Pocas visitas, mejor para bebé y mamá

Pocas visitas

La madre no acaba de salir del parto cuando su habitación está llena de visitas para conocer al bebé. Aunque familiares y amigos van con las mejores intenciones, deben saber que es conveniente esperar un tiempo prudente de por lo menos un mes para hacer la visita o preguntar, antes de ir, si son oportunos.

Por: Ana María Gómez Campos
Con la asesoría de Syra Spath,
pediatra especialista en Puericultura,
y Clara Galvis,
pediatra neonatóloga

Madre e hijo deben empezar a adaptarse a su nueva condición a partir del nacimiento. Esos primeros momentos son clave para conocerse, pero por todas sus implicaciones también representan para la madre fatiga y agotamiento, al punto de que para muchas esta se convierte en la etapa más difícil de su vida.

El bebé llora y la mamá no sabe qué hacer; desconoce si las reacciones del niño son normales y siente que tiene una responsabilidad solitaria y estresante, además vive atrasada con todas sus demás tareas. Ni qué decir de la lactancia, que exige una mamá descansada para que todo funcione como debe ser. Y eso no es todo, se mira al espejo y se pregunta cuándo recuperará su figura. Durante estos primeros días es fundamental la ayuda de los seres más cercanos (esposo, padres, abuelos y hermanos) y, por eso, las visitas de amigos, conocidos y parientes lejanos podrían no ser convenientes, al menos mientras se supera el proceso de adaptación.

La experta neonatóloga Clara Galvis, jefe del Departamento de Pediatría y Neonatología del Hospital Militar y presidenta de la Asociación Colombiana de Neonatología, afirma que en los primeros seis meses hay que limitar el contacto con los bebés. El principal riesgo para ellos son los procesos infecciosos, pues su sistema inmunológico no tiene aún la madurez que solo se obtiene con el paso del tiempo y los cuidados de mamá y papá, y puede verse seriamente comprometido.

Al respecto, la pediatra Syra Spath afirma que los niños cuando nacen solo tienen las defensas que la mamá les transmite a través de la leche materna y por vía trasplacentaria. Hacia los nueve meses se producen las defensas propias que maduran hacia los cinco años. “Es indispensable el lavado de manos, el uso de tapabocas y evitar los cambios bruscos de temperatura”, aconseja.

Según Clara Galvis, en las clínicas las unidades de neonatología tienen las puertas abiertas para que los papás puedan entrar a la hora que quiera pues lo que se busca es fortalecer vínculos. Y si bien los allegados permanecen con los padres y el bebé, es mejor no exponerlos ni al ambiente ni a más personas. “Cuando se trata de niños prematuros, más cuidados se deben tener y ni pensar en que los vayan a visitar y exponerlos a procesos infecciosos”, recomienda.

Mejor prevenir que lamentar

El problema más crítico en esta situación se le atribuye al virus sincitial respiratorio, que se disemina fácilmente, afecta los pulmones y las vías respiratorias de los recién nacidos y prematuros y pueden llevar a la dependencia de oxígeno. No son ni el frío ni el aire los que enferman a los niños, sino el contacto con personas que les pueden transmitir infecciones.

Es completamente diferente para un bebé soportar un resfrío durante los primeros días de nacido que hacerlo después del sexto mes. En la etapa neonatal, una infección respiratoria puede requerir hospitalización debido a episodios de apnea (pausas) o paro respiratorio. Cabe mencionar, de acuerdo con el concepto de la doctora Syra Spath, que algunas ciudades tienen mayor riesgo de virus sincitial respiratorio durante todo el año por condiciones climáticas, como las temporadas de invierno y lluvias.

“Pero, no solo se trata de las infecciones respiratorias, sino también de las digestivas. Evitarlas exige un buen manejo de la higiene de las manos y de los    biberones”, agrega la especialista. También se recomienda no llevar al bebé de viaje antes de las primeras vacunas, para evitarle el riesgo de contraer enfermedades que compro- meterían seriamente su salud y que son claramente prevenibles.

Tiempo para recuperarse

De acuerdo con información del Children’s Mercy Hospitals & Clinics, es claro que las madres pueden sentirse agobiadas durante los días posteriores al nacimiento por diferentes situaciones que se salen de lo normal. Los bebés, por ejemplo, se despiertan una o más veces durante la noche principalmente por la necesidad de recibir alimento, razón por la cual la madre no logra conciliar un buen sueño durante varias semanas y esto, a su vez, le impide estar en buenas condiciones de ánimo durante el día para atender visitas o hecer salidas.

La forma de sobrellevar lo mejor posible esta situación puede ser aprovechar mientras el bebé duerme para que la madre también pueda tomar siestas o acostarse más temprano, después de la última comida. Mientras esté descansando déjeles saber a las personas que le colaboran para que no le pasen llamadas y no la despierten de no ser por algo estrictamente necesario. Una mamá que no se cuida, no podrá atender bien a su bebé.

La depresión posparto, otro capítulo

Se calcula, según el Children’s Mercy, que más del 50% de las mujeres sufre algún grado de depresión, al tercer o cuarto día después del parto. Otro aspecto que deben considerar las personas visitantes. Los síntomas de esta condición incluyen llanto, fatiga, irritabilidad y tristeza. Probablemente su causa son los cambios hormonales. Su aparición suele coincidir con el día en que la mamá llega a casa y se da cuenta de que ella es la principal o, en muchos casos, la total responsable del cuidado del recién nacido.

A eso se suma que puede sentirse culpable porque le inculcaron que tener un hijo solo puede traer felicidad y no lo siente así. “En realidad, no debería ser un motivo de preocupación, pues en condiciones normales, los síntomas suelen desaparecer al cabo de una a tres semanas, cuando se equilibran los niveles hormonales”, comenta la doctora Spath.

En ese caso, es la mujer quien decide con quién puede hablar de sus sentimientos y dejar de creer que debe ser la “supermamá”. Le conviene descansar lo suficiente, pedir ayuda en las tareas y empezar a salir de casa.

“La época de la no participación del padre durante esta etapa ya es historia del pasado. No solo la madre necesita que le ayude en las tareas de la casa, sino que al bebé también le conviene tener una relación estrecha con él. El padre tiene que actuar como un sistema de respaldo de su esposa. Tiene que relevarla de sus funciones por la noche para que pueda descansar o hacer otra cosa que la distraiga, aunque sea por poco tiempo”, recomiendan los expertos del Mercy.

El tema de las visitas también tiene mucho que ver con medidas de educación y cortesía, a juicio de la pediatra Syra Spath: “Si a una mamá, además del parto o la cesárea, se le añade el dolor y la congestión en los senos a causa de la lactancia, sobrarán motivos para dejarla descansar un tiempo prudente, en vez de ponerla a atender visitas”. Ella se está adaptando a una nueva situación de vida.

Igualmente, se recomienda evitar bombardearla con consejos y recomendaciones con respecto a la crianza, que funcionen o no, lo único que consiguen es confundirla. Si las mamás tienen dudas es mejor que traten de resolverlas con el pediatra, así evitará agobiarse por las opiniones diversas o contradictorias.

Si llegan…

Razones entonces hay de más para evitar las visitas por lo menos durante el primer mes. Los padres pueden hacerles comprender respetuosa y cordialmente a sus amigos cuáles son dichas razones.

En caso de que lleguen –cabe anotar que en la mayoría de clínicas la entrada a la habitación de la madre es libre– la visita debe ser corta y sin acercarse demasiado al bebé, mucho menos alzarlo y pasarlo de una persona a otra. La medida se aplica a niños y adultos.

Se trata de un período en que el recién nacido es sometido a situaciones nuevas: ruido, luz, cambios de temperatura , etc., y el proceso debería ser paulatino. La idea es que el tiempo durante el cual permanece despierto sea de tranquilidad.