Los niños y adolescentes y sus abuelos

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Actualmente la población es más longeva, el modelo de familia ha cambiado y la relación entre sus miembros se da en medio de un proceso de globalización constante. Todos estos factores han impactado en la transformación de la crianza, de tal modo que la presencia de los abuelos en la vida de los niños y adolescentes es cada vez más frecuente y tiene gran influencia en su formación, constituyendo esta relación la abuelidad.

La vida es un devenir que nace en la inocencia, se nutre de experiencias y culmina en la madurez del fruto, por lo que cada ser humano es el reflejo del pasado, la conjunción del día a día y el tiempo que nunca se detiene. El encuentro entre abuelos y nietos crea un lazo perpetuo entre dos generaciones que marca ineludiblemente la existencia.

 

Algunos cambios sociales y sus implicaciones

La sociedad actual está inmersa en un sinfín de cambios que resuenan en el hogar, escenario en el cual se desarrolla el individuo. La transformación del modelo de familia es claramente visible: son cada vez más frecuentes los núcleos monoparentales, reconstituidos y homoparentales, lo que constituye otra razón para que los abuelos tengan que participar en la crianza de sus nietos.

La incorporación y participación activa de la mujer en el mercado laboral ha impactado, además, en la dinámica familiar, con la reestructuración secundaria de roles y un menor tiempo invertido en casa.

Por su parte, el auge de nuevas tecnologías ha tenido múltiples influencias: ha posibilitado un mayor acercamiento virtual, emocional y cultural entre personas geográficamente distantes, pero ha sumergido el mundo real de muchos en un llamativo individualismo, con repercusiones en la crianza que aún están por aclararse, fenómeno que también apunta a una disminución del tiempo dedicado por los cuidadores tradicionales en la crianza.

En esta nueva realidad los nietos son nativos digitales y los abuelos migrantes digitales, lo cual podría crear dificultades en la relación de abuelidad al establecer con frecuencia una brecha adicional entre abuelos y nietos que debe afrontarse con la ayuda oportuna y eficiente de otros actores de la dinámica familiar.

En este contexto de cambio global es evidente la modificación sustancial de la dinámica de las relaciones intrafamiliares. Cada familia tiene sus propias creencias, actitudes y prácticas; cada una goza de autonomía en la adquisición y transmisión de conocimientos, así como en la formación en el ser y el estar en el mundo social.

Es en este nuevo tejido social en el que la abuelidad, la función de los abuelos, está de regreso en la cultura, con gran preponderancia en la crianza de los niños y adolescentes, quienes, de la mano de su amor desinteresado, apoyo incondicional, sabiduría adquirida en la escuela de la vida, paciencia y tolerancia, pueden desarrollarse plenamente como seres felices, autónomos, resilientes y empáticos, razón por la cual se hace necesario involucrar a los adultos mayores en el acompañamiento.

 

Abuelidad: concepto, características y funciones

La palabra abuelo proviene del latín avus, que significa antecesor. Es aquella persona de edad avanzada cuya progenie son el padre o la madre de la siguiente generación. Tanto su rol como su función han variado mucho a lo largo de la historia. En la actualidad, la función de la abuelidad se da de acuerdo con la cultura, edad, género, estado de salud y ubicación.

La edad puede predecir también su función en el hogar: cuanto más jóvenes y vitales sean, mayor es su intervención y compromiso en el acompañamiento de sus nietos. Con respecto al género, se ha encontrado en distintos estudios que las abuelas se vinculan de forma más íntima y cercana a sus nietos desde el comienzo de sus vidas, mientras los abuelos se involucran más tarde, cuando esos nietos tienen más edad.

De otra parte, el estado de salud influye significativamente en la interacción entre abuelos y nietos: es mayor cuando los primeros gozan de mejor salud. La personalidad interfiere también en la relación entre dos generaciones separadas por el tiempo y unidas idealmente en torno al amor.

Los abuelos cumplen múltiples funciones en la crianza de sus nietos, dentro de las cuales se resaltan: cuidado, acompañamiento, escucha, comprensión y ayuda en momentos difíciles. Además, soportan emocional, espiritual y, en algunos casos, económicamente sus hogares, de tal modo que representan un modelo de vida para su descendencia.

En sus escritos sobre abuelidad los pediatras colombianos Darío Botero, Camila León y Germán Soto afirman que “los abuelos tienen una memoria histórica y son los responsables de la transmisión de anécdotas, saberes, costumbres y valores morales y religiosos, especialmente respeto, prudencia, dignidad y austeridad. La historia vincula el pasado con el presente y da sentido a la familia. Además, amortiguan momentos de crisis o tensión familiar entre padres e hijos”.

 

La abuelidad, una relación para toda la vida

El nacimiento de un nuevo integrante familiar trae consigo un reto para los abuelos que emergen porque representa un contraste entre dos extremos de la vida que induce a reflexionar sobre su propia niñez, su quehacer como padres, la sociedad y la infancia misma e invita a proyectar una relación para toda la vida.

Cada niño es único, auténtico y cambiante en su proceso de crecimiento y desarrollo. A medida que progresa se modifican sus necesidades e intereses y, por ende, la intervención de sus padres y otros agentes próximos a su crianza. El niño y el adolescente son los gestores de su propia vida y los adultos son los faros que los orientan. Es por ello por lo que los abuelos deben adaptarse a ellos y ejercer su función conforme a los requerimientos específicos.

 

Abuelidad y crianza

En los tiempos actuales la abuelidad puede garantizar la crianza segura y confiable de los nietos, especialmente ante realidades crudas de inequidad, violencia y adicciones, en las que el ausentismo de los padres por motivos laborales, enfermedades o muerte puede poner en peligro el desarrollo y la vida de los niños y adolescentes. Los abuelos prolongan los cuidados paternales a sus nietos, en un ambiente en el que estos se saben amados y protegidos.

Según las enfermeras peruanas Romi Mechan Salazar y Rosa Díaz Manchay, “la función de los abuelos en la crianza posibilita la realización profesional y laboral de los padres. Así mismo, facilita espacios de encuentro entre los padres sin la presencia de los hijos, precisos para alimentar su relación y así fortalecer el liderazgo familiar”.

La relación entre abuelos y nietos se suele trazar sobre un fuerte lazo afectivo y una experiencia enriquecedora para ambas partes. Los adultos mayores que participan en la crianza se sienten más útiles y activos. A su vez, los niños y adolescentes llenan de vida los años de los abuelos y les facilitan el reencuentro consigo mismos, así como el disfrute de las pequeñas cosas de la cotidianidad.

La psicóloga española Laura Redondo sustenta que: “Los abuelos orientan a los hijos que se aventuran por primera vez a la paternidad. Transmiten sus saberes, valores, costumbres e historias. Educan a los niños en positivo, resaltando sus virtudes sobre los defectos. Les enseñan el mundo con paciencia y establecen un vínculo en el que la complicidad y el afecto los une”

 

Posibilidad de conflictos en el ejercicio de la abuelidad

Por otro lado, puede surgir enfrentamiento entre la visión tradicional de los abuelos y la perspectiva contemporánea de los padres acerca de la formación de los niños y adolescentes. La participación de los primeros en la crianza puede excluir la intervención consecuente con la lectura renovada del momento histórico actual de la siguiente generación.

Los adultos mayores tienen como base otros modelos de crianza, algunos coercitivos y autoritarios, fundamentados en relaciones verticales, en las que imperan los deseos del adulto, métodos arcaicos como premios y castigos, que envuelven situaciones de maltrato y conducen al control condicionado por situaciones externas, impactando así negativamente la salud mental y el comportamiento social de los niños y adolescentes.

La educadora colombiana Yadira García y el historiador colombiano Javier Guerrero plantean que otros abuelos, por el contrario, asumen actitudes permisivas y sobreprotectoras que flexibilizan la norma y difuminan los límites, dificultando así el proceso de socialización y la confianza en sí mismos, lo que puede verse reflejado en el desempeño escolar.

Los niños y adolescentes que están en custodia total de los abuelos, sin directrices claras de los padres, suelen tener bajo rendimiento académico, problemas de aprendizaje y ausentismo.

Además, la intervención de los abuelos en la crianza puede confundir a los padres en su función como cuidadores principales y reducir su nivel de compromiso, generando, de esta forma, desapego, inestabilidad emocional y dificultades en la garantía de los derechos de los niños y adolescentes. Este fenómeno se ve principalmente en la gestación adolescente y en familias monoparentales.

Cuando el ejercicio de la responsabilidad parental es difuso, se propician conflictos por el poder, reconocimiento parental y legitimidad de la autoridad, disputas por el amor y pautas de crianza inconsistentes, que obstaculizan el establecimiento de límites, normas y responsabilidades.

 

Síndrome de esclavitud en la abuelidad

Debe destacarse que con frecuencia se asignan demasiadas responsabilidades a los abuelos que ya no cuentan con las capacidades para desempeñarlas, lo cual puede afectar su salud o inclusive la de sus nietos. Al respecto, el médico español Alejandro Guijarro describió el `síndrome de la abuela esclava’. Así denominan los gerontólogos a los adultos mayores obligados a hacerse cargo de la crianza de sus nietos en una relación de abuelidad impuesta, sin poder de elección, con abandono de sus actividades personales y con asunción total y, como una obligación, de las funciones parentales.

abuelidad-secundariaEste cuidado por obligación y no por placer es considerado como pandemia del siglo XXI. Consiste en una enfermedad más común en mujeres abuelas, pero también en hombres abuelos, que durante años estuvieron a gusto con la crianza. Es producto del desequilibrio entre los quehaceres u obligaciones y el estado físico y mental, es decir, entre lo que se tiene que hacer y lo que realmente se puede hacer.

El síndrome puede manifestarse con malestar general, cansancio permanente, hipertensión arterial de difícil tratamiento, control inadecuado del azúcar sanguíneo, palpitaciones, dificultad al respirar y mareos. Además, por fatiga, desánimo, irritabilidad, depresión, caídas, sensación de culpabilidad y tristeza.

 

Recomendaciones para el acompañamiento en la abuelidad

Para una relación de abuelidad equilibrada es necesario tener en cuenta asuntos fundamentales como:

 

  • Padres son padres y abuelos son abuelos. Ellos ya cumplieron su labor como papás y su ayuda en la crianza de los nietos debe ser completamente voluntaria y acorde con su edad, ocupaciones y estado de salud física y mental, por lo que deben ser tratados con respeto y consideración.
  • Los niños deben compartir tiempo de calidad con sus cuidadores, conocerlos en todas sus facetas y jugar, así como recibir su amor incondicional.
  • Se debe instaurar una relación de amor, confianza, comunicación, tolerancia y mutua comprensión entre papás y abuelos, lo que significa trabajar como equipo por el bienestar de los nietos, siempre con base en su interés superior, esto es, en lo que es mejor para ellos y, de tal modo, que la participación de los abuelos sea de respaldo, sin intentar sustituir a los padres.
  • Teniendo en cuenta estos postulados se plantean recomendaciones para establecer una relación de abuelidad satisfactoria, es decir, beneficiosa para quienes intervienen en ella:
  • Es fundamental establecer acuerdos entre padres y abuelos acerca de todo lo relacionado con la crianza: rutinas, hábitos, límites, normas, etc.; acuerdos que no se deberían transgredir sin razones poderosas para hacerlo. En estos convenios debe quedar siempre establecido que es fundamental recompensar la buena conducta de los niños y adolescentes con sonrisas, gestos, aprobación verbal, estímulos y contacto físico, así como corregir el comportamiento inadecuado, evitando el castigo en todas sus formas.
  • Se deben evitar el autoritarismo, la permisividad, la sobreprotección y la sobreexigencia.
  • No se debe desautorizar a los padres en presencia de los nietos y ellos no deben hacer lo mismo con los abuelos.
  • Es necesario considerar los riesgos que traen la modernidad, las nuevas tecnologías y las problemáticas psicosociales sobre la vida, seguridad y desarrollo de los niños y adolescentes. Ante la duda se debe buscar siempre el asesoramiento profesional.

 

Por: Ana María Medina
Residente de Pediatría de la Universidad de Antioquia
Con el asesoramiento de la enfermera Yamilé Díaz de Correa
Profesora jubilada de la Universidad de Antioquia

 

Lecturas recomendadas

  • Díaz Y. Los abuelos cuentan. Boletín La Crianza Humanizada 1999; IV-7, número 30.
  • Eslava J, Mejía L, Milicic N. Los abuelos están de regreso… en la crianza. Manual de convivencia para el matrimonio padres-abuelos en la crianza. Bogotá: Panamericana Editorial; 2017.
  • León M, Soto G, Botero D. Los abuelos y la crianza. En: Lecompte N (editora). Pediatría al día. Bogotá: Panamericana Formas e Impresos S.A.; 2017: 69-75.
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