Léales en voz alta

Todos los que tenemos con- tacto frecuente con los niños sabemos que a ellos les encanta explorar, imaginar, crear, soñar y aprender palabras nuevas. Viven en el mundo de los ¿por qué?, participan de su realidad psíquica y de la realidad externa que les brinda el ambiente donde se crían. También sabemos cómo influyen en ellos los sonidos, desde los latidos del corazón materno hasta las canciones y nanas que empiezan a escuchar incluso desde antes de nacer.

En el desarrollo del cerebro humano las áreas sensoriales como la au- dición, el tacto y la visión, completan su ciclo de desarrollo más temprano que las áreas del conocimiento. Se sabe ya que las conexiones entre las neuronas del cerebro que tienen que ver con la capacidad de oír, se dan de manera más intensa en los primeros meses de vida. Es decir, que es esta la etapa ideal para sembrar las bases para el desarrollo del lenguaje del niño, tanto en su componente expresivo (saber manifestar deseos, ideas, gustos), como en el componente comprensivo (entender lo que se le dice). Paradójicamente, es en los primeros meses de vida cuando menos se les habla a los niños o si se les habla es en un lenguaje aniñado, con diminutivos o pronunciaciones incorrectas.

Pero este desarrollo temprano del habla se consigue básicamente con el lenguaje oral, el que se expresa en la vida cotidiana del niño a través de las canciones, nanas, arrullos y rimas durante los primeros meses y se con- tinúa luego con la lectura en voz alta de cuentos, historias y poesías. Todo lo anterior con dos ingredientes esenciales: afecto y la estimulación adecuada. Todas estas acciones que se realizan durante los primeros cinco años de vida (cantarles, leerles, mostrarles y explicarles dibujos, señalar- les las partes del cuerpo, los objetos de la casa), es lo que se conoce como prelectura o lectura temprana, que actúan como precursoras decisivas de la lectura y es lo que va a tener una influencia decisiva en la etapa escolar del niño, cuando ya entra en el proceso lector propiamente dicho.

Con todas estas actividades prelectoras (desde antes de nacer hasta el ingreso a la escuela), no se busca de ninguna manera que el niño aprenda a leer antes de tiempo, antes de que su desarrollo neurofisiológico le permita descifrar letras y palabras, pero sí que adquiera las habilidades básicas que le van a facilitar de manera significativa la capacidad de leer y escribir. La prelectura les permite a los niños viajar a cualquier lugar y época, de tal suerte que cuando entren a la escuela ya tienen varios años de familiaridad con los libros.

Temprano es mejor

Con relación a lo anterior, es bien distinta la experiencia del niño que tiene su primer contacto con los li- bros cuando llega a la etapa escolar, pues no los va a asimilar como una herramienta lúdica y placentera. Al contrario, en muchas ocasiones esas primeras experiencias serán tediosas, relacionadas con tareas, lecturas obligadas y resúmenes; vivencias to- das que se confabulan para que ese niño no sea nunca un buen lector.

Es claro que para preparar a los niños preescolares para las habilidades lingüísticas necesarias antes de llegar a la escuela, la alfabetización está subordinada al desarrollo del lenguaje oral. Es precisamente allí donde se deben centrar las acciones en la etapa preescolar. La sensibilidad y el conocimiento de los sonidos en esta etapa son definitivos para el enriquecimiento posterior del vocabulario. “Primaria la gana el niño que sepa hablar y bachillerato el que sepa leer”, dice la escritora Rocío Vélez de Piedrahita. Es una frase que resalta la enorme importancia que tiene la lectura en voz alta desde los primeros meses de vida.

En las últimas décadas se han dado importantes avances sobre el desarrollo del lenguaje que demuestran que los resultados de la escuela están directamente influidos por las experiencias de la primera infancia. Así, el aprendizaje de fonemas o sonidos en el primer año de vida predice las conductas del lenguaje y las habilidades prelectoras a los cinco años de vida. Los niños están en capacidad de diferenciar las palabras (fonemas) de un idioma entre los 6 y 12 meses de edad, aproximadamente.

Las investigaciones

Sobre el impacto de la lectura en voz alta a los niños en los primeros años de vida existen investigaciones que lo respaldan. Veamos algunas a manera de ejemplo:
• Cuando se les lee a los niños al

menos tres veces a la semana, en voz alta, con entonación y con un adulto que disfruta de esa lectura, se demuestra al hacer un seguimiento a un grupo de niños desde los 18 meses hasta los cinco años, que esta intervención tiene una correlación directa con las habilidades del lenguaje cuando ingresan a la escuela.

• En otra investigación se hizo un estudio longitudinal de cinco años con 168 niños de clase media y alta, en el que se compararon las primeras experiencias lectoras en el hogar y las habilidades posterio-

res en la escuela. Los resultados mostraron que la exposición de los niños a los libros está di- rectamente relacionada con el desarrollo del vocabulario y la comprensión del lenguaje. También hay una relación directa entre esta exposición en la etapa preescolar y la capacidad de leer en el tercer grado.

• Otra investigación que compara niños a los que se les lee en voz alta en el hogar con otros a quienes no se les lee, muestra al ingresar a la escuela un mayor porcentaje de lenguaje expresivo y comprensivo en el primer grupo. Además, a más largo plazo se demostró que los niños con experiencias prelectoras antes de la escuela tienen mayores posibilidades de ingresar a la universidad.

No cabe pues la menor duda sobre la enorme importancia de que en la crianza de los niños se tenga en cuenta la intervención directa y permanente en la estimulación del lenguaje en los primeros años a través de la lectura en voz alta, las canciones, los cuentos y el contacto temprano con los libros. Es claro que la adquisición de esas habilidades prelectoras es de manera razonable; una garantía para el buen desempeño en la etapa escolar. Desde los primeros días los niños se pueden volver excelentes lectores de imágenes, de expresiones, de to- nos y rimas.

Es tal la importancia de la prelectura, que desde hace ya varios años muchas entidades científicas relacionadas con la pediatría han incluido la actividad de la lectura en voz alta a los niños como un elemento más para tener en cuenta en las citas de control del niño sano. Es algo tan importante como la alimentación, las vacunas o la evaluación del crecimiento. Con los cuentos y con los libros de imágenes se introduce al niño al lenguaje del relato. Cuando leerles en voz alta hace parte de la vida cotidiana, cuando se les cuentan o leen historias cada noche, los niños tendrán el doble de posibilidades de convertirse en grandes lectores.

Por: Luis Carlos Ochoa Vásquez

Pediatra puericultor