Niños sobrecargados

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En su afán de brindarles lo mejor a sus hijos, los padres los inscriben en tantas actividades que no les dejan tiempo ni para aburrirse. El ocio y el juego también son claves para el desarrollo del niño.

El ritmo de vida de estos tiempos no permite quedarse atrás. O, por lo menos, así piensa un buen número de padres que en el afán de preparar a sus hijos para enfrentar el futuro, los matriculan en un sin fin de actividades para las tardes y después del colegio, e incluso los fines de semana tampoco tienen descanso. Van a inglés, natación, música, fútbol, gimnasia, pintura, teatro y todo lo que pueda mantenerlos ocupados. El problema es que cada vez están más sobrecargados, estresados y, lo peor, no son felices.

Desafortunadamente, en nuestra cultura nos movemos, hoy en día, en modelos de ‘perfección’ que buscan que los niños se desempeñen de forma impecable en una gran variedad y cantidad de actividades. Para lograrlo, de acuerdo con la psicóloga Cristina Morales, son sometidos a una exigencia constante y permanente. “Los padres que no saben qué hacer para educar mejor a sus hijos, terminan por pensar que lo más adecuado es que tengan muchas clases extra, situación que no es la más indicada. Es importante que los niños aprendan a aburrirse y a ‘desaburrirse’ por sí mismos, que entiendan la importancia del descanso y del ocio”, comenta.

Las actividades son adecuadas en la medida en la que distraen y entretienen al niño o estimulan ciertos aspectos de su desarrollo. En sí mismas no son malas, lo que no es bueno es que se den en exceso y que no permitan que el niño tenga momentos libres en su diario vivir. “Lo peor de todo es que la sobreexigencia promueve niños desmotivados, cansados, desinteresados o ‘hiperexigentes’ consigo mismos, esto es, que no se permiten una equivocación. En resumen, la sobrecarga no forma niños felices”, agrega Morales.

Muchas veces como padres se piensa que entre más actividades tenga el niño mejor va a ser su desempeño y desarrollo, pero no siempre es así. Según la psicóloga Diana Santamaría, es importante que el niño cuente con tiempo libre tanto para compartir con sus pares (niños de su misma edad) como con sus familiares y padres; por esta razón, conviene tener en cuenta que desde la infancia los niños empiezan a formar su creatividad y las diferentes formas de ver el mundo; además, si un niño es expuesto a la sobreocupación pueden aparecer enfermedades relacionadas con trastornos de sueño y alimentación, dolor de cabeza o estómago, ansiedad, o depresión, ya que son los mecanismos por los cuales los niños pueden expresar su cansancio.

El ocio también es bueno

Cuando los niños no tienen momentos de ocio ni de juegos, tampoco desarrollan su creatividad ni su infinito potencial. No aprenden a valorar los momentos de esparcimiento y de interacción con otros, fundamentales para su desarrollo social y emocional. El tiempo libre es clave para el niño, pues no solo repone energías, sino que también puede aprovecharlo para descansar, leer o interactuar con otros.

Para Santamaría, los niños aprenden a conocer la vida jugando, bien sea solos o en grupo, lo cual permite que formen un pensamiento reflexivo y valorativo hacia sí mismos. El juego que tiene carácter formativo enseña a tolerar la frustración cuando se pierde y a respetar las reglas de convivencia. Esto es fundamental para todo niño, pues contribuye al desarrollo de su coordinación psicomotriz, motricidad gruesa y fina a través del ejercicio, brinda un mejor desarrollo sensorial y mental, así como habilidades sociales, comunicación y compañerismo.

Y eso no es todo, a través del juego el niño mantiene una mejor estabilidad emocional, ya que imita la realidad representando de una manera simbólica lo que ha vivido o quiere vivir, permitiéndole exteriorizar sus emociones, tales como: alegrías, sentimientos, dificultades y frustraciones.

Padres, a un ritmo distinto

Los padres, que son adultos, deben tener en cuenta que las necesidades de descanso y sueño son diferentes para los niños. “Aunque los adultos nos veamos obligados a realizar largas jornadas laborales, hay que entender que los niños necesitan, para su adecuado desarrollo, horas de estudio, pero también de descanso que no deberían ser negociables”, recomienda Santamaría.

Por eso, no hay que agobiar a los hijos con mil actividades; es más importante tener niños felices, que niños ‘hiperexigidos’ por los adultos y por sí mismos. Aunque a veces las actividades son una salida para no dejar a los niños ‘sin nada que hacer’, los adultos deben ser los primeros en replantearse el significado que tiene el tiempo de descanso y de ocio, para descubrir así el valor que tienen estos momentos.

Padres e hijos, tiempos distintos

Es lógico que padres e hijos se encuentren en un ciclo vital del desarrollo diferente. Por eso, uno de los pensamientos frecuentes de los padres es: “Mis hijos tienen que ser mejores que yo”; seguramente, por el temor de que no sean competitivos, especialmente en el aspecto laboral a futuro; este deseo los proyecta a ver a sus hijos buenos en todo. Lo que hace que entonces les exijan los primeros lugares en cada actividad y que lleven su mismo ritmo. En ocasiones estas presiones afectan su desarrollo personal, pues antes de satisfacer los deseos de sus padres, los niños pueden desarrollar ansiedad, estrés, intolerancia al fracaso y angustia, además del temor por el regaño de sus padres por no cumplir con sus expectativas.

Si bien no existen fórmulas exactas para saber cómo educar o criar a los hijos para que tengan un futuro asegurado de excelencia, es muy importante que los padres presten atención a las habilidades de sus hijos, se tomen el tiempo de reforzar sus capacidades sin presionarles y recuerden que el juego también es fundamental. Otro es el caso de los padres que mantienen a sus hijos ocupados para que no ‘molesten’ porque suelen perder la paciencia si pasan con ellos mucho tiempo. “Deberían saber que la formación de los hijos es un acto primordialmente de amor y aunque a veces los niños exigen más atención, tiempo y cuidados de los que estamos dispuestos a darles, no podemos olvidar que es nuestra principal obligación como papás. La mejor manera de educar a los niños es con disciplina enmarcada en el amor”, recomienda Morales.

Al elegir…

El límite de actividades extracurriculares dependerá de cada niño. Pero como medida general, las actividades que desempeñe deben ser aquellas que lo motiven y potencien su autoestima.

Estas deben elegirse en función de las habilidades, hobbies o intereses del niño. Si son actividades de refuerzo, serán señaladas por el colegio.

Hay actividades que se desarrollan con los niños desde bebés, como las de estimulación o masaje infantil.

La planificación del tiempo libre también es importante, por eso se debe dejar espacio para el descanso y el sueño y no sobrecargar al niño con actividades que demanden mucho tiempo extraescolar.

No hay que temerle a que los hijos tengan momentos de ocio y a las actividades no programadas, aquellas que tienen que ver con la vida, como las conversaciones con los hermanos o los abuelos, ayudar a cocinar, acomodar su cuarto y, por qué no, aburrirse un poco.

Consejos para padres

* Hable con sus hijos acerca de cómo se sienten respecto de sus actividades extracurriculares. Si se quejan, conversen sobre los pros y los contras de dejarlas. Ayúdeles a organizar el tiempo.

* Para los niños que no rinden académicamente, tener otras actividades les da la oportunidad de aumentar la autoestima y desarrollar habilidades y talentos en otras áreas. Las actividades en grupo también ayudan a interactuar socialmente a los niños tímidos. Pero, ¡ojo!, con los excesos, pues no solo afectan su salud, sino también su rendimiento escolar.

Por:

Con la asesoría de Cristina Morales

Psicóloga, máster en Terapia Familiar y de Pareja y psicodramatista; y

Diana Santamaría

Psicóloga de Albenture

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