Mi hijo favorito

Por: Ana María Gómez Campos

Con la asesoría de Rafael Vásquez

Psiquiatra infantil y

María Elena López

Psicóloga de familia

 

Muy pocos padres son capaces de reconocer que tienen un hijo favorito. Suelen afirmar que a todos los quieren por igual, pero, ¿dicen la verdad?

Que los padres muestren ciertas preferencias con sus hijos no es como para escandalizarse. Sucede en la mayoría de los hogares, así los primeros se empeñen en negarlo. Por lo menos eso asegura Jeffrey Kluger, autor del libro Why mom liked you best, the science of favoritism (Por qué mamá te quiso más, la ciencia del favoritismo) y editor de la revista Time.

En sus escritos cuenta cómo trascurrió su infancia y sugiere que los hermanos mayores tienen más posibilidades de triunfar. Concluye que “el 95% de los padres tiene un hijo preferido y el otro 5% miente”. Y dice que esas pequeñas diferencias, alentadas por los padres, crean una ‘cascada’ de consecuencias al llegar a la edad adulta. El periodista se basa en investigaciones sobre la dinámica familiar. Entre ellas, el trabajo de Katherine Conger, de la Universidad de California (Estados Unidos), quien tras visitar a 400 familias para conocer sus interacciones, concluyó que: “El 65% de las madres y el 70% de los padres muestra preferencia por uno de los hijos, usualmente el mayor”.

El investigador afirma que la predilección por alguno de los hijos es natural e inevitable; un secreto a voces, y que el favorito aprovecha la situación en su beneficio, mientras sus hermanos se esfuerzan en silencio para ganarse ese lugar.

Kluger sostiene que la selección natural es parte de la vida humana, como en cualquier otra especie. Y aunque las mamás no abandonen a sus crías más débiles, sí tienden a destacar los logros del hijo más fuerte. Afirma que como tendencia general el primogénito de una pareja suele ser el favorito; es un hijo buscado y deseado que viene al mundo a recordarles a sus padres que su línea sanguínea continúa, es el primero para quien se compra todo nuevo (los hijos de allí en adelante tienden a heredar lo que no usan los mayores) y, si es el primer nieto de la familia, será el consentido.

Al respecto, el psiquiatra infantil Rafael Vásquez dice que obviamente todos los hijos son distintos, tanto que algunos no parecen de la misma familia y nacen en diferentes momentos de la vida, por eso la relación de los padres con cada uno tampoco puede ser igual. Así mismo, papá y mamá no juegan los mismos papeles en sus roles sociales. Así por ejemplo: “La madre, por lo general, media en las situaciones, y el padre es el opositor”, indica el especialista.

A su juicio, esta situación rara vez es extrema y no tiene nada de extraño sentir mayor empatía o comunicarse mejor con uno de los hijos. Así como una persona se relaciona con otras de forma distinta. El problema es cuando los padres los descuidan y no están al tanto de lo que viven.

Según María Elena López, psicóloga de familia, ocurre con frecuencia que los padres tengan una actitud diferente con cada hijo o con uno de ellos, lo cual se vive con cierta culpa porque no es bien visto. Y aunque se esfuerzan por tener un trato equitativo, es percibido por los hijos quienes miran con lupa cada uno de los actos de los padres. Cabe aclarar que, por lo general, es inconsciente y no se dan cuenta de que actúan distinto frente a las habilidades, el comportamiento o la forma de ser de alguno de sus hijos. Las teorías

Sobre la preferencia de los padres por los hijos se han hecho varios estudios. Uno de ellos, publicado en la revista Human Nature, dice que las madres suelen inclinarse por los primogénitos, mientras que los padres parecen sentir especial favoritismo por las hijas más pequeñas. Pero otros expertos afirman que es frecuente preferir al hijo del sexo opuesto: padres a hijas y madres a hijos, situación que cambia en la adolescencia, cuando se identifican más con los del propio género.

Otra teoría, conocida como la del ‘orden de nacimiento’, formulada por Francis Galton, primo de Darwin, dice que los primogénitos ocupan puestos más relevantes.

Todos nacen en circunstancias distintas

Lo cierto es que la relación de los padres con los hijos está marcada por las circunstancias, de acuerdo con el psiquiatra Rafael Vásquez. “No es lo mismo ser mamá a los 20 que a los 38 años, cuando los escenarios personales son distintos. Igualmente, si el niño nace en una situación económica difícil o de abundancia, si sus padres trabajan, pasan poco tiempo en casa, o llegan tarde”, agrega.

Para María Elena López: “La preferencia ocurre por motivos diferentes: es solo que los padres pueden sentirse más identificados, tener más afinidad o responder a expectativas, como querer un niño y no una niña o por la creencia de que el hijo mayor se quiere más. También si alguno tiene una debilidad, algún problema físico o uno de los padres lo trata con dureza. De cualquier manera, lo mejor es que esto se identifique y se asuma con claridad y honestidad”.

Otro factor que marca una relación son los intereses: si el padre es más intelectual preferirá el niño que es lector, si es ingeniero es posible que admire más al que es bueno en matemáticas, si es tranquilo se sentirá más cómodo con el hijo menos reactivo. “Sentirse más apegado a un hijo que a otro puede ser también circunstancial por la edad, la condición económica, o sentimental de uno de ellos en un momento determinado. Los padres le adjudican las características dependiendo de sus intereses, expectativas y su propia historia personal”, agrega la psicóloga.

Lo cierto es que la percepción de un trato desigual tiene efectos perjudiciales para todos. Los menos consentidos pueden sentir un trato injusto y reclamar más atención. Pero el problema no es tener un hijo favorito, sino rechazar a otro, porque si un padre no prefiere a un hijo, entonces ¿quién lo hará?

Hay límites

Es preciso tener cuidado para que el favoritismo no se haga evidente en un trato abiertamente diferencial que margine, subestime o ponga al otro en condiciones de desventaja. El problema es que lo que se juega es el afecto de los padres y, por esta razón, puede generar daño. Las reacciones de los hijos pueden manifestarse en agresión, apatía, rebeldía o tristeza, lo cual afecta de manera importante la dinámica familiar. Lo primero es que los padres tengan conciencia de esta actitud, manejen sus sentimientos de culpa y tengan un trato que corresponda a la realidad de cada hijo. Preferir un hijo no significa que se ame diferente.

Se puede ver en que a los preferidos les brindan más atención, los favorecen económicamente, les resaltan siempre sus habilidades y capacidades o comparten sus actividades, preferencias o hobbies. Obviamente al hermano este comportamiento lo afecta en su autoestima, valía y la confianza en sí mismo. Con frecuencia se siente no tenido en cuenta, suficientemente valorado o querido por sus padres. Puede generar rivalidad entre los hermanos que se manifiesta en agresividad, falta de cooperación o exclusión.

Pero es claro que la mayoría de las veces los hijos aprenden a lidiar con padres diferentes a no ser que su preferencia por alguno sea muy marcada, pues un padre puede compensar al otro, pero no reemplazar el afecto que cada uno debe darle al hijo.

RECUADRO

Consejos para padres

Estos son las recomendaciones de los expertos para que los padres tengan una buena relación con sus hijos:

– Acepte que el favoritismo es algo natural y que ocurre en la mayoría de las familias.

– A los niños siempre hay que ponerles atención, aceptar sus quejas y sus críticas.

– Los problemas deben examinarse y solucionarse entre todos para mejorar.

– No hay que dar excesiva trascendencia al tema del favoritismo, solo son relaciones distintas. Tener relaciones de exclusividad con los hijos ayudará a generar roles especiales y diferentes.

– Se deben evitar las discriminaciones con regalos o cosas materiales.

– Hay que esforzarse por identificar los talentos y virtudes propios de cada hijo.

– Los padres no deben descuidar a ninguno de los hijos; todos necesitan de su atención.

– Conviene destinar tiempos y espacios parecidos para todos los hijos, además de fomentar el amor, la comprensión y el respeto a la diferencia entre ellos.

– Evite hacer juicios que favorezcan a uno y demeriten al otro.