No hay ira pequeña

Por: Ana María Gómez Campos

Con la asesoría de Isabel Cuadros, psiquiatra

María Elena López, psicóloga de familia, y

Carolina Piñeros, Directora Ejecutiva de Red Papaz

 

Como en los adultos, la ira puede descontrolar a niños y adolescentes y volverlos agresivos, intolerantes a la frustración y hacer que actúen de manera irracional y pasen fácilmente por encima de los demás, entre otras graves consecuencias. Consejos para que aprendan a manejar las rabietas.

 

No es raro ver niños que golpean a otros, tiran puertas, gritan, se revuelcan en el piso si no les dan lo que quieren, rompen los cuadernos y lanzan por los aires lo que tienen a mano cuando no pueden hacer las tareas. Todo por culpa de la ira, que en ningún momento de la vida parece ser buena consejera.

 

Pero, ojo, la ira es una emoción normal que ocurre cuando una persona ⎼a cualquier edad⎼ se siente atacada, a la defensiva o no es atendida, en concepto de la psiquiatra Isabel Cuadros, directora de la Asociación Afecto. “Pero la rabia no se debe suprimir porque condena a la depresión. En los niños, los padres deben ayudarles a que la controlen, no a que la nieguen”, recomienda.

Al respecto, la psicóloga de familia, María Elena López, afirma que: “La rabia es una emoción como la tristeza, la alegría, el miedo. Es parte del universo emocional del ser humano; una respuesta dada por la interpretación que se hace de estímulos del entorno, pero también del interior de sí mismo”.

Este sentimiento se dispara de forma automática ante determinadas situaciones que interfieren con nuestros objetivos. Y como toda emoción tiene una función, en este caso, preparar el cuerpo para el esfuerzo que se necesita en el proceso de vencer el obstáculo. Igualmente, como es una de las emociones más fuertes que puede experimentar un niño, con frecuencia excede su propio control y se desborda.

Es cierto que hay niños más malgeniados que otros. Si bien puede obedecer a causas temperamentales genéticas, hay casos en que el mal genio tiene que ver con la crianza. Los niños que se educan con normas, límites, cariño y seguridad, tienden a aprender a manejar sus emociones y reacciones.

 

Los detonantes

Un niño sufre de irritabilidad por diferentes causas físicas: puede tratarse de un proceso infeccioso del sistema nervioso central como la meningitis; el hipotiroidismo, por los cambios hormonales y de estado de ánimo;  y la depresión, un trastorno en el cual la ira es en ocasiones  es uno de sus síntomas. Todas estas entidades se deben descartar antes de juzgarlo. “También hay menores que han sido traumatizados por maltrato y tienen un nivel de rabia importante en términos psicológicos”, comenta la psiquiatra.

Pero el mayor detonante de la ira corresponde a una causa emocional: la frustración por las necesidades no satisfechas. Si un adulto no le da lo que quiere o si las reglas establecidas por los padres son injustas, el lenguaje del niño para expresar la rabia suele ser el llanto. También si otros se burlan de él o lo culpan por algo que no ha hecho. Pero es posible que ni siquiera exista una razón para sentir rabia.

De acuerdo con Carolina Piñeros, Directora Ejecutiva de Red Papaz, las causas varían de acuerdo con la edad, pero en general la ira en el niño tiene que ver con situaciones en las cuales sucede algo inesperado, como no obtener lo que desea, suspender una actividad que le gusta, tener que desprenderse de algo que es preciado para él. Así mismo, puede deberse a un trastorno de tipo emocional causado por las peleas de los padres, separación o enfermedad.

El cuerpo suele avisar con señales: la respiración es más rápida, la cara se pone roja, los músculos tensos, dan ganas de golpear a alguien, de romper algo y hasta de gritar y decir cosas que ofenden a los demás. En otros casos, cuando la rabia no se puede expresar vienen problemas de salud como dolores de cabeza o de estómago. Por eso, no es bueno ocultar la ira. Lo ideal es encontrar una manera de liberarla sin hacerle daño a nadie.

Volver a la calma

Lo mejor es prevenir, según María Elena López, pues la intervención en crisis generalmente resulta complicada. En ese momento es importante mantener la calma, transmitirles a los hijos el mensaje de que los padres están en control y a cargo de la situación. Según la circunstancia y el momento, ignorar es algo que funciona con niños pequeños. También se puede usar el ‘tiempo fuera’, que obliga al niño a retirarse mientras logra calmarse un poco.

A esto, Piñeros agrega que la ira de los hijos debe manejarse con tranquilidad y firmeza; en ese sentido también hay que dar ejemplo. “Ellos deben saber que los amamos, que les ayudamos a identificar por qué se sienten así y les proporcionamos estrategias de manejo. Pero que no permitiremos que se hagan daño, que nos lo hagan o que lo hagan a alguien o a algo. Esa no es la forma de manejar ninguna emoción”, indica.

Lo ideal es hablar con el niño antes y después del ataque de rabia sin juzgarlo, humillarlo o tratarlo mal, mostrándole maneras alternativas de enfrentar las situaciones que le molestan.

Conviene analizar si la ira es una forma de llamar la atención o se relaciona con factores como cansancio, hambre o sueño. Además, la rabia puede esconder tristeza, injusticia y, por supuesto, frustración. “Debemos enseñarles a nuestros hijos a identificarla y a manejar la manera como reaccionan ante ella, de lo contrario, estaremos entregando a la sociedad ciudadanos no aptos para la convivencia”, recomienda Carolina Piñeros.

Pero lo peor que se le puede hacer a un niño es censurarlo. “Lo que debe rechazarse es su comportamiento, sin decirle que es un ‘niño malo’ ni meterlo en la ducha o castigarlo físicamente. Eso no es aceptable. Los padres deben hablar con sus hijos y decirles que tienen que respetar al otro y que hay una manera de comportarse en sociedad. Las familias permisivas con la agresión promueven delincuencia. Debe ser claro que uno no insulta ni golpea…”, dice la psiquiatra Isabel Cuadros. Los padres deben recordar que los adultos son ellos, deben calmarse para manejar el comportamiento difícil del niño y evitar actuar impulsivamente. Es mejor educar desde la niñez que tener que lidiar toda la vida con los malos genios.

 

Cuando llega la rabia…

Algunas estrategias funcionan en el momento, pero es preciso anticipar al niño en su uso y ayudarle a desarrollar estas habilidades, recomienda la psicóloga María Elena López y la Red Papaz:

– Contar de diez a uno.

– Cambiar de posición física cuando se encuentren a punto de estallar, por ejemplo, caminar o correr.

– Identificar señales del cuerpo, como apretar los puños, sudar, rechinar los dientes o fruncir el ceño. Cuando sientan esto, inmediatamente deben moverse y respirar.

– Respirar profunda y lentamente, pensando en el aire que están tomando y botando.

– Expresar con palabras lo que sienten, no con gritos.

– Decirse palabras como ‘calma’, ‘ya pasó’, ‘tranquilo’, ‘no es importante’.

– Repetirse: ‘No voy a pelear’, ‘no voy a pelear’, varias veces.

– Distraerse pensando en lo que hará el próximo fin de semana.

– Alejarse y escuchar su música favorita mientras le pasa la rabia.

– Meditar.

– Pensar en alguien a quien quiera mucho.

– Imaginar que la rabia disminuye, por ejemplo, como si un hielo se derritiera.

– Tomar aire y retenerlo por un tiempo, luego soltarlo.

– Optar por otras alternativas, como dialogar, negociar, pedir y dar explicaciones, y hacer tratos.

– Imaginarse las consecuencias. Por eso, mientras respira tiene que pensar: “¿Qué me dirían mis padres que hiciera?”, “¿qué es lo correcto?”, “¿cómo actuaría papá o mamá?”, “¿cómo procedería la maestra?”. Además, deben llegar a pensar en las secuelas de una mala reacción: “una pelea me va a representar también a mí un castigo”.

– Los padres deben mostrarle al niño los beneficios que logra cuando se controla:

    • Evita muchas peleas
    • Demuestra madurez y responsabilidad por sus actos
    • La gente no tendrá temor de él
    • Puede hacer más amigos
    • Evita graves consecuencias

– Y mostrarle qué pasa si no logra controlarse:

      • Mucha gente se apartará de él, por sus explosiones de ira y furia
      • Puede perder amigos, por tratarlos mal
      • Se va a sentir solo