Los cuentos infantiles: organizadores de la existencia

Celebración de la fantasía

“Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca del Cuzco. Yo me había desprendido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, haraposo, se acercó a pedirme que le regalara una lapicera. No podía darle la lapicera que tenía porque la estaba usando en no sé qué aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano.

Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían, a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitos cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemado: había quien quería un cóndor y quien una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas, y no faltaban los que pedían un fantasma o un dragón.

Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba más de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca:

—Me lo mandó un tío mío que vive en Lima —dijo—.

—¿Y anda bien? —le pregunté—.

—Atrasa un poco —reconoció—”.

Eduardo Galeano

 

Los cuentos, relatos y leyendas nos llevan a mundos irreales donde la tarea de educar a nuestros hijos resulta más fácil. No se trata de llegar a casa después de un día agotador y ponerse a leer el cuento que nos reclama nuestro hijo, sino de compartir con él un apasionante mundo de fantasía. Ver cómo expresa su angustia ante la pócima de la bruja, sus deseos de llegar al castillo antes que el dragón, sus ansias de salvar a la princesa… y, finalmente, la recompensa de un
final feliz.

Por medio de los cuentos, los padres pueden hablar de temas difíciles que el niño requiere y necesita escuchar. Invitando a la señora “Había una Vez”, a la abuela “Entonces”, tan vieja como la humanidad, y al “Colorín Colorado”, se puede hablar de la muerte, del nacimiento, de la vejez, de las angustias del ser humano, de la guerra, de la justicia, de los desastres naturales, de las violencias y las formas de acabarlas, y de muchas otras cosas más.

Los cuentos infantiles cumplen funciones muy importantes en el crecimiento y desarrollo de los niños y en su propia educación. Estos enriquecen su vida interior y les permiten entender a ciertos personajes y situaciones difíciles en la vida; además, ofrecen ejemplos de soluciones temporales o permanentes a sus conflictos. Este tipo de historias enaltecen sus vidas porque estimulan su imaginación y les ayudan a desarrollar su inteligencia y a clarificar sus emociones.

Los cuentos infantiles generalmente proporcionan seguridad porque dan esperanzas respecto al futuro y mantienen la promesa de un final feliz. En el cuento se encuentra a la madrastra que golpea a la niña y es castigada finalmente, al hada madrina que quita el dolor, al príncipe que salva de la muerte, a los niños perdidos en el bosque que encuentran una luz y un hogar. Estas historias de alguna manera aumentan la fe en el futuro y enseñan que las situaciones adversas y difíciles se pueden modificar: indican que hay esperanza.

Los cuentos son depósitos de sentimientos. Por medio de ellos, los niños podrán empezar a aceptar y comprender sus ideas y sentimientos contradictorios cuando, por ejemplo, todos sus pensamientos llenos de buenos deseos se expresen a través de un hada buena, sus impulsos negativos a través de una bruja maléfica, sus miedos a través de un lobo, las exigencias de su conciencia a través de un sabio, sus celos por medio de unas hermanastras crueles, su deseo de poder a través de un rey, etc.

Al identificarse con los diferentes personajes de los cuentos, los niños empiezan a experimentar por ellos mismos sentimientos de justicia, fidelidad, amor, valentía, dignidad…

Contar un cuento es un acontecimiento interpersonal en el que el adulto y el niño pueden participar por igual, por lo que fortalece el vínculo afectivo que se establece entre ellos. En este momento se crea un espacio mágico en el que el padre relata su historia y se hace parte activa y determinante en la vida de su hijo: “Cuando era niño, mi padre me contaba la historia de…”. Este espacio sagrado permite el fortalecimiento de la confianza básica, de la solidaridad, además de permitir sanar procesos tanto en el padre o madre como en los hijos.

Los cuentos transmiten mensajes educativos y valores morales fundamentales y ayudan a los niños a superar las dificultades con las que se encuentran a lo largo del crecimiento. De ahí que, a veces, el niño insista en la repetición de la misma historia, porque necesita acabar de captar el mensaje que ese cuento le transmite y la solución que ofrece a su propia problemática. Por ello, si su hijo se lo pide, repítale el mismo cuento.

Los cuentos están llenos de símbolos significativos. Tienen un poder extraordinario debido precisamente a que los mensajes o principios que se desprenden de ellos están encubiertos. No debemos explicar el significado de los símbolos a los niños. Nuestros hijos se benefician de las enseñanzas del cuento de forma inconsciente y, si intentamos reducir la riqueza de los símbolos a explicaciones conscientes, lo único que conseguiremos es que el relato no sea eficaz. Para ampliar este último concepto nada mejor que este cuento de la sabiduría sufí:

“El maestro sufí contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre entendían su sentido…

—Maestro —lo encaró uno de ellos una tarde—, tú nos cuentas los cuentos, pero no nos explicas su significado…

—Pido perdón por eso —se disculpó el maestro—. Permíteme que en señal de reparación te convide con un rico durazno.

—Gracias maestro —respondió halagado el discípulo—.

—Quisiera para agasajarte, pelarte tu durazno yo mismo. ¿Me permites?

—Sí. Muchas gracias —dijo el alumno—.

—¿Te gustaría que, ya que tengo en mi mano el cuchillo, te lo corte en trozos para que te sea más cómodo?…

—Me encantaría…, pero no quisiera abusar de su hospitalidad, maestro…

—No es un abuso si yo te lo ofrezco. Solo deseo complacerte… Permíteme que te lo mastique antes de dártelo…

—No maestro. ¡No me gustaría que hiciera eso! —se quejó sorprendido el discípulo—.

El maestro hizo una pausa y dijo:

—Si yo les explicara el sentido de cada cuento, sería como darles a comer una fruta masticada”.

Los cuentos infantiles sanan y amortiguan el peso de la existencia. Muchas veces los niños se agobian ante situaciones específicas en la vida, por ejemplo, ante ganar o perder se les crea un conflicto de vida que muchos padres somos incapaces de ayudar a resolver. Al respecto, les presentamos un cuento chino que les explica de manera muy sencilla y trascendente a los padres y adultos cuidadores la presencia de pérdidas y ganancias en la vida:

“Un hombre viejo vivía en compañía de su hijo, en un pueblito a la entrada de un desierto donde vivían unos hombres nómadas muy peligrosos. Cierto día el caballo del hijo se desbocó y fue capturado por los nómadas.

—¡Qué desastre, cuánto lo sentimos! —decían los habitantes del pueblo—.

Pero el hombre viejo solo preguntaba:

—¿Cómo sabes que esto no es una bendición? Porque puede ser para bien o puede ser para mal.

Al cabo de unos meses el caballo del hijo regresó a pleno galope acompañado de otro caballo nómada.

—¡Felicidades! —decían los habitantes del pueblo—. ¡Qué suerte!

Pero el padre solo preguntó:

—¿Cómo sabes que esto no es una desgracia?

El hijo quería el caballo nómada y cada tarde salía a montarlo con el ánimo de amansarlo; lo montaba tan rápido como el viento. Cierto día el caballo tropezó y el hijo cayó y se fracturó la cadera.

—¡Qué desgracia! —decían los habitantes del pueblo—. ¡Cuánto lo sentimos!

Pero el anciano solo preguntó:

—¿Cómo sabes que esto no es una bendición?

Entonces, llegó un día en que un grupo de nómadas pasaron la frontera a pleno galope armados con lanzas y garrotes. Todos los hombres físicamente capacitados salieron a combatirlos, pero dado que la cadera del muchacho no se había curado todavía tuvo que permanecer en casa con su padre. Cuando acabó la batalla todos los hombres del pueblo que fueron al combate habían muerto. El hombre viejo y su hijo vivieron juntos por muchos años…”.

El anterior relato nos remite a la continuidad y la causalidad del universo: ganancias y pérdidas, pérdidas que se convierten en ganancias y ganancias que suelen ser pérdidas, una rueda que gira continuamente. La vida y la muerte, sobrepuestas, alimentándose la una de la otra.

Los cuentos son unos maestros juguetones. Mediante determinadas historias los niños son capaces de adquirir hábitos y de lograr metas de una manera armónica y óptima. Un cuento puede facilitar el control de esfínteres, ayudar a adquirir el hábito del estudio, estimular la seguridad y la autonomía, etc.

Y, no olvidemos que los cuentos son los guardianes de la memoria de la familia, de la memoria del planeta.

 Recomendaciones para los adultos cuidadores:

  • Léanles cuentos a sus hijos permanentemente, recordando que existen historias para cada edad.
  • Inventen sus propios cuentos, como un modo de desarrollar su propia creatividad y una manera de entrar en el mundo de sus hijos.
  • Enséñenles por medio de historias, usando los muñecos que poseen sus hijos para animarlas.
  • Dejen algunos cuentos sin final para que sus hijos lo inventen.
  • Mantengan los cuentos de sus hijos en su habitación.
  • Elijan la historia adecuada según las situaciones específicas que se estén viviendo en la familia, tales como divorcios, adopciones, muerte, etc.
  • Regálenles cuentos a sus hijos y a los amigos de sus hijos en las épocas especiales.
  • Estimulen en sus hijos el amor por las historias.

Relaten cuentos cuando les surja como un deseo de su alma, no por imposición.

Por: Carmen Escallón Góngora

Pediatra puericultora y terapista de familia

Universidad de Cartagena