Los primeros 1.000 días decisivos en la vida de todo niño

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Es claro que la primera infancia es la edad en la cual se sientan las bases para el desarrollo y el crecimiento del futuro adulto. Sin embargo, en los últimos años, gracias a nuevos conocimientos sobre el desarrollo del cerebro, la importancia de los cuidados durante el embarazo y los efectos de la alimentación, se ha dado toda la importancia a los primeros 1.000 días de la vida de un niño, es decir, a los 270 días que dura el embarazo, los 365 días del primer año, más los 365 del segundo año. En otras palabras, los primeros 1.000 días de un ser humano son aquellos que van desde el comienzo de la gestación hasta que cumple 24 meses de vida. Veamos, a continuación, las razones que justifican la atención prioritaria durante esta etapa de la vida.

 Desarrollo del cerebro

En relación con el desarrollo del cerebro, los conocimientos más importantes son los siguientes:

  • Los primeros 1.000 días determinan de manera definitiva y casi irreversible la inteligencia cognitiva del niño, pues es la época en la que se establecen el mayor número de puentes o conexiones (sinapsis) entre las neuronas, lo que constituye la base del conocimiento, del aprendizaje. En esa edad ocurren entre 700 y 1.000 conexiones neuronales por segundo.
  • Hasta el 75% del consumo de energía del organismo en esta edad se orienta hacia el desarrollo cerebral.
  • El máximo crecimiento del cerebro se da en los primeros seis meses de vida.
  • El 85% del cerebro termina de formarse en los primeros 1.000 días de vida.
  • Además de la inteligencia cognitiva, en esta edad se establecen conexiones neuronales que permiten y facilitan la adquisición de habilidades sociales (inteligencia social) y para afrontar situaciones de estrés (inteligencia emocional).
  • Dependiendo del ambiente, en el primer año se crean o no lazos emocionales fuertes.
  • La capacidad del cerebro para establecer estos puentes es máxima en los primeros 1.000 días, pero luego va disminuyendo, por lo que se calcula que a los siete años baja al 50%.

Con los anteriores conocimientos se ha podido concluir y demostrar que el mayor desarrollo para funciones tan importantes como la visión, la audición, el lenguaje y las funciones cognitivas superiores, se da desde el comienzo del embarazo hasta los dos años de edad, cuando estas posibilidades de conexiones empiezan a disminuir.

Para reforzar lo anterior, ya hay investigaciones que demuestran que durante el embarazo el cerebro del feto es capaz de sintonizarse con el entorno auditivo que lo rodea; es un tiempo en el que ocurre un amplio desarrollo del cerebro, teniendo la capacidad de discriminar sonidos. De hecho, se sabe que el feto puede descifrar el habla a partir del séptimo mes, lo que le da un respaldo científico a la importancia de hablarle al niño, de cantarle y estimularlo en la etapa prenatal.

Estos mismos hallazgos han comprobado que la mayor actividad de las neuronas del cerebro se presenta en la corteza auditiva, actividad que tiene su máximo pico a los tres meses de edad, y a los seis meses los niños están en capacidad de percibir todas las palabras habladas (fonemas), lo que también es una base científica que respalda la importancia de leerles en voz alta, cantarles, recitarles nanas y rimas desde los primeros meses de vida.

bebe2Nutrición de la gestante y del niño en los primeros dos años

Son hechos que se conocen como los de mayor trascendencia, ya que tienen un efecto positivo tanto en la madre gestante como en el niño en sus primeros años. Veamos algunos:

  • El suministro de vitamina A durante el embarazo disminuye en el niño el riesgo de morir en sus primeros seis meses, y la deficiencia de esta vitamina en los niños aumenta el riesgo de sufrir diarreas graves.
  • El niño que tiene un déficit de zinc tiene más riesgo de sufrir neumonía y diarrea.
  • La anemia por deficiencia de hierro puede ocasionar un bajo cociente intelectual en los niños, especialmente en los primeros dos años, cuando este trastorno es más frecuente.
  • Cuando una madre gestante tiene bajos niveles de vitamina B12, el niño tiene un riesgo mayor de tener baja talla, así como una pobre función cognitiva y retardo global del desarrollo.
  • Los padres con obesidad tienen mayor probabilidad de tener hijos obesos.
  • Las madres muy delgadas, con un índice de masa corporal muy bajo, tienen más probabilidades de experimentar un retardo en el crecimiento del feto.

Los efectos de la lactancia materna en los primeros 1.000 días

Si en algún campo se han dado avances notorios sobre la etapa de los dos primeros años es en el conocimiento de las enormes ventajas de la leche materna. Ya no cabe la menor duda de que lo ideal es que esta sea el alimento único durante los primeros seis meses, a partir de los cuales se debe complementar con otros alimentos, con la firme intención de prolongar la lactancia hasta los dos años. Algunas de sus ventajas son, a saber:

  • El niño que recibe leche materna tiene menos riesgo de sufrir una infección de los bronquios (bronquiolitis), que es la primera causa de hospitalización en los niños menores de 1 año en Colombia.
  • La frecuencia de infecciones del oído (otitis media) se reduce en un 23% en niños amamantados.
  • También es menor la frecuencia de neumonía y de diarrea, dos de las enfermedades más comunes en los primeros años.
  • En los niños alimentados al pecho la incidencia de resfriado común e infecciones de la garganta se disminuye en más del 60%.
  • El riesgo de presentar el síndrome de muerte súbita del lactante (“muerte de cuna”) también se reduce en casi el 40%.
  • El riesgo de obesidad en los adolescentes y adultos baja entre el 15 y 30% en los niños alimentados con leche materna.

El problema de la obesidad

Hasta años recientes los esfuerzos de madres y abuelas se orientaban a que el niño creciera, a que ganara buen peso, y todo por el temor a la desnutrición. En las últimas décadas, sin embargo, ha aparecido una nueva epidemia que amenaza a los niños de todas las condiciones sociales: el sobrepeso y la obesidad. Ya se sabe que si un niño gana peso de manera exagerada, especialmente en los primeros años, tiene altas probabilidades de ser obeso en la vida adulta, lo que significa un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y diabetes, entre otras consecuencias.

Sobre la relación entre la obesidad y los primeros 1.000 días de vida se conoce lo siguiente:

  • Los factores prenatales de riesgo de obesidad son, entre otros, la obesidad de los padres, diabetes gestacional y madre fumadora.
  • Entre los factores de riesgo del niño en sus primeros años están: no recibir lactancia materna, ganancia rápida de peso, duración corta del sueño diario, depresión y sufrir alguna discapacidad.
  • La prevención de la obesidad debe empezar desde antes del embarazo, continuar durante la gestación y con la vigilancia del crecimiento del niño en los primeros años.
  • Ya es un hecho que la vida fetal y los dos primeros años de vida son períodos críticos para la programación metabólica del organismo hacia la obesidad.

El maltrato infantil en esta edad

Es claro que el maltrato infantil deja secuelas físicas y emocionales, pero investigaciones recientes muestran que el maltrato y el estrés grave durante la infancia pueden afectar el desarrollo temprano del cerebro. Los niños maltratados tienen mayor riesgo de obesidad, enfermedades cardiovasculares, abuso de drogas, depresión, suicidio y violencia. El maltrato y el estrés extremo pueden ocasionar cambios en la expresión genética, con las consecuencias anotadas.

 Efectos en la vida adulta

Teniendo en cuenta las anteriores consideraciones, se conocen ya las consecuencias en la vida adulta de un crecimiento y desarrollo inadecuados en los primeros años, especialmente en los primeros 1.000 días. Algunas de estas son:

  • La desnutrición en esta edad afecta de manera irreversible la capacidad de aprendizaje del adulto y se asocia con un bajo nivel económico.
  • La estatura del adulto se asocia de manera directa con los ingresos.
  • La desnutrición materna se relaciona con bajo peso al nacer de la generación siguiente.
  • Los niños desnutridos tienen mayor riesgo de ser adultos de baja estatura, tener un pobre desempeño escolar y engendrar a su vez hijos pequeños.

Es claro, entonces, que el pobre crecimiento fetal o la baja talla en los primeros dos años lleva a un daño irreversible, incluyendo baja estatura en la adultez, pobres logros escolares, ingresos reducidos y disminución del peso al nacer de la descendencia.

Intervenciones

Las respuestas sobre cuáles deberían ser las acciones para lograr un crecimiento y desarrollo óptimos en los primeros 1.000 días de vida de un niño están en todas las consideraciones ya anotadas. Sin embargo, es válido resaltar las más generales:

  • La importancia del hijo deseado, planeado, y de la consulta preconcepcional de la pareja, es decir, la que se hace antes de embarazarse, para intervenir desde ese momento en los factores de riesgo.
  • Los cuidados de la gestante, incluyendo su estado nutricional, el control del peso, la administración de vitaminas y otros micronutrientes.
  • Lactancia materna exclusiva los primeros seis meses y prolongada hasta los dos años, con una alimentación complementaria adecuada a partir del sexto mes.
  • La suplementación de hierro y vitamina A, a partir de los seis meses.
  • La desparasitación, esto es, la eliminación de los parásitos intestinales más comunes, a partir del año de edad.
  • Los controles periódicos del crecimiento y desarrollo con énfasis en los primeros dos años.
  • El juego, la estimulación, la lectura en voz alta y las manifestaciones de afecto en todo momento por parte de los padres y de todos los demás cuidadores.

Conclusiones

Nunca volverán a pasar tantas cosas ni tan rápido como en los primeros 1.000 días de la vida de un niño, y algunos de estos acontecimientos marcarán para siempre y de manera irreversible la salud global del adulto que ese niño terminará siendo. Los efectos de las intervenciones en esta edad repercutirán positiva o negativamente, no solamente en el niño actual, sino en las generaciones siguientes. Invertir en esta edad es entonces hacerlo en el desarrollo económico y social de un país.

Por: Luis Carlos Ochoa Vásquez

Pediatra puericultor, Universidad de Antioquia

Profesor Titular, Universidad Pontificia Bolivariana

 

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