Lo que Caperucita enseña

Lo que Caperucita enseña

Son muchas las enseñanzas que deja el cuento de Caperucita. Una de las más importantes es cuidar a los niños como verdaderos tesoros y no exponerlos a peligros ni físicos ni emocionales.

Por: Carmen Escallón Góngora
Pediatra, puericultora y terapista de familia

“Había una vez un bosque. En él habitaba una preadolescente llamada Caperucita Roja. Vivía con su madre a un ladito del bosque. Un día la madre le asignó la tarea de llevarle unas tortas a la abuelita que vivía en lo profundo del bosque. La madre le advir tió que se cuidara de un lobo, abusador de niñas, que merodeaba por allí. Caperucita salió feliz, olía las flores, miraba los pájaros, cuando se encontró con el lobo, que la engañó y llegó a la casa de la abuelita, se la tragó y esperó a la niña. ¿Por qué tienes esos ojos tan grandes? Para verte mejor. ¿Por qué tienes esa boca tan grande? Para comerte mejor. Un cazador que por allí pasaba fue capaz de escuchar los gritos de ayuda de la niña. Así que la sacó de la panza, junto con la abuelita. Caperucita desde entonces se ha convertido en una niña triste y desconfiada, casi no se atreve a pasear por el bosque, ya no le importan las flores ni los pájaros.

La madre de Caperucita, una mujer de las autollamadas “madres solteras”, sin un proyecto de vida, sin sueños, se pregunta ahora: ¿Tendrá salvación mi hija? Y colorín, colorado, está triste historia nos ha enseñado.”

El relato de Caperucita servirá como hilo conductor para hablar acerca de la protección a la integridad física, emocional y sexual de niños de un mes hasta cinco años de edad. Esta protección es conocida como prevención de accidentes en los niños. Se considera accidente aquello que realmente no se puede prevenir. Según esta definición, muchas situaciones en la familia, en la escuela y en la calle en relación con el cuidado de los niños se pueden prevenir; se llaman falsamente accidentes y se deben a descuido por parte del cuidador o por tomar deficientes medidas para prevenirlas.

Los niños pequeños, por sus características físicas y por el desarrollo que están viviendo, necesitan explorar. Es necesario acomodar la casa para que el niño pueda desarrollarse sin correr riesgos. El recién nacido y el niño muy pequeño deben tener una persona cuidadora segura e idónea. Cuando la madre se sienta cansada o insegura debe pedir ayuda a la familia (abuelos, tíos, etc.) o a una empleada o amigos. Es necesario poner al niño al seno cada vez que él lo desee; se le sacarán los gases poniéndolo sobre el hombro de la madre y una vez dormido se deberá acostar boca  arriba. Esta posición ayuda a vaciar el estómago y evita que el niño regurgite y el alimento se introduzca por la vía aérea.

Cuando se usa biberón para alimentarlo debe mantenerse en un sitio limpio y lavarse con poco jabón y con mucha agua hervida o agua bien tratada. El uso excesivo de jabón deja en el frasco partículas que pueden producir diarrea en el pequeño. La temperatura del agua al bañarlo debe ser probada previamente en la mano del cuidador. Se debe evitar el uso de talcos, ya que estos pueden introducirse por la vía aérea. Es necesario que se estimule que los hermanos mayores participen del cuidado del niño pequeño, pero esto debe hacerse con la vigilancia de un adulto. Nunca deberá dejarse a un niño que cambie, alimente o bañe a su hermano pequeño.

A medida que el niño crece, los cuidados cambian: hacia los cuatro o cinco meses, con un pequeñito que se podía dejar en la cama de los padres y darle la espalda para agarrar los pañales, debe evitarse esta maniobra, pues es capaz de voltearse, rodar y caer de la cama. Los logros psicomotores en los niños ocurren casi en forma súbita, por lo que la cuna debe estar protegida con barandas altas para evitar estos accidentes. Debe evitarse llevar al niño que no camina a la cocina o zona de labores en brazos mientras la madre o cuidador con una mano hace labores domésticas como cocinar o planchar, pues en estos casos es muy fácil que ocurran quemaduras. Es preferible ponerlo en un corral o cuna.

Cuando el niño tiene conciencia de que tiene mano y boca quiere introducirse en la boca los objetos, por lo cual es necesario desalojar de la casa las cosas pequeñas. Los tomacorrientes deben estar protegidos con cinta adhesiva o tapones para impedir que el niño introduzca allí objetos y sufra una descarga eléctrica. Se deben evitar las conexiones eléctricas inseguras y, además, las puertas y balcones deben estar protegidos.

Durante el primer año, los alimentos deben ser líquidos y blandos, ya que el niño no tiene la suficiente dentición y madurez para masticar. La cocina debe estar cerrada. Se deben usar preferiblemente los fogones de atrás y los cuchillos y objetos punzantes deben estar lejos de su alcance. Los medicamentos, objetos de aseo y otros productos químicos deben alejarse del niño, así como combustibles, fósforos y cigarros. Caperucita Roja simboliza a los niños sometidos a situaciones riesgosas por falta de cuidados, a los niños que sufren ataques y son expuestos a peligros graves, sean de orden emocional, físico o social, debido a la falta de cuidados de los adultos.

La madre de Caperucita representa a los cuidadores que a sabiendas del peligro en que se encuentran los niños los descuidan, sea de una manera consciente o inconsciente. Al igual que en el relato, en la vida misma, el abuso sexual al niño está enmarcado muchas veces dentro de una dinámica familiar, en la que la madre o cuidador tiene sentimientos encontrados: muchas veces expone al niño, dejándolo solo en la casa o con personas incapaces. La casa no siempre es el sitio más seguro. Generalmente, cuando se produce abuso sexual, que consiste en tocar, hablar, amenazar sexualmente o hacer que el niño estimule sexualmente a un adulto hasta la penetración por pene, vagina o boca, ocurre con un conocido del niño, quien lo domina o engaña en la misma casa. Es recomendable dejar siempre a los niños al cuidado de adultos idóneos y cuando ingresen a la casa adultos amigos, debe observarse su conducta integral y, sobre todo, no exponer a los niños.

El abuso sexual es un delito que daña emocional y físicamente al niño. No siempre el niño habla acerca de lo que ha ocurrido. El silencio se convierte en un peso que este carga por muchos años. Siempre que su hijo le cuente algo alusivo a este tipo de ataques, debe creer en lo que le dice. Debe hablarle al niño pequeño sobre el cuidado y el respeto por su cuerpo. Un niño que siente todo el apoyo y confianza de sus padres es un niño que avisará ante cualquier tipo de abuso.

La calle se convierte en un sitio de riesgos muy grandes y son los padreso c uidadores quienes deben evitar exponer al niño a ellos. Deben tomarse medidas cuando los niños ingresan a piscinas: evitar que lo hagan sin la supervisión de un adulto y preferir las que tengan superficies antideslizantes en sus orillas. Los sitios de recreación deben ser seguros y los adultos deben constatar que los juegos se encuentren en un buen estado. Cuando el niño cruce la calle debe estar sujeto de la mano de un adulto. En el automóvil nunca se debe sentar a los niños en los asientos de adelante: el niño pequeño debe ir en la silla para él y los mayorcitos en la parte de atrás con los cinturones ajustados. Las puertas deberán estar aseguradas.

Debe suprimirse la costumbre de enviar a los niños a la tienda de barrio. Muchas veces portan objetos de vidrio como botellas y al correr pueden caer y salir heridos. De igual manera, en la tienda el niño está expuesto al ataque de algunos adultos pedófilos (personas enfermas que sienten atracción sexual por los niños) y a los golpes o ataques de niños mayores. Son muchas las enseñanzas que deja el relato de Caperucita. Una de las más importantes es que debemos empezar a entender a los niños como verdaderos tesoros y, como tales, debemos cuidarlos, sin reprimirlos ni mutilarlos. Nos enseña, además, que la función de cuidador es determinante y que la mirada del adulto a cargo de la crianza es necesaria. Otra de las enseñanzas es que muchas situaciones dolorosas en los niños pueden ser evitables.

Enseña que los cazadores simbolizan a ese maestro amoroso, a ese profesional de la salud, a ese familiar, a ese miembro de la comunidad que perciben la tristeza de los niños y son capaces de ayudarlos a convertir la dificultad en fortaleza, a sacar el dolor, a convertir el miedo en valentía y a darle voz a su sufrimiento. El relato también nos enseña a sentir que pese a las muchas dificultades existe un lugar para la esperanza.

Recomendaciones

• Estudien las situaciones que vive su hijo y alejen los riesgos.

• No dejen al niño al cuidado de otros niños.

• Cuando se trata de un lactante, debe evitarse dejarlo solo en la cama.

• Eviten hacer oficios domésticos con el niño alzado.

• No permitan la entrada de los niños a la cocina.

• Mantengan alejados del alcance de los niños productos tóxicos, combustibles y medicamentos.

• Hablen con su hijo acerca del cuidado de su cuerpo, sin atemorizarlo.

• Enséñenle que su cuerpo es precioso y debe cuidarse.

• Déjenlo con personas o cuidadores idóneos.

• En los sitios de esparcimiento acaten las reglas, revisen los juegos y en las piscinas supervisen todo el tiempo al niño.

• Enséñenle a cruzar la calle, aunque lo haga de su mano.

• Establezcan con su hijo una comunicación adecuada.

• No lo juzguen cuando se equivoca, como un modo de fomentar la comunicación con ustedes, aun en situaciones difíciles.

• Eviten que el niño haga mandados o encargos en la tienda o en la comunidad.