Pataletoso, rabioso y más allá: ¿cuándo y por qué pensar en un trastorno de conducta?

Por: Johanna Carolina Hernández
Pediatra – Magíster en Neurodesarrollo (Universidad CES)
Docente (Universidad de Antioquia), y
Kevin Saldarriaga Bedoya
Estudiante de Medicina e integrante del Grupo de Puericultura
de la Universidad de Antioquia

Todos los padres, sin duda, han tenido o tendrán que vivir en algún momento uno o más de esos eventos inesperados, molestos y frustrantes como son los “malos comportamientos”, entre los que están las pataletas, los berrinches, e incluso conductas que pareciera que alteran las normas, la armonía y la dinámica familiar, y ponen a prueba la paciencia, el propio autocontrol y la autorregulación de los padres.
Sin embargo, pocos se preguntan cuándo estas conductas pueden ser la señal o el indicio de que algo no está bien no solo en la relación padres±hijos, sino también en el desarrollo del niño, y cuándo estas actitudes y comportamientos pasan a un plano más profundo y complejo de la crianza, en donde se hace necesario pedir ayuda porque las acciones del niño y las situaciones vividas dan cuenta de un posible trastorno del neurodesarrollo o de la conducta.
Por ello, este artículo pretende mostrarles a los padres, en el contexto de la crianza humanizada y humanizante que día a día se promueve, algunos de los trastornos de la conducta y del desarrollo que afectan el comportamiento del niño y su respuesta a distintas situaciones en la vida cotidiana. Por lo tanto, los invitamos a conocer los distintos trastornos que reflejan una alteración en el comportamiento para que, de esta manera, puedan tener argumentos que les permitan identificar cuándo puede pasar de ser un simple mal comportamiento a un verdadero trastorno en la conducta y requerir de una intervención experta y multidisciplinaria, y no ser el producto de un carácter fuerte o distraído o un mal desempeño en nuestro rol de padres y acompañantes en la crianza, como en ocasiones lo hemos creído.
Adicionalmente, y como estrategia de aprendizaje para la identificación del trastorno, hacemos la comparación con una serie de conocidos personajes animados, entre los que se encuentra Stitch, protagonista de la serie Lilo & Stitch, teniendo en cuenta que tienen comportamientos afines, lo cual les permitirá hacerse a una idea más representativa de los diferentes trastornos, ya que algunos estudios han logrado determinar el estrecho vínculo que existe entre la representación y ejemplificación con el aprendizaje, e incluso podría ser usado para que los padres junto a los niños logren reconocer esos comportamientos y construyan entre ambos herramientas que mejoren la comunicación y los patrones de conducta, identificando valores en los personajes y, a su vez, en los niños para trabajar en torno a una mejor relación padres-hijos y a la modificación de tales comportamientos disfuncionales.

Trastorno disocial
Es también llamado trastorno de la conducta y, según la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, por su sigla en inglés), es un conjunto de comportamientos que se van agravando y evolucionan hacia la violación de los derechos de los demás, las normas y las reglas acordes con la edad. La prevalencia puede ser de un 2 a 10% y no varía mucho según país o etnia. Es mayor en los niños que en las niñas y debe sospecharse cuando existen conductas agresivas y lesivas en contra de otras personas o animales. Se agrava con la edad, se roba, se engaña o atenta contra la propiedad ajena; los cambios de comportamiento alteran el funcionamiento social o académico y se tiene poca introspección o arrepentimiento.
Stitch es el personaje típico, pues tiene elementos en común como la agresividad, la violencia, la conducta arriesgada, la rebeldía y el comportamiento inadecuado; no obstante, de igual forma, salen a relucir otras características como la valentía, la ternura, la compasión y la bondad.
Es fundamental como padres la observación y consulta en caso de estos eventos, puesto que entre más rápido se haga la intervención será mejor para el niño y la familia. Los padres deben tener claro que la prevención es la herramienta más importante basada en una buena comunicación, hábitos definidos, una crianza positiva cimentada en valores y una disciplina con amor, evitando la coacción, el castigo y la amenaza que solo refuerzan los comportamientos agresivos.
Ver a Stitch y al niño como un personaje con valores, y no solo como un villano, es crucial para destacar las fortalezas y trabajar en las conductas a mejorar. Es una buena estrategia identificar en el niño las características comunes entre el personaje y él, esto es, sus valores y comportamientos haciendo hincapié en que son modificables, y ofreciéndole y enseñándole herramientas para el autocontrol en un lenguaje simple, asertivo y con amor, como lo ha hecho el personaje de Lilo en especial con el ejemplo. Es importante que como padres tengan claro que la razón del diagnóstico e intervención temprana disminuye el riesgo de progresión a conductas delictivas o consumo de psicoactivos en etapas como la adolescente o adulta.

Trastorno negativista desafiante
También llamado oposicional desafiante, se caracteriza, como su nombre lo indica, por un patrón recurrente de conducta oposicionista, negativista, desafiante, desobediente y hostil, dirigido hacia las figuras de autoridad.
Es más frecuente en niños y no hay diferencia entre niños y adolescentes. Se identifica porque al interactuar con personas (que no sean sus hermanos) se enfada o irrita frecuentemente, pierde la calma, se molesta con facilidad, discute y desafía las normas a los adultos, molesta a los demás deliberadamente y los culpa de sus errores, y puede ser vengativo o rencoroso.
Un buen ejemplo para abordar a los pequeños e identificar estas características y trabajarlas sería Melody, la hija de la conocida sirenita Ariel, de la película La sirenita 2. Esta pequeña se caracteriza por su activa actitud de desafío frente a su madre y demás figuras de la serie. Melody ejemplifica varias de las características típicas del trastorno, tales como molestia generalizada, discusión con los adultos, desafío a las figuras de autoridad, resentimiento constante y culpa a terceros; personificándolo de forma apropiada y dimensionando de forma general la importancia del acompañamiento familiar, escolar y de los grupos de edad relacionados con el tratamiento para finalmente potencializar la intervención individual del paciente. Es fundamental que como padres identifiquen estas conductas y comportamientos sin estigmatizar, buscando ayuda profesional para aclarar el diagnóstico y crear herramientas parentales para abordar y trabajar en la modificación de comportamientos desde el amor, el ejemplo y el autocontrol.

Trastorno explosivo intermitente
El trastorno explosivo intermitente (TEI) es un trastorno externalizante, es decir, conlleva patrones de comportamiento disfuncionales, el cual se caracteriza por episodios recurrentes de agresividad producidos por la imposibilidad de controlar impulsos. En Estados Unidos se estima que su prevalencia anual puede ser del 2,7% y se sospecha por frecuentes rabietas o peleas a repetición, la incapacidad de resistirse a impulsos de ira, las explosiones poco comunes y desmesuradas, la baja tolerancia ante situaciones frustrantes, y las explosiones que duran menos de 30 minutos.
El pequeño Jack-Jack, personaje animado de las películas de Disney: Los increíbles y Los increíbles 2, ejemplifica de una muy buena forma a los padres y a los niños acerca de este comportamiento, pues representa los elementos más típicos del trastorno. Aunque es un diagnóstico controversial, es necesaria la intervención temprana y desarrollar estrategias parentales para poder trabajar sus características, en especial los arrebatos recurrentes que reflejan la falta de control de los impulsos de agresividad y que se manifiestan de las siguientes formas: agresión verbal (como pataletas, disputas verbales o peleas), agresión física contra la propiedad, los animales u otros individuos, en promedio dos veces por semana, durante un periodo de tres meses; y agresión física que no causa daños ni destrucción de la propiedad, ni produce lesiones físicas a los animales u otros individuos o, si los produce, son poco frecuentes (tres en 12 meses). La magnitud de la agresividad expresada en el arrebato es desproporcional al factor desencadenante y estos comportamientos no son premeditados, sino provocados por la ira o impulsividad.
Es importante aclarar que la crianza humanizada y humanizante tiene bondades sobre el comportamiento de todos los niños, en el rol de los futuros adultos y en la relación padres-hijos, es por esto por lo que en muchas ocasiones, de acuerdo con nuestra experiencia, podemos reaccionar debidamente o no a los distintos retos de la crianza, pero la parentalidad es un proceso en el que las herramientas y habilidades son moldeables y debemos ante todo tener el conocimiento de donde partimos para saber hacia dónde vamos como padres; por lo tanto, además de la identificación de patrones de conducta disfuncional, es necesario el papel del médico y del psicólogo para los procesos relacionados con el diagnóstico y apoyo terapéutico en los trastornos de la conducta, por lo cual, es de vital importancia que sea un profesional integral, con una adecuada inteligencia emocional, donde predomine la empatía, el conocimiento, la actitud profesional y la capacidad de escucha.
La evidencia científica ha demostrado de forma clara que el entrenamiento en habilidades parentales es fundamental para la prevención y tratamiento de los problemas de conducta o trastornos del neurodesarrollo en los niños; dichas habilidades se promueven en forma grupal y fomentan el desarrollo de capacidades para incrementar interacciones positivas con los niños y favorecer así la comunicación emocional.

Tips para tener en cuenta
(Manual EmPeCemos, Madrid-2013)

  • Acompañe al niño.
  • Aprenda sobre crianza y cómo mejorar sus relaciones parentales.
  • Supervise sus interacciones con otros, en especial las virtuales, y explíquele la importancia de las relaciones seguras y confiables.
  • Felicite a su niño por las conductas positivas, use gestos de aprobación.
  • Comparta actividades gratificantes con sus hijos.
  • Fortalezca vínculos positivos, utilice gestos y abrazos.
  • Establezca hábitos y normas sencillas, pero claras, así como límites acordes con la edad y el contexto familiar.
  • Establezca el autocontrol como base de las relaciones parentales.
  • Controle el estrés y enséñele a manejarlo mediante el ejemplo y técnicas de respiración.
  • Sea mediador en la resolución de conflictos familiares.
  • Comuníquese asertivamente con sus hijos.
  • Fortalezca el vínculo afectivo.
  • Empodere a los niños con tareas sencillas en casa de acuerdo con su edad.
  • Aprenda a unificar conceptos y normas entre los distintos cuidadores.

Por último, no eche en saco roto lo que ha vivido de su rol como padre, aprenda de las experiencias negativas, amplifique sus experiencias positivas, disfrute y utilice lo que aprende para desarrollar una mejor comunicación y una interacción efectiva con sus hijos y trabaje con ellos para mejorar su comportamiento. Recuerde que el conocimiento genera autorregulación e influye en el desarrollo conductual, emocional y social.

Referencias
Imagen Stitch: disponible en https://videojuegos.fandom.com/es/wiki/Stitch
Imagen Melody: disponible en https://co.pinterest.com/pin/441986150922464322/?nic_v2=1a4se4e7r
Imagen Jack Jack: disponible en https://pixar.fandom.com/wiki/Jack-Jack_Parr
Romero, E; Villar, P; Luengo, M; Gómez-Fraguela, J; Robles, Z (2013). EmPeCemos. Programa para la intervención en problemas de conducta infantiles. Disponible en: http://www.web.teaediciones.com/Ejemplos/EMPECEMOS_manual_EXTRACTO.pdf
Vásquez, J; Palacios, L; de la Peña, F; Feria, M. Guía clínica para el trastorno disocial. Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz. México 2010. http://inprf-cd.gob.mx/guiasclinicas/trastorno_disocial.pdf