Nacimiento en tiempos de Covid-19: un reto para la sociedad

Por: Mario Alejandro León Ayala
Residente de Pediatría – Universidad de Antioquia

Asesor: Édgar Marzola Peña
Pediatra puericultor – docente Universidad de Antioquia

Corría el mes de enero de 2020 cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaraba al Covid-19 como una emergencia de salud pública de importancia internacional (ESPII); para el mes de marzo ya se declaraba la pandemia. A través de su expansión, este pequeño microbio ha expuesto y revelado debilidades en los sistemas económicos, educativos y de salud de todos los países del mundo.

El SARS-CoV-2 hace parte de un grupo de virus que han aquejado desde hace siglos al ser humano: los coronavirus; sin embargo, este en particular, ha generado millones de muertes y ha hecho colapsar los sistemas de salud a nivel global. Tal fue el impacto del virus que, en mucho menos de lo esperado, la humanidad ha podido producir, de manera acelerada, más de 15 tipos de vacunas para la prevención de sus consecuencias.

Entre todo el panorama, la crisis del Covid y la económica asociada a él, las mujeres gestantes continuaron apareciendo y tomando la decisión de tener a sus bebés, con todo lo que ello ha implicado en términos de atención prenatal y acompañamiento por parte de la sociedad. En un punto, las mujeres alrededor del planeta se preguntaban: “¿A dónde debería ir a tener a mi bebé?”. Siendo la respuesta a esta pregunta, por supuesto, el lugar que le provea la mejor seguridad física y emocional para ella, su bebé y su pareja.

Sin duda, el Covid-19 llegó para quedarse y, a pesar de que es invisible a los ojos, no lo son sus profundos efectos. El proceso de parir y nacer en época de pandemia no escapa a las consecuencias de esta enfermedad y el impacto que ha tenido ha sido visible y palpable para las mujeres y sus bebés en todo el globo terráqueo.

El periodo de gestación afecta de manera importante a los futuros bebés, pues sabemos que muchas de las enfermedades de la infancia y la adultez tienen un origen en la etapa de los nueve meses antes del nacimiento. Las condiciones que afectan a la mujer durante la gestación y al niño durante los primeros dos años de vida posnatal, componen lo que conocemos como los 1.000 primeros días, periodo considerado crítico, pues es, en ese momento, en donde se produce el mayor crecimiento cerebral y se sientan las bases para una vida saludable. De allí que todos los eventos que rodean a la gestación y el parto tengan una gran relevancia para la salud de toda la sociedad.

Como estrategia de salud pública, el sistema de salud ha adoptado la asistencia a citas de control prenatal como un mecanismo efectivo de prevención durante la gestación. No obstante, durante la pandemia la necesidad de instauración de cuarentenas y toques de queda provocó una falta de visitas presenciales. Se ha demostrado que esta ausencia de controles médicos puede aumentar los sentimientos de ansiedad y depresión para ellas, además de que es sabido que el acompañamiento por parte de los profesionales de la salud es clave para mejorar los resultados del proceso.

Para sobreponerse a este percance, en Colombia se empezó a implementar el uso de las teleconsultas, que, aunque no reemplazan la visita presencial, permiten un contacto vía digital con el profesional de la salud. Sin embargo, øqué hay de las mujeres pobres en zonas rurales sin acceso a Internet? Una solución es mejorar el cuidado que proveen los profesionales de la salud en los hospitales locales, con especial énfasis en el acompañamiento amoroso y cálido de la gestación y la atención del parto. Para las mujeres es importante su integración al sistema de salud y la oportunidad de recibir estos servicios de manera oportuna.

El contacto piel a piel: preámbulo a toda una vida juntos

Para la mujer es fundamental el acompañamiento durante el proceso del parto, pues estudios demuestran que una red de apoyo fortalecida y la presencia de un ser amado en esos momentos, protege frente a los posibles efectos adversos del Covid-19.

Sabemos, por múltiples investigaciones, que el contacto piel a piel al momento del parto tiene muchos beneficios, entre los cuales se encuentran un establecimiento más temprano y fortalecido del vínculo madre-hijo, una mejor adaptación de ese recién nacido al mundo exterior y una óptima y más duradera lactancia materna. Lastimosamente, los trabajadores de la salud han tenido que adoptar ciertos protocolos que han traído, como consecuencia, una ruptura de la relación médico-paciente tan frágil ya en los últimos años. El uso de mascarillas, gorros, caretas y enterizos han significado una barrera más para el establecimiento de esa importante relación.

El entorno hospitalario implica para cualquier persona, y más para la mujer gestante, un riesgo de exposición a la enfermedad lo qu e, además, genera ansiedad y temor. Al principio de la pandemia, cuando había una escasez de evidencia sólida sobre el cómo atender y cuidar de las mujeres y sus bebés, se produjeron retrocesos en indicadores importantes, como la lactancia materna, el contacto piel a piel y el acompañamiento de un ser querido durante el parto.

Tanta fue la confusión ante lo desconocido que una entidad, como la Academia Americana de Pediatría (AAP, por su sigla en inglés), en su momento recomendó la separación del binomio y la interrupción de la lactancia materna, pues no se tenía claridad sobre la posible transmisión a través del seno; hoy en día, sabemos con plena seguridad que la leche materna no lo transmite, que esta práctica no tiene razón de ser en la mayoría de los casos y que son muchos más los beneficios que los riesgos de un alojamiento conjunto para la madre y su bebé.

La OMS ha emitido unas recomendaciones para favorecer y promover un parto humanizado y respetado, las cuales merecen ser mencionadas. En primer lugar, se debe permitir la presencia de un acompañante, de elección de la mujer, que brinde confianza y apoyo. La comunicación efectiva, el alivio del dolor, la ingesta de líquidos claros y permitir la deambulación y adopción de la posición más cómoda para la mujer también son aspectos clave para resaltar y que no debemos olvidar.

La llama de la empatía y compasión en tiempos de crisis

Para el personal de la salud, el Covid-19 ha implicado una búsqueda activa y constante de nuevo conocimiento y actualización, enfrentando la amenaza de la incompetencia en un tema que se actualiza de manera permanente, asociado a largas jornadas laborales, todo eso permeado por la incertidumbre, el miedo a enfermar y las demandas emocionales propias, de pacientes y familiares. Se vuelve un acontecimiento perturbador cuidar de pacientes que ni siquiera consiguen ver el rostro de enfermeros y médicos ataviados con todos sus equipos o presenciar la atención del parto en solitario por las restricciones al acompañamiento de los seres queridos con todo lo que esto acarrea con respecto a un proceso de establecer un vínculo saludable.

Es, en este contexto, que debe enfatizarse la importancia de la comunicación médico-paciente y los gestos de acompañamiento. Al respecto, es bueno reconocer que poder estar al lado del paciente y la familia y, de alguna forma, poder confortar, proporciona una sensación del deber cumplido. Un abrazo, una mirada, un toque siempre fueron herramientas utilizadas en ese proceso, la pregunta es: øcómo reemplazar esos recursos ahora prohibidos por el aislamiento impuesto en tiempos de pandemia?

Los pacientes viven un proceso aislado de incertidumbre y miedo en muchos casos. En este sentido, una madre decía: “Para mí es muy importante ver la expresión de la otra persona, verla en lo relacionado a lo que estamos interactuando. A pesar de que la médica fue súper bella, muy paciente, me hacía falta verle el rostro, darme cuenta de esa empatía, no solo verle los ojos”.

Y ¿qué ocurre cuando es el médico el que se torna en paciente?: tenemos la sensación de que estamos inmunes a todo lo que nos enfrentamos y, de repente, enfermamos, se cae nuestra máscara de médico y nos volvemos pacientes. Por todo lo anterior, se hace radicalmente importante preservar la empatía y el acompañamiento amoroso, sobre todo en el proceso del parto. Al contrario de poner una carga al personal, enfatizar en estos puntos genera una mayor satisfacción.

Ciertamente, es difícil mostrar algún tipo de expresión usando el equipo de protección. Se menciona, por ejemplo, el uso de las videollamadas en entornos seguros libres de equipos o colocar una imagen sonriente de sí mismo sobre el atuendo como una alternativa; esto puede sonar absurdo, pero los pequeños detalles ayudan a componer los cuidados humanizados.

Tampoco debemos olvidar que todavía podemos escuchar las narrativas de nuestros pacientes y sus familias (no siempre con palabras), tal conducta es una actitud que nos permite identificar sus demandas reales y actuar de la mejor manera posible. Los pacientes reconocen a la persona que, incluso debajo de una mascarilla, los escucha.

Es fundamental que, como sociedad, tengamos en cuenta que aún debemos continuar tomando medidas de cuidado y protección para evitar posibles contagios en casa, como lo son: mantener una ventilación adecuada, evitar salir a lugares muy concurridos o de poca circulación del aire, mantener el uso de la mascarilla y la higiene de las manos, en lo posible evitar el transporte público y acudir a urgencias inmediatamente si presentamos síntomas.

¿Qué impacto tendrá en el futuro?

Una cuestión relevante es: ¿que implicará para el futuro de aquellos bebés el hecho de haber nacido en medio de una pandemia?, ¿cómo cambiará el mundo para ellos? Ya de entrada el mundo viene enfrentando una crisis ambiental, una inequidad en aumento (de muchos tipos: de género, intergeneracional, económica, étnica, etc.), violencia en grados variables y una ruptura social secundaria a la transformación industrial mediada por la tecnología. Estos bebés y niños en su primera infancia se enfrentarán a un mundo pospandemia, reponiéndose de una calamidad y sumergido en una profunda crisis económica. Situación que, si se analiza, presenta gran parecido a aquella de los baby boomers entre las décadas de los 50 y 70 del mundo posguerra.

De parte del personal de la salud, los docentes, la familia y la sociedad en general está la responsabilidad de acogerlos, enseñarles a prevalecer y a no cometer los mismos errores que cometemos los adultos, a promover y generar esa resiliencia tan anhelada, acompañándolos amorosamente para que sean los líderes y agentes de cambio que el mundo necesita ahora y necesitará en el futuro.

Lecturas recomendadas

  1. Correa Hernández AC, Correa Hernández ML. (2011). Experiencias que dejan huella: el vínculo afectivo. La crianza en los nuevos tiempos: Una mirada académica (26-36). Editorial UdeA.
  2. Moreno-Villares José Manuel, et al. Los primeros 1.000 días: una oportunidad para reducir la carga de las enfermedades no transmisibles. Nutr Hosp. 2019.
  3. Recomendaciones de la OMS. Para los cuidados durante el parto, para una experiencia de parto positiva. Transformar la atención a mujeres y neonatos para mejorar su salud y bienestar. Washington D.C. Organización Panamericana de la Salud; 2019.