Mi hijo se come las uñas

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Comerse las uñas es una condición transitoria, que rara vez representa una enfermedad. Para el manejo de esta situación, el acompañamiento amoroso de los padres es el eje fundamental.

El cuidado del cuerpo hace parte de los hábitos que adquieren los niños, niñas y adolescentes con un adecuado acompañamiento por parte de sus padres y adultos significativos. Se promueven actividades como el lavado de manos y dientes, y el cuidado de su imagen personal, con el fin de incentivar el autocuidado, el cual comprende todas esas actividades realizadas por el propio niño, cultivando su salud y la prevención de las enfermedades.

Para muchos, las características de las uñas se relacionan con el género de la persona, con su identidad; hacen parte del lenguaje no verbal que dice mucho de sí, acerca de quiénes somos y cómo queremos ser percibidos por los otros.

A lo largo de la evolución humana, las uñas han representado una herramienta de alimentación, desarrollo, defensa ante lesiones y alivio del rascado, entre otros. Médicamente se les reconoce como necesarias para el funcionamiento óptimo de la mano en cuanto al sentir, el mover y en la protección de los dedos.

Constituyen un indicador importante de la salud de una persona, ya que en ellas se pueden manifestar enfermedades que comprometen otros órganos y sistemas, o también pueden exteriorizarse efectos secundarios de algunos medicamentos como, por ejemplo, la quimioterapia y la terapia anticonvulsiva.

En la consulta evidenciamos cambios en las uñas entre el 3y11%de los pacientes, incluso del 20-30% de la población general pueden tener alteraciones.

Las uñas crecen en promedio 0,1 mm/día; sin embargo, en los menores de tres años tienen un crecimiento más lento, teniendo un recambio completo de uña entre 70 y 180 días.

Algunas personas pueden presen- tar la conducta de introducir los dedos de la mano en la boca e incluso morder las uñas, lo cual se llama onicofagia. Esta se puede presentar en la tercera parte de la población infantil, considerándose la edad pico entre los 4 y 7 años y, posteriormente, en la adolescencia. Su causa es multifactorial; se han mencionado principalmente ansiedad, estrés, irritación local y alteraciones temporomandibulares, entre otras.

Comerse las uñas en la mayoría de los casos es una condición transitoria, que rara vez representa una enferme- dad. Sin embargo, merece vigilancia y seguimiento por el impacto que genera en la familia y en el niño. Así mismo, la onicofagia puede llevar a infecciones, alteración de los tejidos blandos, e incluso alteraciones de la cavidad oral.

Para el manejo de esta situación se considera que el acompañamiento amoroso de los padres y cuidadores es el eje fundamental, quienes con su paciencia, motivación y sana exigencia pueden llevar a la disminución progresiva de esta conducta.
Sin castigos

No se necesita tratamiento específico para los casos leves. Es muy importante generar conciencia de la necesidad y las razones por las que el niño debe abandonar el hábito, para ello, se debe explicar claramente la probabilidad de complicaciones. Es aquí en donde la participación del profesional adquiere relevancia, ya que debe ofrecer sugerencias útiles y apoyo incondicional en esta fase transitoria del desarrollo de esa familia.

Es importante no castigar o criticar al niño; más bien, el refuerzo positivo crea un ambiente que promueve cooperación, alentándolo y dándole confianza. Frases como: “Sucio, cochino, o a usted qué le pasa”, deben ser reemplazadas por aquellas como: “Cada día te comes menos la uñas, yo sabía que lo ibas a lograr”.

Existen diferentes técnicas inútiles, como pintar las uñas con sustancias de sabor desagradable, las cuales sugerimos no utilizar; más bien cuando el comportamiento es frecuente y altera la funcionalidad del niño en su entorno, podemos llegar a sugerir terapias comportamentales donde se lleve al niño al autocontrol de la situación y al acompañamiento adecuado de la familia, involucrando si es necesario a profesores y otros cuidadores.

En el contexto del tratamiento se intenta eliminar los factores emocionales desencadenantes que se relacionan con el manejo de la ira, la alegría, la ansiedad, la soledad, la tristeza y el ocio. Debemos promover el juego, el deporte, el afecto, el amor, el contacto con la naturaleza, las artes, la música y la lectura.

En algunos casos, la situación desencadenante puede requerir medicamentos como por ejemplo en el manejo de una depresión profunda, los cuales requieren no solamente un apoyo emocional, sino también farmacológico.

Es importante tener en cuenta que el castigo físico, el hecho de ridiculizar, los regaños y las amenazas no son útiles y con frecuencia agravan el problema, ya que pueden generar un impacto negativo en el desarrollo psicológico, y predisponen el desarrollo de conflictos sociales y sentimientos de culpa. En última instancia, la familia es el mejor tratamiento.

Recomendaciones

• No olvide que la onicofagia sue- le ser transitoria.
• Haga el ejercicio de establecer los desencadenantes de esta conducta.
• No utilice sustancias de mal sabor sobre las uñas; esto puede empeorar la conducta.
• El aceite de oliva aplicado ocasionalmente en las uñas las hace más suaves y flexibles, disminuyendo la tentación de masticarlas.
• Cubrir la mano se puede realizar de común acuerdo con el niño si se establece su utilidad.
• Estimule los buenos hábitos a través del ejemplo en el cuida- do de las manos.
• Si la conducta le genera conflicto, ansiedad familiar o altera el desempeño del niño, consulte a su pediatra.
• Nunca utilice el insulto o el castigo, recurra siempre al afecto.
• No olvide que un buen aliciente puede ayudar a corregir una conducta.
• Cree una palabra clave que le permita avisarle a su hijo que no debe continuar realizando la conducta cuando se encuentre en presencia de terceros

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