de dos horas por día con un aumento progresivo a tres horas hacia la sexta semana y un promedio de una hora diaria hacia los tres meses y subsiguientes. Los episodios más frecuentes de llanto se concentraban en las horas comprendidas entre las 6 y las 11 p.m.; este es el período cuando el padre llega a la casa, la madre está más cansada físicamente y los otros hermanos hacen demandas mayores.

El llanto normal es uno de los indicadores de la maduración del niño. Usualmente es un llanto estructurado, rítmico. Por el contrario, en el llanto anormal se derrumban estos parámetros y se cambian los sonidos rítmicos por quejidos, pujos y chillidos.

Clasificación del llanto

El pediatra colombiano Ernesto Plata Rueda definió tres clases de llanto: el fisiológico, el excesivo secundario y el excesivo primario.

Llanto fisiológico

Es aquel mediante el cual el niño manifiesta una necesidad, como falta o exceso de abrigo, hambre, prurito.

Este llanto será normal en duración e intensidad, si la petición es entendida y atendida por los padres, y se convertirá en excesivo, si dicha petición no es resuelta en forma pronta y adecuada.

Llanto excesivo secundario

Es el llanto al cual se le encuentra una causa. Es importante, dentro de este grupo, reconocer el llanto agudo que se presenta en un niño habitualmente tranquilo y al cual es obligatorio buscarle pronto su origen como, por ejemplo, una hernia estrangulada, una otitis media, invaginación intestinal (que se produce cuando una porción del intestino se introduce dentro de otra) o algún accidente como la compresión o pellizco de un dedo, entre otros.

Aparte, se han postulado factores de tipo extrínseco e intrínseco en la etiología del llanto excesivo secundario, los cuales se indican a continuación:

  • Factores extrínsecos: entre estos están los relacionados con el alimento, como una escasa producción de leche materna; o la utilización de horarios rígidos para la alimentación al desconocer las variaciones en el vaciamiento gástrico del niño. También se reconocen como factores de tipo extrínseco la alergia a la proteína de la leche de vaca y la intolerancia a la lactosa por las manifestaciones de tipo doloroso abdominal que suelen acompañarlas.
  • Factores intrínsecos: se incluyen los relacionados con la esofagitis por reflujo y la inflamación de la región del ano y el recto; también los trastornos de la micción en lo referente a la fuerza, continuidad, intermitencia y goteo del chorro de orina.

Llanto excesivo primario

Este describe episodios de llanto que tienen una duración de más de tres horas al día y que se presentan en más de tres días a la semana, sin que se les encuentre la causa. El llamado “cólico infantil” podría incluirse dentro de las causas. Este es un cuadro caracterizado por episodios de llanto excesivo acompañados de gran actividad motriz y patrones alterados del sueño y la alimentación. Se inicia a partir de la segunda o tercera semana del nacimiento y desaparece en forma abrupta y espontánea hacia el tercer mes.

La mayoría de los estudiosos de este tema atribuyen el origen del cólico infantil no a causas orgánicas, sino a un mecanismo de interacción de comportamientos entre el niño y la madre. La ansiedad materna desempeña un papel fundamental en la génesis de este trastorno, pues los niños perciben la tensión de los brazos que los cargan. En el manejo y prevención de esta alteración, es fundamental por parte del médico aclarar a los padres que el llanto es el lenguaje primario del niño, que casi siempre transmite una petición por parte de él y que la atención rápida de ésta trae como consecuencia la cesación del llanto y la disminución de su intensidad en edades posteriores. Es cruel dejar llorar a un niño y solo sirve para convertir un llanto normal en anormal.

Con el llanto, el niño busca frecuentemente contacto y arrullo. Hoy se considera que el niño puede y debe permanecer en estrecho contacto con su madre durante las primeras semanas y que ello resuelve muchos problemas de llanto. De igual manera, y contrariando ideas obsoletas, está demostrado que el cargar y arrullar a un niño durante los dos primeros meses de vida por un período no menor de tres horas diarias reduce en un 50% la duración del llanto durante los primeros meses de vida, sin que por esta costumbre los niños se malcríen.

La prevención del cansancio materno, aumentado por el insomnio y la inseguridad, es primordial en el proceso de evitar la aparición del llama- do cólico infantil.

¿Qué hacer?

Una guía para el manejo del llanto excesivo del niño por parte del médico y de los padres es:

  • Dar seguridad en el sentido de que el niño no presenta una enfermedad real.
  • Explicar el llanto como único lenguaje del recién nacido.
  • Resolver las necesidades primarias que usualmente producen llanto (frío, hambre, calor o dolor).
  • Utilizar por poco tiempo un chupo de entretención si se manifiesta en el niño la necesidad excesiva de succión. Esto podría ayudar a mitigar las crisis de llanto, pues no en vano a este elemento se le denomina pacifier (pacificador) en la lengua inglesa.
  • Aclarar a los padres que el uso de medicamentos no ha demostrado ningún efecto benéfico significativo en estos casos, entre otras razones, por la lentitud de su acción.

    Como reflexión final, quedan muchas cosas por aclarar en el origen del llanto excesivo. Es muy posible que se trate de una falta de entendimiento entre lo que el niño quiere y lo que los padres creen que necesita.