Mejor alimentos que suplementos

La falta de apetito de los niños o la creencia en que con un suplemento nutricional crecerán más saludables hace que muchos padres se los suministren a sus hijos de forma indiscriminada, sin preocuparse por su alimentación. Pero, ¿qué tan conveniente resulta? ¿En qué casos son necesarios los suplementos? 

Por: Ana María Gómez Campos
Con la asesoría de Clara Rojas Montenegro
nutricionista clínica infantil,
asesora de la Sociedad Colombiana de Pediatría
y consultora del Programa Mundial de Alimentos,
y Aida Lebbos, pediatra

Que el niño no come, que está “lánguido”, que no crece o que necesita concentrarse en sus actividades escolares son algunas de las razones que aducen algunos padres para darle por su cuenta suplementos nutricionales, sin un control médico-pediátrico.

Lo cierto es que antes de acudir a este recurso –generalmente utilizado como medida fácil y desesperada para salir de la angustia por la inapetencia del niño– habría que empezar por revisar los hábitos alimentarios en casa, pues es allí donde debe estar la solución al problema. La complementación y suplementación nutricional solo se indican en condiciones de riesgo o situaciones especiales.

Una cosa es una cosa…

Antes de entrar en materia, hay que diferenciar entre alimento, complemento y suplemento.

De acuerdo con la nutricionista clínica infantil Clara Rojas Montenegro: “Alimento es todo producto natural elaborado o no, que brinda nutrientes específicos que aportan energía, clave en el desarrollo”. La alimentación ideal debe ser suficiente, equilibrada y completa para que el niño crezca sano.

El complemento, como su nombre lo indica, es un medicamento que incluye sustancias determinadas de un grupo de alimentos, como vitaminas, minerales, proteínas –concentradas– y se usa para ayudar en caso de alguna deficiencia, pero no puede remplazar ninguna de las comidas diarias. Es el caso de los niños que nacen sin reservas suficientes de hierro, las madres embarazadas que requieren ácido fólico y los menores con diarrea o con problemas respiratorios, que necesitan zinc y vitamina A, respectivamente.

El suplemento (también medicamento), a diferencia del complemento, reúne todos los nutrientes que necesita el organismo y puede sustituir una comida completa. Es formulado en los casos de pacientes que por una condición médica no pueden recibir una alimentación normal (porque están hospitalizados y no están en capacidad de masticar o tragar, por desnutrición o debilidad, entre otras causas). Esa es la única razón para consumirlos, de acuerdo con Clara Rojas.

La pediatra Aida Lebbos, entre tanto, coincide en que nada mejor que recibir los beneficios de la alimentación y en que no es recomendable suministrar suplementos al azar. Antes se debe analizar el peso, la talla y el crecimiento del niño bajo la orientación e instrucción del pediatra o especialista del caso. “A menos que tenga su curva baja, que su alimentación sea vegetariana, que el desarrollo no corresponda a la edad, que sufra alguna enfermedad, o que no pueda comer, se le formulan. Otras razones no se justifican”, indica.

El problema es que los padres piensan que si los niños no comen frutas ni verduras, les pueden dar suplementos y no les crean buenos hábitos. “Por las carreras en que viven, los papás de hoy tienen poca conciencia de que las vitaminas y los minerales están en los alimentos. A las generaciones anteriores nos tocó la comida casera; las de ahora pasan con una hamburguesa y otras comidas rápidas: los muchachos quedan felices y los padres, salen del paso”, comenta Lebbos.

La inapetencia, capítulo aparte

La falta de apetito es una de las causas más frecuentes de consulta pediátrica. La doctora Rojas estima que en el 60% de los casos que atiende en su consultorio, los padres se quejan de que el niño no come. “De ese total, una mínima parte tiene alguna deficiencia alimentaria y se trata más bien de un problema conductual”, explica la experta.

El libro Nutrición clínica y gastroenterología pediátrica, de Clara Rojas y Rafael Guerrero, precisamente dedica uno de sus capítulos al tema y sostiene que: “El apetito corresponde al deseo de consumir determinados alimentos, con expectativas de recompensa. El hambre, la presentación del alimento, su olor y sabor, son estímulos del apetito”. Y comer es necesario para satisfacer el hambre (que es la necesidad de comer, desencadenada por señales orgánicas).

Así, la inapetencia es la pérdida del apetito e incluye el rechazo a ciertos alimentos. Cuando el niño no come debe adelantarse un estudio clínico para descartar algún problema orgánico específico y conocer el estado nutricional.

“Entre los problemas conductuales se cuentan el apetito selectivo, la aversión a los alimentos, el temor a las comidas y la anorexia infantil. Y si el problema es orgánico, hay que ver cuál es la razón y si es necesario dar un suplemento nutricional”, afirma la doctora Rojas.

Otra es la situación de las poblaciones con niveles de desnutrición y pocas posibilidades de acceso a los alimentos, en las cuales los suplementos resultan beneficiosos. En cambio, su prescripción no representa mayores ventajas en niños sanos. Si se usan en exceso en casos de inapetencia, encubren el verdadero origen del problema y contribuyen a que se refuercen las conductas inapropiadas de padres e hijos, sostienen los expertos en el libro.

Por otro lado, algunos de los suplementos utilizados sin necesidad pueden tener efectos adversos en los niños porque desequilibran su alimentación. Los de vitaminas, comúnmente utilizados para corregir deficiencias, son capaces de ocasionar toxicidad cuando se administran en altas dosis. En ese caso, el dinero que se invierte en medicamentos es mejor destinarlo para la compra de alimentos.

Para que coman mejor…

El primer paso para evitar problemas de apetito y desnutrición es seguir las conductas necesarias para conseguir una alimentación completa, variada y suficiente. Hay que tener en cuenta que los suplementos como sustitutos del desayuno, por ejemplo, pueden quitar el hambre para la comida siguiente, por eso resulta más conveniente mejorar la calidad de la alimentación.

En los bebés, cabe recordar que la lactancia es la mejor opción –por lo menos hasta el sexto mes– para nutrirlos adecuadamente y evitar enfermedades. A partir de ese momento, de acuerdo con la nutricionista, se deben ofrecer variedades de alimentos, texturas, sabores y consistencias en los cereales, frutas y verduras.

“A los seis meses hay un momento crítico porque el niño es más receptivo a los diferentes nutrientes y alimentos cuando empieza los movimientos masticatorios. De ahí la importancia de tener buenos hábitos y una alimentación saludable en
edades tempranas.

El niño aprende lo que le enseñamos”, enfatiza la doctora Rojas. Pero también afirma que con paciencia y perseverancia, los malos hábitos se pueden corregir.

A su juicio, es indispensable buscar el compromiso familiar para fomentar conductas apropiadas. La hora de sentarse a la mesa, puede causar conflictos y peleas. Se recomienda, entonces, establecer horarios y rutinas; debe haber un tiempo para cada comida (45 minutos por lo menos), y si al niño no le provoca, tampoco hay que llenarlo de opciones, como si la casa fuera un restaurante. Todos deben comer lo mismo en las porciones adecuadas. Para que funcione es clave establecer principios claros de alimentación en los pequeños.No quiere decir que de vez en cuando no disfruten de comidas rápidas, pero eso sí, nunca hay que olvidar el ejercicio y evitar el sedentarismo.

Recuerde que…*

  • La alimentación del preescolar debe estar basada en variedad de alimentos con alto valor nutricional.
  • Para estimular al niño a comer es necesario ofrecer porciones pequeñas, en preparaciones agradables y sencillas, de fácil masticación y deglución, con alimentos variados de los grupos básicos.
  • Cuando se le brindan solo los alimentos de su preferencia se corre el riesgo de consumo insuficiente de nutrientes y calorías.
  • La familia es la que establece los modelos de alimentación.
  • El biberón debe dejar de ser parte importante de la alimentación del niño, después del primer año de vida.
  • El consumo de golosinas y gaseosas interfiere con la alimentación y es causa de falsa inapetencia y de rechazo de los alimentos básicos.
  • Los colegios deben ofrecer alimentos acordes con las necesidades nutricionales del niño.
  • En la medida en que un niño reciba una alimentación normal y variada recibe los nutrientes necesarios y no requiere suplemento alguno.
* Fuente: Nutrición clínica y gastroenterología pediátrica. Editorial Panamericana. 1999.