Los niños y las tareas

En su justa medida, y si son adecuadas para la edad y el conocimiento del niño, las tareas escolares refuerzan el aprendizaje y la autonomía.

Por: Mariana Duque Yepes

Residente Pediatría

Universidad de Antioquia

 

Las tareas escolares han tenido un gran avance a través de la historia. Antes del siglo XIX no se hablaba acerca de ellas, por lo que se cree que esta actividad se desarrollaba de acuerdo con la cultura y metodología de aprendizaje del momento; se conoce que en un principio se imponían como una forma de castigo, equiparable con el físico. En la década de los setenta se empieza a cuestionar esta metodología pedagógica, que además estaba también basada en actividades de memorización. Luego, durante los años ochenta se empieza a dar importancia a las tareas y se visualizan como una posibilidad de crear una sociedad académicamente competente. Posteriormente, con el progreso de la pedagogía se orienta el desarrollo de las tareas escolares como un medio para el desarrollo de la autonomía, aprendizaje y adquisición de hábitos que tendrán un impacto positivo en la vida del menor.

Antes del siglo XIX pocos niños asistían a la escuela, en ocasiones lo hacían de manera esporádica, y algunos de ellos llegaban hasta el quinto grado; la principal tarea de aquellos niños que podían continuar asistiendo a la escuela era la memorización durante largas jornadas.

Con el progreso de la pedagogía, a mediados del siglo XX la metodología de estudio empieza a cambiar y se asemeja a la de la actualidad, donde han perdido importancia las actividades de memorización y las tareas se convierten en un recurso educativo que estimula el aprendizaje y complementa las actividades de una clase.

Una de las problemáticas del siglo XXI es la poca motivación de los estudiantes para la realización de las tareas escolares en casa, esto es debido a que las tareas se han venido convirtiendo en una sobrecarga de trabajo para el alumno, quien dedica la mayor parte de su tiempo a la realización de estas, bajo la falsa creencia que entre más tareas se designe mejor estudiante será.

Objetivos

Las tareas escolares son un medio a través del cual el docente puede evaluar la efectividad de la enseñanza, identificar las dificultades particulares que presentan los alumnos, y además son un medio para el desarrollo integral del estudiante. Algunos de los objetivos que deben perseguir son:

  • Fomentar la autonomía: las tareas deben ser realizadas por los estudiantes, con la mínima participación de los adultos, para que de esta manera aprendan a tomar decisiones y a asumir las consecuencias de las decisiones tomadas.
  • Estimular la creatividad: en el momento de desarrollar una tarea deberán planear cómo la van a realizar: investigar, buscar los materiales necesarios, etc., de esta manera se estimulan la creatividad y la curiosidad, cualidades de las que luego harán uso para resolver otras situaciones.
  • Reforzar conocimientos: a través de las tareas se profundiza sobre un tema dado en clase para una mejor comprensión.
  • Desarrollar aptitudes y habilidades: las tareas deben ser asignadas según la edad y el desarrollo del estudiante, de esta forma se estimulan aquellas habilidades que están en proceso de adquisición. Algunas como pintar, recortar, escribir, y resumir, apoyarán su proceso educativo y el desarrollo de habilidades para un futuro.
  • Ayudar a construir y reconstruir la autoestima y la felicidad: es muy satisfactorio para los estudiantes ver el resultado de su trabajo; se sienten orgullosos y felices, pero esto se cumple siempre y cuando las tareas asignadas correspondan a la edad del estudiante. En parte, de aquí se deriva la importancia de que las tareas sean capaces de generar entusiasmo y despertar curiosidad en los estudiantes.
  • Crear hábitos: con la realización de las tareas se busca crear hábitos, como por ejemplo: de escritura, lectura, e investigación, los cuales serán herramientas fundamentales durante todo su proceso de educación desde la niñez a la adultez. En la medida en que los niños y niñas las vayan incorporando de manera gradual, estas actividades harán parte de su vida cotidiana y no generarán dificultades.
    • Impulsar la capacidad de trabajo en equipo.
    • Promover la participación de la familia en el proceso de aprendizaje de sus hijos y el diálogo entre familias y profesores.

Características de las tareas escolares

Para que las tareas cumplan con los objetivos mencionados, deberían tener las siguientes características:

  • Ser pedagógicas, es decir, que el docente tenga una intención clara respecto al objetivo de la tarea.
  • Deben ser cortas, de tal modo que el estudiante no tenga que cumplir casi doble jornada de trabajo escolar, sin dejarle tiempo para jugar, estar en familia y con sus amigos.
  • La tarea debe ser comprendida por el estudiante.
  • Deben estimular el pensamiento y generar entusiasmo.
  • Deben ser variadas.
  • Deberán promover el desarrollo de destrezas, intereses y necesidades de los estudiantes.
  • Deben enseñar buenos hábitos de estudio.
  • No deben reemplazar las clases.
  • Deben ser adecuadas, en cuanto a la dificultad según la edad y estado de desarrollo del estudiante.

Es importante que los padres conozcan las características que deben tener las tareas, para que así apoyen a sus hijos y garanticen su adecuada formulación.

Errores en el planteamiento de las tareas

Algunos de los errores más frecuentes en la formulación de las tareas son:

  • Repetición de actividades desarrolladas en el salón de clase.
  • Tareas excesivas y extensas.
  • No implican retos, ni despiertan entusiasmo en los estudiantes.
  • Son planteadas por el profesor solo para cumplir el cronograma establecido.
  • Son un mecanismo de sanción para la clase por mal comportamiento.
  • No son claras, ni comprendidas por el estudiante.
  • No están acordes al nivel de desarrollo del estudiante y requieren ayuda de una persona mayor.

Recomendaciones para el ambiente en que se deben realizar las tareas

Para la realización de las tareas se debe contar con ciertas condiciones que podrían facilitar esta actividad, entre ellas:

  • Ambiente físico: idealmente en un sitio tranquilo, como la biblioteca o salón de estudios. Si no se dispone de estos, usar el comedor o la habitación, pero preferiblemente siempre el mismo lugar; alejado de las áreas de más actividad de la casa, del teléfono, el televisor, otros medios electrónicos o la puerta. Un espacio donde haya la menor distracción y ruido posibles, en el que se disponga de los elementos mínimos necesarios (sacapuntas, lápices, papel, textos de estudio, borrador) para evitar las constantes interrupciones.

En el lugar de estudio se debe tener una mesa o escritorio con un asiento cómodo, con espaldar apropiado para su altura. El sitio debe ser bien ventilado e iluminado.

 

  • Ambiente emocional: tan importante como el espacio físico es el emocional. Es necesario un ambiente de tranquilidad, sin presiones, en el que los adultos respeten cada momento, tanto el del juego como el del estudio, evitando interrumpir constantemente esta actividad para que se conteste el teléfono, se abra la puerta o se haga un mandado. Es fundamental resaltar que los adultos no tienen que hacer las tareas con sus hijos, esto hay que decirlo claramente, pues muchos padres se sientan con sus hijos a ayudarles y terminan haciéndoles las tareas, lo que genera sobreprotección y sentimiento de dependencia en el menor.

Los padres deben evitar promover un inapropiado sentido de competencia, se recomienda no usar frases como: “Tienes que ser el mejor de la clase, así como lo fui yo”.

La función de los adultos en las tareas escolares, además de facilitar el ambiente propicio para el estudio, es la de acompañar con afecto y respeto a los niños, niñas y adolescentes en esta labor. Es importante que el niño sepa que cuando tenga una dificultad puede contar con el adulto. Se debe responder positivamente a sus inquietudes con comentarios estimulantes. Hacer correcciones con sarcasmos, ironías o sermones, solo consigue frustraciones a su esfuerzo y duros golpes a la autoestima.

Al finalizar el estudio, se debe preguntar si hubo alguna dificultad, si desean mostrar lo que se hizo o si se requiere alguna ayuda.

Cuando los adultos son impositores o sobreprotectores, o relacionan el estudio con el criterio de premio y castigo, entorpecen el normal crecimiento intelectual y solo consiguen que el estudio y las tareas se asuman como algo tedioso y aburridor.

Es fundamental involucrar las tareas escolares y los asuntos de estudio en las conversaciones diarias de la familia, así como relacionarlos con las noticias o artículos de prensa o programas de televisión. Así se verá que lo que se hace y estudia es valioso e importante.

Nunca se deben utilizar las tareas escolares o el estudio como castigo.

No se debe premiar por hacer bien las tareas escolares en la casa. Cuando esto ocurra, se debe estimular con expresiones como: “Me siento muy orgulloso de ser tu padre”.

Cuando los niños se niegan a hacer las tareas escolares no se debería recurrir al castigo, sino que se debería analizar, siempre en compañía de los maestros, cual es la razón de la negativa y, de común acuerdo, buscar la solución.

 

  • Manejo del tiempo: se debe establecer un horario fijo, pero no muy intenso. Se podría intercalar el tiempo de estudio con momentos de juego, entretención o descanso. Por ejemplo, al llegar a la casa después de tomar algún alimento se debe descansar un buen rato; luego estudiar por un período de tiempo determinado, no muy extenso, luego descansar y, posteriormente, se puede volver a estudiar otro tanto, si es necesario.

Es más útil distribuir el tiempo que hacer las tareas en forma continua, como jornadas agotadoras de dos o más horas.

El tiempo recomendado para ser invertido en la realización de tareas es:

–       Niños de 1-2 años: 15 minutos diarios.

–       Preescolares (3-6 años): 45 minutos diarios.

–       Escolares (6-12 años): 1-2 horas diarias.

 

Controversia

El tema de las tareas escolares ha generado controversia. Al respecto, encontramos dos posturas, quienes están a favor y los que están en contra:

Quienes están a favor de la realización de tareas escolares en casa, consideran que a través de estas se lograrán los objetivos mencionados anteriormente, haciendo énfasis en la necesidad de que las tareas respondan a una exigencia académica clara, que sea acorde con la edad y habilidades del estudiante, que despierte su interés, y que de esta manera el estudiante pueda integrar los conocimientos adquiridos. Por otro lado, quienes están en contra consideran que la realización de las tareas escolares tiene poca utilidad, pues la mayoría de las veces son hechas con ayuda de los padres, hermanos o amigos, y además implican una mayor carga académica para un estudiante que ha tenido una larga jornada escolar, a lo que agregan que los docentes dedican poco tiempo a la revisión de las tareas. Debido a estas críticas, una de las recomendaciones que se plantean es que las tareas sean realizadas en la institución con la orientación del docente.

Conclusión

Las tareas escolares han estado presentes durante todo el proceso educativo de los niños y adolescentes; sin embargo, se ha vivido un cambio drástico en el concepto de las tareas escolares a través de la historia: inicialmente concebidas como un castigo y hoy en día aceptadas como una metodología pedagógica con fines claramente establecidos y altamente positivos, que tienen como fin último lograr un desarrollo integral y crear estudiantes competentes.

Garantizar la adecuada asignación de las tareas escolares es papel de todos los miembros de la sociedad, desde los maestros hasta los padres y familiares, pues todos somos partícipes del proceso educativo de los niños.