My name is mummy… (mami, la pofe)

mami, la profe

Por: Ana Cristina Restrepo Jiménez
Periodista (Universidad Pontificia Bolivariana),
diplomada en Enseñanza del Inglés (Universidad EAFIT),
certificación TKT (Cambridge), madre de tres hijos bilingües.

Journalist (Universidad Pontificia Bolivariana),
diplomate in English teaching (Universidad EAFIT),
TKT certification (Cambridge),

mother of three bilingual children. 

Mi casa es la Torre de Babel

Ventanas, puertas, lámparas y muebles están marcados con etiquetas, con los nombres de los objetos en es- pañol, inglés y alemán, pues mis hijos mayores (mellizos de seis años) están en pleno proceso de lecto-escritura.

Mis niños, de padre británico y madre colombiana, con abuelos colombianos, así como también de nacionalidad británica y alemana, estudian en un colegio alemán.

Cuando estos ingresaron al kindergarten, allí les sugirieron a los padres de familia no inscribir a sus hijos en las clases de inglés particulares, para no generar interferencia con el alemán; sin embargo, tal mensaje no se extendió a nuestra familia: Marcus, Cyprian y Gabriela (mis hijos) piensan, argumentan y se comunican con sus afectos y autoridad en inglés. ¡Sueñan en inglés! Así lo demostró su prueba de admisión al colegio.

Ser madre en una familia donde se hablan dos o más idiomas no equivale a jugar a la profesora que propone un juego de roles entre sus alumnos. Ser madre y comprometerse con la educación bilingüe de sus hijos es un reto más afectivo que intelectual.

Y es que no es lo mismo abrazar a un bebé y decirle: “I love you, my lovely little creature”, que “te amo, mi criaturita adorable”. El lenguaje está vinculado a los afectos, a la vida misma.

Step by step (paso a paso)

El primer paso en la educación bilingüe es cerciorarse de si el nivel del padre (o madre) en la segunda lengua es óptimo. Hay exámenes internacionales que se pueden tomar en institutos de inglés para determinar el propio nivel.

Lo ideal es que, por lo menos, uno de los progenitores tenga como lengua materna, la que se convertirá en segunda lengua del bebé. No obstante, la lengua materna se define por algo más que la lengua hablada por el padre/madre, o la que se habla en el medio social en el cual se crece.

El segundo paso se concentra en superar los diferentes desafíos que tienen los padres en este proceso: entregar modelos correctos de pronunciación, tratar de usar técnicas para que sus hijos comprendan significados en diversos contextos y tener siempre a la mano modelos (libros, imágenes, películas, etc.) para la práctica.

Es recomendable un método de aproximación en el cual el lenguaje sea visto como un sistema con propósitos comunicativos, es decir, que sea más que una estructura organizacional.

Los objetivos básicos se orientan al uso del lenguaje objetivo (o segunda lengua) con fluidez y precisión, y a desarrollar las cuatro habilidades básicas desde un punto de vista comunicativo: escucha, habla, lectura y escritura.

Mistakes (errores)

Para empezar, como madres podemos desarrollar en los niños las habilidades receptivas: escucha y lectura; y en segundo lugar, las productivas: habla y escritura.

Al desarrollar la escucha el niño debe tener en cuenta factores como el acento y la entonación, así como el lenguaje corporal (en relación directa con la cultura a la cual pertenece el lenguaje objetivo). Es preciso no olvidar los gestos y el lenguaje corporal como instrumentos para la comunicación oral.

El punto de comienzo siempre será la comprensión, que incita al proceso de producción. Existen algunas técnicas para alcanzar fluidez y precisión: en el lugar donde se está dando el idioma objetivo, la madre puede mirar al niño haciéndole gestos, señales con sus dedos, moviendo sus labios o reformulando la situación de un modo sutil.

La manera de asumir el error es fundamental. Para ello, es necesario determinar su tipo: en el habla no es lo mismo un error que un desliz, una interferencia, un error de desarrollo o el interlenguaje.

  • El error se comete cuando el niño desconoce un detalle de su idioma. Ejemplo: “Yo sabo comer solo”.
  • El desliz es la falla que obedece a condiciones físicas, como tristeza, cansancio o tensión. Ejemplo: “Habíamos tres niños en clase de natación”.
  • La interferencia es cuando el lenguaje nativo interfiere con la segunda lengua en el aprendizaje. Ejemplo: “Vamos a watchar televisión”.
  • El error de desarrollo obedece a un trabajo inconsciente de organización del lenguaje. Ejemplo: “Si alcanzo a hacer la tarea, me lavo los dientes con los pinceles”.
  • Interlenguaje: cuando el niño crea su propia versión del lenguaje. Ejemplo: “Voy a jugar con mi tico-tico”.
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¿Cómo corregir el error? Con amor y sin exponer al niño a la vergüenza La madre puede anotar los errores que su hijo está cometiendo frecuentemente y después hablar a solas con él. También es útil si quedan registrados en una grabación (de video, por ejemplo), que luego puede revisar con el niño.

¿Cuándo es contraproducente co- rregir?, ¿cómo permitir que cometa constantemente un error? Los criterios de reflexión son los siguientes:

  1. ¿El error afecta la comunicación del niño?
  2. ¿Está en una edad en que es preciso concentrarse en la precisión del lenguaje?
  3. ¿El niño está cometiendo un error o es mi imaginación, de madre, la que está percibiendo este?
  4. ¿Está utilizando el lenguaje objetivo con suficiente frecuencia?
  5. ¿Mi hijo podría reaccionar mal frente a mi corrección?
  6. ¿Tengo cómo comparar si los niños de la edad de mi hijo cometen normalmente ese error en el lenguaje objetivo?, este parámetro es ¡fundamental!
  7. El error que mi hijo comete con frecuencia ¿le molesta a alguien?

From the womb (desde el vientre)

El proceso de criar hijos bilingües comienza desde el útero. El sonido de dos idiomas hablados durante el embarazo, estimula, así lo corroboran estudios científicos.

Un equipo de investigadores de la universidad canadiense de British Columbia y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en Francia, reveló a través de un estudio que los bebés nacidos de madres bilingües distinguen siempre qué lengua se habla. Los reflejos de succión dan cuenta de ello.

Educar a los hijos en una segunda lengua no es trabajo fácil, requiere compromiso, tiempo y paciencia.

Mi hija, de cuatro años, se queja: “Marcus is arremeding me” (Marcus me está remedando). La interferencia todavía cruza los circuitos de su cerebro. Sin embargo, mis hijos mayores ya hablan inglés con la corrección y acento de cualquier niño británico de su edad (y su español, ciento por ciento paisa).

¿Y yo?… ya cuento en alemán hasta diez: mis hijos son mis profesores.

Bien sea con la gramática de Shakespeare o con la de Cervantes (o la de Goethe), el lenguaje que debe primar en la educación de los hijos es el del amor.