Por jóvenes libres de alcohol

Por jóvenes libres de alcohol

Suena increíble, pero los primeros en poner el licor al alcance de sus hijos desde la niñez son los padres, principalmente. El 86% de los estudiantes ha bebido en casa. Y si los más cercanos no los protegen, ¿entonces quién?

Por: Ana María Gómez
Con la asesoría de Carolina Piñeros,
directora ejecutiva de Red PaPaz y
Olmedo Vargas Hernández, director del IDEP

 

Suele pasar que las fiestas colombianas no son fiestas si no hay licor. Es innegable que en el país existe toda una cultura alrededor de las bebidas alcohólicas y podría decirse que son contados los niños que no han crecido viendo beber a los adultos en todas las celebraciones. “Consumimos antes de la mayoría de edad y nunca nos ha parecido ilegal porque la costumbre viene desde generaciones atrás. Además, nuestros hijos reciben modelos de los medios como: ‘no hay límites’, ‘hay que divertirse y probarlo todo’, un mundo que no es el nuestro y que pretende imitar el de la rumba de lugares como Ibiza”, opina Carolina Piñeros, directora ejecutiva de Red PaPaz.

Las cifras son preocupantes: Colombia es el primer país en Suramérica en consumo temprano de alcohol (ONU, 2006). El 86% de los jóvenes ha tomado licor alguna vez en su vida, 67% en el último año, 28% en el último mes y 13% en la última semana. La edad de inicio es a los 11 años y cerca del 10% empieza a consumir antes de los 10 años. La tendencia es a embriagarse en el 45,1%, según el estudio Consumo de alcohol en adolescentes. Corporación Nuevos Rumbos 2008, Dr. Augusto Pérez Gómez. Al respecto, Olmedo Vargas Hernández, director del Instituto para la Investigación Educativa y el Desarrollo Pedagógico (IDEP), sostiene  que en el inicio temprano en el consumo de alcohol hay tres variables: las fiestas familiares con borrachera incluida, la situación de transición de la niñez a la adolescencia, una edad complicada en la que hay que prestarle mucha más atención al niño y al grupo de amigos, que tiene una clara influencia en esta etapa de la vida (presión de grupo).

A estas circunstancias se añaden factores socioambientales como los entornos problemáticos o conflictivos, los espacios de socialización, la rumba, la calle, la falta de aprovechamiento del tiempo libre y la ausencia de los padres en casa, de acuerdo con el estudio Estupefacientes y convivencia escolar 2011, del IDEP. Se suma, de igual forma, el fácil acceso a sustancias como el alcohol y el cigarrillo, que por ser lícitas, se venden de manera más abierta a los jóvenes, aunque estén prohibidas para menores de 18 años.

Existen incluso lugares para consumir, según el estudio: “En las chiquitecas, uno ve por lo menos 300 muchachos saliendo; allí les venden alcohol y dicen que no, pero uno sabe que sí”, comenta uno de los adultos encuestados, quien solicitó la reserva de su nombre. Si bien la Ley 124 de 1994 prohíbe el expendio de bebidas embriagantes a menores de edad, el 87% de los adolescentes asegura haber adquirido trago, sin ningún problema, en tiendas; el 54% en supermercados, y el 55,6% en las cigarrerías. Esto cuando no es en su propia casa. Otro de los medios usados son las invitaciones a rumbas, a través de las redes sociales.

Los jóvenes llegan a estos locales seguros de que no les pedirán documentos. Se ha encontrado, además, que algunos administradores de bares y tabernas ofrecen comisiones a menores de edad, por cada cliente nuevo, de acuerdo con Piñeros. También suelen entrar a los bares con contraseñas falsas de la cédula. El estudio encontró que uno de los problemas de los jóvenes es la pérdida del referente de la autoridad. Con el tiempo las relaciones se han ido transformando así como las características de las familias contemporáneas: las jornadas laborales son cada vez más largas y los dos padres deben trabajar, por eso los niños se quedan solos.

Y con las separaciones, debido a que uno de los padres falta, en muchos casos son terceros los que asumen su labor de cuidado (abuelos y vecinos). Así es como los docentes del estudio coinciden en que: “Cuando están sin la posibilidad de alguien que sirva de guía y orientación aparecen como una población vulnerable a riesgos”.

Padres ‘amigos’
Ser padre implica una responsabilidad grande, pero lo que evidencia la realidad es la tendencia a no asumirla, sino en el papel de “amigos”, en el cual se borran los límites. Los padres y los adultos son los principales patrocinadores del consumo de bebidas alcohólicas en adolescentes, tanto así que el 42% bebe en compañía de algún familiar. Lo grave es que la Ley de Infancia y Adolescencia (2006) exige que los niños sean protegidos del consumo de bebidas alcohólicas. “Si la norma es incumplida por los propios padres, ¿qué se puede esperar de otros sectores? Esto explica el hecho de que los adultos dedicados al negocio de la rumba vean en los menores un mercado lucrativo”, advierte Piñeros. Por eso, recomienda a los padres hacerles ver a sus hijos que el consumo de alcohol es ilegal e inconveniente para su salud.

Existen alternativas para el buen uso del tiempo de los adolescentes en las que hay que ser creativos y apoyarse en sus intereses o aficiones en las áreas del deporte, el arte y la cultura. También es importante estar dispuesto a invitar a la casa a los amigos, prepararles una comida rica y decir sí a opciones como ver una película o bailar en un ambiente sano. “Hay que brindarles espacios y autonomía, pero sin riesgos”, aconseja. En la familia lo más importante es brindarles tiempo de calidad y buen ejemplo.

Los peligros de los tragos

El consumo de alcohol trae graves consecuencias físicas y emocionales en niños y adolescentes:
• El desarrollo cerebral termina a los 20 años y el consumo temprano de alcohol va en contra de los procesos de memoria, juicio, atención, aprendizaje, control de impulsos y de la capacidad de resolver problemas.
• El alcohol disminuye el rendimiento intelectual y aumenta el riesgo de involucrarse en situaciones violentas y delictivas.
• Hace a los adolescentes más susceptibles a enfermedades e infecciones.
• Les impide una buena absorción de nutrientes en el intestino delgado, por lo que afecta su crecimiento y desarrollo.
• Puede causar intoxicación aguda o embriaguez. A mayor cantidad de alcohol ingerido, más descoordinación motora, agresividad y episodios de pérdida de conocimiento. La intoxicación etílica grave puede desembocar en coma e inclusive en la muerte.
• El alcohol genera una sensación de euforia y falsa seguridad que conduce a asumir riesgos.
• Afecta la expresión de los sentimientos e influye en un ejercicio inadecuado e irresponsable de la sexualidad, aumentando el riesgo de embarazos no planeados y enfermedades de transmisión sexual.
• Los niños que empiezan a tomar alcohol a edades tempranas tienen cinco veces más probabilidades de padecer enfermedades derivadas de tal consumo en su adultez y cuatro veces más de consumir otras sustancias (www.samhsa.gov).
• El uso de drogas ilícitas en estudiantes entre 14 y 17 años está altamente asociado con el consumo de tabaco y alcohol (Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas, CICAD, 2006).
• El consumo de alcohol repercute directamente en el rendimiento escolar y, obviamente, se asocia con el fracaso.