Niñez y ciudadanía

Niñez y ciudadanía

Son muchas las expectativas que los constituye padres tenemos con respecto a lo que será el desempeño de nuestros hijos, una vez que se incorporen a la sociedad como integrantes activos. El buen ejercicio de la ciudadanía es una de estas.

Los años de la infancia son decisivos para el desarrollo de la inteligencia, la personalidad y el comportamiento social. Este último es una impronta muy grande del testimonio de vida de los padres, maestros, además de otros adultos significativos durante el proceso de la crianza; pues no debemos olvidar que el ejemplo arrastra y que los niños y niñas captan tanto vivencias como actitudes del medio familiar, así como del educativo, en los cuales discurren su crecimiento y desarrollo.

No se nace ciudadano. Se aprende a ser ciudadano, pues como bien lo afirma Fernando Savater, “los ciudadanos democráticos no nacen como los hongos o los cardos, así sin más, libremente, sino que son una empresa de la propia democracia”.

Es claro entonces que la crianza y la educación pertinentes, tienen un impacto positivo en el desarrollo de actitudes democráticas posteriores, como la tolerancia, el respeto a las libertades públicas y el buen ejercicio de la ciudadanía.

En los primeros años de vida del niño la familia constituye la primera fuente de socialización. Allí el niño aprende a distinguir las conductas deseables de las que no lo son. La internalización de las normas y los valores incorporados por los padres se constituyen en baluartes, para la orientación social que incluye el aprendizaje político.

A medida que la crianza avanza aparece la institución educativa como elemento fundamental para la llamada socialización secundaria, que incluye la tarea de salir del egocentrismo, de interactuar con otros, de incorporar las normas y reglas sociales así como de avanzar en los procesos de autorregulación y autocontrol, tan necesarios en la vida social para el pleno ejercicio de la ciudadanía.

En la institución educativa no sólo se aprenden las competencias ciudadanas sino que también se pueden practicar, constituyéndose este entorno, en un excelente escenario de preparación para el fascinante discurrir de la preciudadanía al ejercicio de la ciudadanía con dignidad, donde el respeto por sí mismo y por los otros, sea el patrón determinante del comportamiento social.

El acompañamiento inteligente y afectuoso de padres, docentes y adultos significativos a los niños y niñas, se traducirá necesariamente en la formación de mejores ciudadanos, quienes se convertirán en generadores de armonía social y en los agentes de cambio que nuestra sociedad necesita y merece.