Mi hijo tiene tres años y aún no habla bien…  ¿Cómo puedo ayudarlo?

Mi hijo tiene 3 años y aún no habla bien

Este es el interrogante que los padres se plantean cuando su hijo, que ya llegó a los tres años de edad, tiene un lenguaje demasiado limitado o, incluso, no pronuncia palabra alguna. Muchas razones pueden existir, lo más importante es consultar a un especialista para saber cómo ayudarlo y estimularlo. Dos opiniones profesionales nos dicen cómo hacerlo. Tome nota. 

Por María del Pilar Arévalo P.
Periodista revista Crianza & Salud Con la asesoría de

Carlos Enrique Cortázar Olarte
Médico pediatra

y Martha Patricia Mambrú Ariza
Fonoaudióloga, especialista en terapia miofuncional y disfagia 

Una de las cosas que más puede crear ansiedad cuando se es padre es el momento de poder escuchar a nuestros hijos pronunciar sus primeras palabras, ya que es uno de los aspectos del crecimiento de mayor utilidad, por cuanto nos permitirá una mejor comunicación con ellos, al expresar de mejor forma sus sentimientos, deseos, angustias, temores, etc.

Si bien hay niños que consiguen hablar “hasta por los codos” desde que son muy pequeños, existen otros que llegan al primer año de vida sin decir ni “pío”. En materia del desarrollo del lenguaje cada niño es un caso distinto, y no se deben establecer comparaciones ni grandes expectativas, solo estimulaciones. Por supuesto hay unos parámetros que pueden determinar si un niño(a) tiene o no una falla en su capacidad lingüística.

Conviene empezar por precisar que los niños entre 1 y 3 años de vida tienen un desarrollo paulatino que avanza según su propio ritmo y condiciones tanto físicas como de su entorno. Esto se aprecia de muchas maneras, por ejemplo, cuando ya manifiesta su deseo de dejar de gatear para dar sus primeros pasos, o cuando comienza a dejar de lado el biberón porque descubre que puede tomarlo en un vaso o pocillo. Lo mismo ocurre cuando se inicia en el desarrollo del lenguaje, pues hacerlo depende de muchas circunstancias en las que es vital el acompañamiento de los padres, de los demás familiares y, por supuesto, del equipo multidisciplinario que lo va a recibir en un jardín infantil.

La opinión del pediatra

De acuerdo con Carlos Enrique Cortázar Olarte, médico pediatra de la Clínica del Country, hay que empezar por hacer un breve análisis acerca del lenguaje y su incidencia para concretar un proceso de comunicación ya sea verbal o no verbal. La comunicación que nos compete aquí, es decir, la verbal, se entiende como la emisión de sonidos, fonemas y palabras, y está directamente relacionada con procesos sensoriales como la audición y la visión, e incluso como un medio de aprendizaje.

“Un mensaje claro para los padres es que deben estar muy pendientes de cómo es la fase evolutiva de su hijo durante sus primeros tres años, para darle la estimulación correspondiente, esto es, en temas de motricidad y de habilidades, teniendo muy presente que todo niño debe tener una fase progresiva para suprimir la anterior, por- que no puede tener una fase primitiva y una fase evolutiva al mismo tiempo”.

Un ejemplo de esto se ve cuando empieza a masticar, caso en el cual deja de chupar, y, por eso, después del año se debe suprimir el biberón. Si aquí no hay un acompañamiento por parte de los padres, el niño se bloquea y actúa por estímulos auditivos, guiándose solo por lo que le dicen y le muestran los papás y por lo que ve en cuanto a objetos. Así únicamente va a aprender a pronunciar unas cuantas palabras y es ahí cuando surge la inquietud de los padres.

Hay una fecha de corte, que más o menos son los dos años, que es la edad en la que un niño ya tiene la capacidad de expresarse y, por lo tanto, ya debe tener un lenguaje básico estructurado, que comienza con monosílabos, después con bisílabos y así sucesivamente.

Para el doctor Cortázar, el estímulo más importante debe estar fundamentado en el afecto y, con este, el juego y el diálogo con palabras claras y precisas, como estrategia del día a día. Aquí también hay que tener en cuenta el bienestar biopsicosocial. “Cuando una persona está sana es porque tiene desde el punto de vista biológico, emocional y social, un equilibrio suficiente para desarrollar todo. En el lenguaje, lo biológico se refiere a lo sensorial, no importa si el niño está gordo o bajito, sus componentes auditivo y visual son esenciales para moldear los mecanismos del lenguaje. La parte emocional, es decir, la capacidad de expresarse, y la parte social, que encierra un entorno agradable en el que el niño se pueda expresar”.

En la cita con el pediatra es muy fácil darse cuenta de si el niño ve, escucha, y cómo es su comportamiento, y los papás en esa instancia son los mayores indicadores. Por eso es muy delicado determinar si hay en verdad un trastorno del lenguaje cuando muchas variables inciden para un diagnóstico. “Un juego muy tradicional, pero efectivo para detectar situaciones particulares en el niño, es la lotería, pues, además de abrir posibilidades de interacción en el juego con los papás, despierta en el niño muchas condiciones favorables para su desarrollo: identificar las fichas, mencionar el nombre de las figuras, capturar su atención y enseñarlo a comprender, aspectos que estrechan vínculos sociales muy importantes”, precisa el experto.

Un niño de  2 ó 3 años habla en la medida en que ve la oportunidad de expresarse; él sencillamente responde a la voluntad de los papás. Por eso su responsabilidad en el acompañamiento es vital para un sano crecimiento y para corregirlo con cariño, con el fin de que, poco a poco, vaya asimilando el uso de nuevas palabras dentro de su vocabulario.

La recomendación del doctor Cortázar se orienta esencialmente a que los padres no duden en consultar al especialista antes de dar por hecho que su niño tiene algún interferente en su desarrollo vocálico, pues más allá de lo que ellos puedan detectar en el comportamiento de su hijo, es el pediatra quien debe dar una opinión fundamentada al respecto. “La visita al pediatra debe ser un propósito inmediato que busque en primera instancia un concepto profesional sobre la situación particular del niño y, una vez realizado el diagnóstico, es también el experto quien puede entrar a determinar el tratamiento más conveniente para él y, de ser necesario, remitirlo a otro especialista que como el fonoaudiólogo está en capacidad y tiene la preparación y el conocimiento idóneo para atender casos más específicos”, concluye.

En palabras del fonoaudiólogo

Para Martha Patricia Mambrú Ariza, fonoaudióloga egresada de la Universidad del Rosario (ECR), un niño con desarrollo normal a los tres años ya debe expresarse con oraciones de carácter afirmativo, negativo y exclamativo; debe utilizar sustantivos, adjetivos, adverbios, verbos en presente y en pasado; y sostener conversaciones concretas.

“El contacto con el medio es muy importante para él, a los tres años la mayoría de los niños han iniciado su escolaridad y están atentos a las exigencias de su entorno y de su relación con otros niños y adultos no familiares; todo esto va enriqueciendo su lenguaje”, indicó.

Cabe destacar que a los tres años no se ha completado el repertorio fonético ni fonológico y es de esperarse que los niños cometan errores articulatorios, por ejemplo, al pronunciar la “r”. A los tres años ya debe haber un lenguaje estructurado en la forma y en el uso del vocabulario, aunque puede que no lo digan todo correctamente. Aunque existan errores articulatorios el mensaje que expresa el niño debe ser entendido por las diferentes personas, quienes deben tener la capacidad de comprenderlo, ayudarlo y estimularlo para que vaya evolucionando en su pronunciación.

Se habla de fallas y no de problemas

“A mí no me gusta hablar de problemas o de dificultades, es mejor referirnos a fallas o debilidades en la expresión, ya que es una etapa muy temprana y sencillamente son debilidades que detectadas a tiempo son más sencillas de superar. El fonoaudiólogo da las pautas y guía el tratamiento, pero los padres y los docentes juegan un papel muy importante ya que son los que comparten la mayor parte del tiempo con los niños. Lo esencial es trabajar en equipo para ayudarlo”, puntualiza la especialista.

El fonoaudiólogo mediante un proceso de evaluación es el que caracteriza las habilidades comunicativas del niño, identificando si existe o no un desfase con respecto a su edad cronológica. De igual manera plantea el enfoque de intervención. En muchos de los casos la solución está en diseñar un programa de actividades para desarrollar conjuntamente con los padres, y, por supuesto, como cada niño es un caso distinto, también lo será su tratamiento.

Esté atento a estos signos de alerta

  • Puede que el niño entienda pero tiene un uso incorrecto de las palabras o de lo que significan.
  • Si se le dificulta enlazar ideas en el intercambio de la conversación.
  • Si a esta edad habla con medias palabras a pesar de que los padres le hablan claramente.
  • Si se “come” los sonidos de algunas palabras, por ejemplo, “ueno” para decir “bueno”, o palabras completas.
  • Si señala todo con el dedo y prefiere hacerlo a pronunciar palabra alguna, porque le parece más fácil para que lo entiendan. Su comunicación está basada en señalamientos y señas.
  • Si tiene tres años y aún toma biberón, tiene chupo o chupa dedo, come alimentos blandos o licuados y rechaza los alimentos sólidos.
  • Cuando un adulto le habla, está más pendiente de los labios que de la parte auditiva.
  • Cuando no responde fácilmente a su nombre o a algunos sonidos del medio ambiente.
  • Cuando habla enredado, no se le entiende o cambia constantemente los nombres de los objetos.

La labor de los padres y docentes

  • Háblele al niño de manera clara y NO consentida, ya que distorsiona la calidad del sonido.
  • Exíjale de manera siempre amorosa que se exprese con el lenguaje, porque hay muchos niños de tres años que tienen como base de comunicación el señalamiento (dedo) o emplean muy poquitas palabras u oraciones muy restringidas y cortas; padres y docentes tienen que estar atentos.
  • Es clave, compartir con ellos más calidad de tiempo que cantidad: tiempo para compartir y leer un cuento diferente todos los días; tiempo para jugar con ellos y darles la oportunidad de organizar, por ejemplo, jugar a la casita.
  • Propicie que el lenguaje sea una herramienta de comunicación: nárrele cuentos en rimas, cántele, baile y tararee canciones, entre otras.
  • Llevarlo al jardín es muy conveniente por todo el desempeño social y el enriquecimiento que hay para él en este ambiente: movimiento, contacto con diversos elementos, pintar, untar, descubrir nuevos alimentos, cantar, experimentar cambios de texturas, entre mu- chas otras cosas.