Los pediatras de hoy, sanadores más que prescriptores

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El rol del pediatra ha ido cambiando con los años. Los pediatras de ahora buscan involucrarse y empaparse más en temas que van más allá del cuidado de la salud física de sus pacientes, se preocupan también por su salud mental y psicológica, por su estado emocional y por su crianza, participando de manera activa en todo lo relacionado con la puericultura (del latín puer/pueris (el niño/del niño) y cultura, “cultivo”; o sea, el arte de la crianza), una disciplina que ha llegado a la vida de muchos pediatras para convertirse en el eje central de sus prácticas profesionales.

Ser pediatra y trabajar con niños no es tan simple, se requiere de un gran compromiso y dedicación y tener ciertos atributos para poder relacionarse y comunicarse muy bien con sus pequeños pacientes, pues los niños no son tratados de la misma forma que los adultos.

El pediatra de hoy tiene un papel relevante en el acompañamiento de los padres en el proceso de la crianza de los hijos, es más educador y sanador, que prescriptor. En puericultura, cualquier tema los educa para educar. Cumple una función educativa al orientar a los padres sobre los diferentes programas y planes de formación que van desde adquirir hábitos saludables hasta estimular el desarrollo del menor. Su objetivo no es solo lograr que los niños crezcan saludables físicamente, sino que también se les mejore su calidad de vida y se les satisfaga sus necesidades, siempre pensando en su bienestar.

Por otro lado, la parte preventiva también es fundamental. Para el pediatra puericultor Germán Soto Moreno, “el pediatra de hoy debe ser medicinal es por su actitud y la actitud siempre debe ser la de prevenir antes que la de curar. Por ello, su fórmula es: ‘cambiemos la amoxicilina por amor-xicilina’”. El especialista hace un llamado a todos los que trabajan por la salud infantil y los invita “a educar con guías anticipatorias sobre los temas de salud, dándole prioridad al estilo de vida saludable y la salud mental en la familia, como las mejores estrategias de prevención, acompañadas de una crianza humanizada para dejar una verdadera huella en los pacientes y sus familias”.

 

Reafirmar el rol del pediatra

La Academia Americana de Pediatría (AAP, por su sigla en inglés) invita a los pediatras a reafirmar su rol y el papel vital que representan no solo para la promoción de la salud física, sino también mental, social y el bienestar en general de sus pequeños pacientes. Por eso, una de las recomendaciones que hace es que “los pediatras cariñosos, compasivos y conocedores deben abordar las necesidades de sus pacientes y de todos los niños en todo el contexto de la comunidad”.

Para los pediatras de Lone Tree Pediatrics, por ejemplo, uno de los principales atributos o valores que un pediatra debe tener es la compasión, que se traduce en el ser capaz de mostrar simpatía e identificación frente al dolor o sufrimiento de su paciente, porque “un excelente pediatra tratará a su paciente como si fuera su hijo propio, con bondad y cariño”.

Además de ser compasivo, debe demostrar tener paciencia y comprensión, no solo con los niños que atiende, sino también con sus padres, pues en muchas situaciones donde los niños presentan enfermedades muy difíciles de tratar o, incluso, que no se pueden curar, la preocupación de los papás puede llegar a ser abrumadora, y, es ahí, donde el pediatra debe tomarse el tiempo para escuchar a sus pequeños pacientes y responder a todas las preguntas e inquietudes de sus padres, explicándoles los procedimientos, problemas e instrucciones de una manera amable y comprensiva.

Como así lo manifiesta el Dr. Soto, “muchas enfermedades no pueden ser cambiadas en su curso natural y sus consecuencias pueden ser las no esperadas, ya sea por los fármacos empleados o por el resultado de las intervenciones, y es allí cuando la frase célebre del psicoanalista Sigmund Freud tiene una gran repercusión: ‘La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas’, ya que el pediatra se vuelve medicinal al tranquilizar”.

Y agrega: “Con lo que dice, en la forma cómo lo dice y para lo que lo dice, eso hace de un pediatra un pediatra sanador. Esto es lo que hace que pueda que en muchos sitios se trate de igual manera una situación clínica, pero que solo en un consultorio haya mejores resultados que en otros y esto también tiene mucho que ver por la amistad médico-paciente, un sentimiento de amor que nace y une a un niño y su familia con su pediatra, y que hace que los mejores resultados fluyan”.

Y qué mejor explicación al respecto, que la descripción que hacen los pediatras colombianos Ernesto Plata Rueda y Francisco Javier Leal en su libro El pediatra eficiente: “La excelencia, sin detrimento de la eficiencia, en la práctica pediátrica, se basa fundamentalmente en una óptima relación médico-paciente. Esta tiene su fundamento en una peculiar versión de la relación amistosa, a la cual conviene dar el nombre de amistad médica. El encuentro personal auténtico entre médico y enfermo es rigurosamente imprescindible para una práctica humana del arte de curar”.

El psicoanalista y matemático británico Michael Bálint decía: “El médico es el primero de los medicamentos que él prescribe”.  El privilegio y el honor de ser pediatras los hace acompañantes de los retos de vida o desafíos biológicos, psicológicos o sociales de los niños y adolescentes y sus familias, en medio de situaciones en las cuales no siempre hay una cura, y en las que, por lo tanto, se debe calmar y consolar para que ese reto sea más llevadero y lleno de aprendizaje, como así lo expresa Soto.

De esta forma, siempre habrá una mejor manera de abordar momentos críticos frente a una enfermedad, tratando de disminuir su impacto en el niño y su familia, tocando sus corazones, y siendo compasivos y solidarios con ellos.

“Si podéis curar, curad; si no podéis curar, calmad; si no podéis calmar, consolad”. Augusto Murry (médico italiano).

 

Aprender a escucharse mutuamente

“El pediatra de mi hijo no me escucha”, es lo que a veces alegan algunas mamás o papás; los conflictos que se presentan por este motivo entre padres y pediatras no son fuera de lo común; sin embargo, no siempre es el caso de que los pediatras no escuchan, sino que los padres hablan demasiado y no permiten hablar al especialista que está concentrado en su paciente. En pediatría, las habilidades interpersonales y de comunicación son esenciales, y es muy importante que exista una comunicación eficaz, no solo entre el pediatra y su paciente, sino también entre éste y la familia o cuidadores.

Y ¿qué es lo mejor en estos casos?, construir una relación médico-paciente-cuidador basada en la confianza, en la que el especialista piense siempre en el bienestar de su paciente y escuche fielmente cuáles son sus expectativas. “Antes de la inspección, palpación, percusión y auscultación, el médico debe efectuar la ‘escuchación’”, así lo manifiesta el pediatra español Carlos Jiménez Díaz.

Los avances en la tecnología y el uso de diferentes herramientas tecnológicas en medicina han hecho que muchas veces esa relación médico-paciente se vuelva un tanto distante, pero, a pesar de ello, el especialista no debe dejar que esto afecte el contacto directo con su paciente porque, como así lo recalca Ernesto Plata, “ningún escrito reemplaza con eficiencia la conversación personalizada entre el médico y los padres”.

exp-2Hablarle y escuchar al paciente es lo que más orienta el diagnóstico, recomienda Francisco Javier Laso Guzmán, catedrático de Medicina y autor de varios artículos científicos, para quien, si bien es fundamental hacer un buen uso de las grandes ventajas que ofrece la tecnología, esto también debe ir de la mano de mantener la cercanía y el contacto directo con el paciente. La atención médica se hace muchas veces sin mirar a los ojos, y es por eso por lo que es tan importante el tiempo que se les dedica a estos pequeños pacientes.

Es indispensable aprender habilidades de comunicación y, en especial, porque el trabajar con niños podría ser quizás una de las profesiones más desafiantes de todas las especialidades de la medicina. Ellos son especiales y requieren un trato como tal y, como lo indican varios estudios*, los factores predictivos más importantes para que exista una comunicación efectiva entre médicos-pacientes-padres son: interés, cuidado, calidez y receptividad.

 

Los pediatras tiernos y cariñosos

Ya hemos hablado de lo importante que es que el pediatra de hoy sea más compasivo, amable y comprensivo, no solo con sus pacientes, sino también con sus padres, pero hay otra cualidad que no puede ser ajena a esta noble profesión, y de la que tampoco debemos dejar de hablar, y esa es la ternura. Ya muy bien lo decían Plata Rueda y Leal en su libro El pediatra eficiente, y con lo que estoy totalmente de acuerdo, y es que: “La verdad clara es que quien no sea capaz de experimentar ternura frente a un niño, no debería ser pediatra”.

Ese llamado del Dr. Soto de cambiar la amoxicilina por amor-xicilina no es algo que se debe tomar a la ligera, pues la pediatría es una profesión que involucra mucha sensibilidad interpersonal y en la que cada especialista debe ser consciente de que debe mejorar continuamente su comportamiento, siendo más afectivo y cariñoso, y mostrando más empatía y ternura. Y es que la comunicación afectiva no solo puede ser muy útil a la hora de tratar a los niños, sino también puede ser muy conveniente en la visita médica al poder aliviar la angustia y ansiedad de los padres, lo que representa una gran fuente de apoyo social y emocional.

*Fuente: Mărginean CO, Meliţ LE, Chinceşan M, et al. Communication skills in pediatrics ± the relationship between pediatrician and child. Medicine (Baltimore). 2017 Oct; 96(43): e8399.

 

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