Orientaciones para los padres – La salud mental en la niñez y la adolescencia

La salud mental es difícil de definir porque tiene que ver con la interacción de factores individuales y sociales. Tampoco es posible trazar una línea divisoria entre el que es sano  mentalmente y el que no lo es, pues la salud mental tiene múltiples matices.

Según algunas enciclopedias, los conceptos de salud mental incluyen el bienestar subjetivo, la autonomía, la competitividad y el potencial emocional entre otros.  La OMS plantea que no existe una definición “oficial” sobre lo que es salud  mental y que cualquier definición al respecto estará siempre influenciada por diferencias culturales, asunciones subjetivas, disputas entre teorías profesionales y demás.

Sin embargo, hay un punto en común en el cual coinciden los expertos “salud mental” y “enfermedades mentales” no son dos conceptos opuestos, es decir, la ausencia de un reconocido desorden mental no indica necesariamente que se tenga salud mental.

Otro aspecto que es necesario mencionar es que la salud mental no se logra mantener durante toda la vida. Es algo que se va construyendo, por lo que hay períodos de la vida en que se altera el equilibrio mental y otros períodos en los que hay armonía.

La salud mental se puede observar en tres aspectos básicos:

  • En la relación consigo mismo
  • En la relación con los demás
  • En la forma en que se responde a las situaciones de la vida

Cuando hay adecuada relación consigo mismo se observa una persona que se siente satisfecha con su forma de ser y su aspecto físico, pues ha construido autoestima, tolera sus fracasos y es capaz de trazarse metas alcanzables.

La salud mental se observa en la relación con los demás cuando la persona logra ser tolerante con las dificultades de los otros, no depende de otra persona para obtener su felicidad, no manipula a los demás ni permite ser utilizado por los otros, es decir, logra poner límites claros y precisos.

La forma en que se responde a las situaciones de la vida permite ver el grado de ansiedad y la capacidad de controlar las reacciones.  Si hay salud mental, la persona no vive angustiada por el futuro o por el pasado, solo vive las circunstancias según van llegando y afronta los problemas sin temores.  Tampoco está culpando de sus fracasos a la suerte o a las circunstancias adversas de la vida.

Los tres aspectos mencionados podrían orientar a los acompañantes de niños, niñas y adolescentes en la crianza para evaluar la salud mental en la niñez y la adolescencia. Pero en la crianza, cuando se busca una respuesta ante la conducta de un sujeto de crianza hay que dirigir primero la pregunta a los adultos acompañantes: ¿cómo está su salud mental?

La vida acelerada y dominada por el consumismo no da mucha oportunidad para preguntarse por la salud mental. Los modelos estereotipados por los medios de comunicación muestran un papel de persona equilibrada, pero en la vida real estos mismos modelos caen en estados depresivos y son desechados cuando no responden a las exigencias del medio.

Los adultos acompañantes cada vez son más complacientes con los niños, niñas, adolescentes y tienen grandes dificultades para poner límites. Las largas jornadas laborales de estos adultos y las actividades de la niñez y adolescencia dirigidas a la informática y menos a las personas hacen que establecer un diálogo entre los actores de la crianza se haga cada vez más difícil.

Cada día es más complicado llenar las expectativas de niños, niñas y adolescentes y adultos, porque la búsqueda de la felicidad se hace afuera y no se piensa que está en el interior de las personas, en las pequeñas cosas de la vida.

En medio de este panorama de la vida moderna, los niños, niñas y adolescentes siguen siendo personas sensatas que comprenden cuándo las cosas no marchan bien y la forma que ellos encuentran para expresar su inconformismo es con comportamientos que sus padres no aprueban.

Este lenguaje infantil no es comprendido en la mayoría de los casos por los adultos acompañantes, por lo que algunos niños son culpabilizados, castigados y a veces medicalizados por  comportamientos que no aprueban los padres o, en el mejor de los casos son llevados a su profesional para que los encamine de nuevo.

Yolanda Giraldo Giraldo
Médica y psicóloga