Padres ausentes/Hijos inseguros

Por: Deixi Fontalvo Díaz
Pediatra neonatóloga

Traer hijos al mundo, en la actualidad, debe ser un suceso planeado y de compromiso en la vida de una pareja. La crianza se ha tornado difícil porque ha sido delegada a terceros, por la imperiosa tarea que los padres tienen de buscar un sustento económico para suplir las necesidades físicas de sus hijos (educación, alimentación, etc.).

Pese a que en nuestro tiempo es casi una utopía por la necesidad de aportar dinero al hogar, lo ideal sería que los primeros cinco años de la vida de su hijo uno de los progenitores pudiera estar presente de manera permanente con él, y, posteriormente, dedicara medio tiempo a ejercer su actividad laboral en correlación con el horario escolar del menor.

El componente emocional y de acompañamiento en el proceso de formación de los hijos ha pasado a un segundo plano y las redes sociales se han tomado la mayor parte de sus actividades.

Hoy en día, se deja poco espacio para compartir en familia, y las anécdotas y experiencias vividas durante el día a día no son expresadas y se convierten en conversaciones enfocadas en situaciones diferentes a las familiares.

Debemos retomar el tiempo de diálogo para ahondar en lo profundo del ser de los chicos, en especial en la etapa de la adolescencia, en donde, por inexperiencia, los jóvenes están propensos a cometer errores y, generalmente, por la influencia de los amigos, se involucran en situaciones complejas que desestabilizan un futuro prometedor (drogas, alcohol, sexo precoz) y que, en algunos casos, tienen desenlaces fatales, como el suicidio.

Por otro lado, actualmente también se está presentando entre las parejas un alto porcentaje de separaciones por incompatibilidad de caracteres o por infidelidades, lo que lleva al desacuerdo permanente entre ellas; la escasa tolerancia que se puede dar en ciertas circunstancias puede desencadenar el maltrato verbal y físico, con la consecuente decisión de terminar el cuento de hadas y es ahí donde inicia la triste historia para los hijos.

Lastimosamente, en la mayoría de las ocasiones, es el padre quien se ausenta del hogar, por lo que, es de resaltar, que en este el hombre brinda cobertura, seguridad, firmeza de carácter y provisión.

La familia experimenta una ruptura y surge la baja autoestima en la persona abandonada, con sentimientos de desprotección, temor a la soledad, depresión, ideas suicidas, y preocupación por el deterioro de las finanzas; y en los hijos, por su parte, se manifiesta la rebeldía, el bajo rendimiento escolar, o la inestabilidad emocional; en pocas palabras, una catástrofe.

Por la construcción de hogares firmes y sólidos

Cuando hay terceros que interfieren en las relaciones, frecuentemente existen hijastros y el rol de padrastro o madrastra se vuelve difícil por el riesgo de maltrato verbal o físico, por la autoridad limitada con los hijos ajenos e incluso por los acosos y abusos sexuales que se evidencian en las estadísticas.

Las mujeres separadas tienen un gran reto para suplir el vacío en el corazón de un hijo; por ello, se deben establecer compromisos donde la relación padre-hijo continúe con estrategias de diálogo, respeto, visitas frecuentes y la participación en fechas especiales para minimizar los efectos a largo plazo.

Desafortunadamente, muchas de las relaciones en este tiempo giran en torno al sexo sin protección, lo que lleva a embarazos no deseados y a uniones por compromiso más que por el verdadero amor; este sentimiento no debe ser egoísta, debe alimentarse día a día para que se avive y no llegue a la decadencia, la monotonía y la rutina.

De igual forma, la avidez por adquirir lo material ha dejado a un lado el cuidar al ser, lo interno, las demostraciones de afecto (besos, caricias, miradas, abrazos), los detalles, las ideas creativas, los momentos a solas. Por tal razón, se hace necesario hacer un llamado para que fluya el amor mutuo, nunca en una sola dirección, el secreto es desechar los pensamientos que te alejan de la pareja y siempre promover la veracidad, la confianza y la transparencia que son el eje fundamental de una relación.

Cuando se valore la familia y Dios sea el centro principal, entonces no habrá tantas madres tristes y decepcionadas, padres que terminan solos al final de sus días o hijos adoloridos, incapaces de construir un hogar firme y sólido.

La invitación es hacia las parejas para que construyan hogares sólidos con cimientos en roca firme, inquebrantables, con una comunicación permanente sin supuestos que generen desconfianza, que formen a sus hijos con sabiduría y temor de Dios, para que se generen mentes y corazones sanos, listos para replicar una familia que enaltezca la sociedad y que, a pesar de las adversidades, no deje apagar el amor.