¿Mamá, estás triste?

Desde el nacimiento

¿Mamá, estás triste?

Por: Amparo Díaz

Pediatra puericultora

 Se calcula que uno de cada 11 niños podría estar expuesto a cuadros de depresión de sus madres en el primer año de vida. Esta afecta sus capacidades para responder a los requerimientos del bebé. ¿Qué hacer?

La gestación es uno de los eventos más trascendentes en la vida de una mujer y de una pareja, independientemente de las condiciones en las que se presente. Es un estado que producirá en la madre una serie de cambios corporales y anímicos, que incide en los diferentes roles que desempeña como mujer con su pareja, su familia, su entorno laboral y social, algunos de ellos transitorios, pero la mayoría perdurables, pues a partir del momento de la concepción nunca dejará de ser madre.

El tipo de emociones que su nuevo estado genera, su forma de vivirlas y expresarlas dependerán de su personalidad, de sus vivencias y experiencias previas, así como de las relaciones que ha establecido con el ambiente y las personas que la rodean; podrán ser manifiestas de manera diversa, como expresiones muy sutiles hasta situaciones que encajan y clasifican en patología mental clara, como trastornos de ansiedad o depresión.

Ocho de cada 10 mujeres pueden presentar cambios emocionales leves y transitorios expresados como irritabilidad, tristeza, cansancio, o llanto fácil. Aparecen entre el tercer y el séptimo día después del parto, y son de corta duración. A este estado se le ha llamado ‘melancolía de la maternidad’ y se relaciona con los cambios hormonales asociados con el parto. El conocimiento de la situación y el apoyo familiar harán que esa situación pase sin complicaciones.

Estudios relacionados con depresión materna refieren que hasta un 20% de las mujeres pueden presentar síntomas de depresión durante la gestación. Uno de cada 11 niños podría estar expuesto a cuadros de depresión de sus madres en el primer año de vida, con un aumento en estas cifras cuando existen antecedentes de depresión o están expuestas a situaciones de estrés familiar, social o económico, lo cual en un país como el nuestro coloca a un porcentaje elevado de las mujeres gestantes en riesgo de presentar depresión materna.

Impacto de la depresión materna sobre el desarrollo del niño

La depresión materna, independientemente de la severidad, afecta las capacidades de la madre para responder a los requerimientos físicos, afectivos, vinculares y de estimulación que su bebé requiere para su óptimo desarrollo. Los niños con madres que presentan depresión muestran compromiso en áreas del desarrollo cognitivo, emocional, del comportamiento, retraso en el lenguaje y tienen riesgo de presentar dificultades escolares, desempeños sociales inadecuados y problemas de salud mental.

La madre deprimida puede asumir dos roles: el primero es hostil e intrusivo, con el cual ‘bombardea’ al niño con acciones que no le permiten a este responder a los estímulos distorsionados que recibe. El niño pequeño expuesto a una interacción hostil o agresiva desarrolla sentimientos de temor y ansiedad que al estar presentes por períodos prolongados, dispararán la producción de sustancias hormonales como el cortisol, el cual afecta varios órganos y funciones como el aprendizaje e incrementa la posibilidad de presentar alteraciones emocionales.

El segundo rol que puede adoptar una madre deprimida es el de pasividad y retraimiento, que no aporta al niño la estimulación necesaria para su desarrollo. Cuando esta situación se extiende en el tiempo afecta la arquitectura cerebral en desarrollo, con alteraciones perdurables ya mencionadas.

Es importante aclarar que las madres o padres con síntomas depresivos no son malos padres, simplemente carecen de los recursos emocionales para responder eficaz y asertivamente a las necesidades de sus hijos y requieren con urgencia del apoyo de la familia, de la comunidad y del personal de salud para mejorar su salud mental y, de esta forma, la calidad en la interacción con sus hijos.

Cuando se establecen diagnósticos tempranos y se instaura apoyo y tratamiento para estos padres, el pronóstico para sus hijos mejora notoriamente.

Depresión durante la gestación

Las madres gestantes con depresión también presentan alteraciones de los sistemas neurohormonales, con un incremento en la producción de sustancias que afectan el crecimiento del bebé en el útero y predisponen a partos prematuros, con el riesgo que el nacimiento de un niño antes de tiempo conlleva para la salud y la supervivencia. Estos niños también muestran dificultades de adaptación a su entorno expresadas por irritabilidad y dificultad para la interacción con su madre u otros cuidadores.

La depresión materna es una situación que probablemente está subdiagnosticada en nuestro medio. Por falta de información, pero también por prejuicios, la enfermedad mental tiende a minimizarse, especialmente en un momento de la vida de una mujer que se supone que debe ser de felicidad, como es el caso de la maternidad.

Los pediatras tenemos una oportunidad única de observar las actitudes y el estado de ánimo de la madre en la interacción con su bebé desde la primera consulta, incluyendo la consulta prenatal. Nuestra relación con el niño y la madre nos permite un acercamiento a ella, para reconocer dificultades de índole emocional que estén interfiriendo con el cuidado del niño, orientarla y acompañarla en la búsqueda de un apoyo terapéutico.

El Ministerio de Salud y Protección Social en la Guía de Atención a la Mujer Embarazada indica evaluar la salud mental de la madre con dos preguntas:

–  ¿Durante el mes pasado se ha sentido con frecuencia triste, deprimida?

–   ¿Durante el mes pasado ha estado preocupada por tener poco interés o placer para hacer las cosas cotidianas?

Si contesta afirmativamente, se le pregunta si siente que necesita ayuda.

Esperamos que el personal que entra en contacto con la mujer gestante y cuando su bebé haya nacido, posea la experiencia y sensibilidad para detectar dificultades emocionales que posiblemente no siempre son evidentes y establezca una red de apoyo familiar y terapéutico, lo cual impactará positivamente en el desenlace de la gestación, del parto, y en la salud y desarrollo del niño.

 

Sugerencias

–   Informe a las madres, familias y comunidad sobre la existencia de este problema y sobre los riesgos para la madre y el niño cuando no se diagnostica y se trata.

–   Sensibilice al personal de salud encargado de atender a la díada madre-niño durante la gestación y el posparto, para que pregunte acerca de la presencia de síntomas que puedan sugerir depresión materna.

–   Implemente estrategias para el diagnóstico e intervención temprana de alteraciones en la salud mental de la madre.

–   Invite a médicos y enfermeras, que cuentan con tiempo limitado para la atención de la madre gestante, a familiarizarse con el uso de cuestionarios para la detección de casos posibles de depresión; uno de los usados con más frecuencia es la Escala de Edinburgh.

–   Trabaje en equipo con el establecimiento de un cuidado perinatal integrado, conformado por obstetricia, nutrición, pediatría, enfermería y salud mental.

Nuestro objetivo: la salud integral de la madre y el niño desde la concepción, la gestación y el nacimiento, con un acompañamiento paralelo para ambos a lo largo de sus vidas.