Las relaciones fraternas

Por: Stephanie Sánchez Villa
Residente de Pediatría – Universidad de Antioquia, y
Olga Francisca Salazar Blanco
Pediatra puericultora – Universidad de Antioquia

Las relaciones fraternas son las interacciones que se viven entre hermanos. Son las relaciones íntimas más duraderas y constantes entre seres humanos, pues persisten más que la mayoría de las amistades y van más allá de la muerte de los padres y de la formación de parejas; amplían durante la edad adulta una historia compartida y profundamente arraigada en la niñez.

Según estadísticas del Banco Mundial, la tasa de fertilidad total ha disminuido en todo el mundo y muchas familias tienen un solo hijo, o ninguno. En Colombia, actualmente se registra una de las tasas más bajas de América del Sur. La Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS), realizada en 2015, presenta una reducción en el número de hijos biológicos por familia; sin embargo, existen otras formas de constituir el vínculo fraterno: por medio de adopciones, de familias extensas y otro tipo de relaciones que llamamos “hermanos de crianza”, de ahí que el tema de las relaciones fraternas permanezca vigente y, además, suscite controversias e inquietudes entre padres y demás puericultores.

De la relación al vínculo

Es fundamental referirnos al vínculo fraterno, lo que se conoce como “fraternización”, que es el proceso de constitución y sostén de la conexión entre los hermanos, que sustenta la relación más allá de la hermandad instituida por el mero hecho de ser familia. Este vínculo está determinado por algunas variables, como el orden de nacimiento, la diferencia de edades, el compartir el cuarto, la ropa o amigos, asistir a la misma escuela y tener vivencias que promueven experiencias comunes.

El orden de nacimiento determinará las aspiraciones y expectativas que los padres formulan sobre los hijos, mientras que la diferencia de edad afecta las condiciones de interacción entre padres y hermanos. Un distanciamiento más favorable entre el nacimiento de un hermano y otro es el mayor a 36 meses, pues facilita que el primogénito no se vea tan afectado por el destronamiento que vive con la llegada del nuevo hermano.

En relación con el sexo, se ha identificado que el sexo diferente al del resto de hermanos implica recibir atención cualificada y motivada por parte de los padres, lo que contribuye a un mayor desarrollo de la autoestima; sin embargo, no se ha encontrado un efecto significativo en la relación entre hermanos.

Finalmente, con respecto al número de hermanos, hay controversias. Las ventajas de la familia pequeña sobre la grande se basan en que los padres dedican más atención y de mayor calidad a los hijos, favoreciendo así el desarrollo intelectual. Las familias numerosas ofrecen ventajas por el mayor número de relaciones afectivas, lo que ayuda a obtener más fuentes de seguridad emocional, favorece la cooperación y el aprendizaje de las relaciones sociales.

Además de estas variables, es fundamental tener en cuenta que cada uno de los hermanos nace en un momento específico del ciclo vital de la familia, y que también éste ha de influir en el comportamiento de sus padres hacia ellos y de las expectativas que con respecto a él se generen.

El vínculo fraterno se desarrolla en tres momentos fundamentales, que no tienen un orden cronológico en sí mismos. Uno de ellos se conoce como la rivalidad, es ahí cuando el hermano es considerado un rival del amor de los padres, la relación entre ambos está fundamentada en la exclusividad, y no hay espacio para los dos. Otro momento es el de conjunción, marcado por el mandanto paterno de la unión entre los hijos: “que los hermanos sean unidos”. Finalmente, está la alianza fraterna, necesaria para el “parricidio” simbólico, que es la toma de distancia hacia los padres y la apertura al vínculo entre hermanos.

La rivalidad

Descrita como el conjunto de emociones, sentimientos y comportamientos, de índole doloroso, que experimentan algunos niños frente al nacimiento o presencia de sus hermanos. Esto se refiere a situaciones que van desde las peleas hogareñas hasta circunstancias como la enemistad permanente entre hermanos adultos.

Como declaramos anteriormente, la rivalidad hace parte fundamental de la elaboración del vínculo, por esta razón, la forma de enfrentarla será proporcionando los beneficios que subyacen a ella, como favorecer que en un marco seguro se aprenda a conocer los límites, a negociar y a llegar a acuerdos, así como a identificar el valor de la solidaridad y el reconocimiento del otro.

Cuando se altera la formación de ese vínculo, la rivalidad puede llevar a conductas psicopatológicas que permanecerán hasta la adultez, manifiestas por: trastornos del apetito, comportamientos regresivos (chuparse el dedo, pérdida del control esfinteriano, retrasos del lenguaje, etc.), trastornos de ansiedad (irritación, agresividad, etc.), alteraciones del sueño (terrores nocturnos, sonambulismo), variaciones del estado del ánimo (humor triste, melancolía), y trastornos comportamentales, funcionales y psicosomáticos.

Algunas particularidades en las relaciones fraternas

Hermanos por adopción

El reporte de 2018 del número de adopciones del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) describe una disminución significativa en los últimos seis años. Aun así, las relaciones entre hermanos por adopción siguen siendo frecuentes en nuestro medio y requieren de un abordaje especial.

Particularmente, estas relaciones estarán determinadas por la configuración familiar, que puede ser de varios tipos, a saber:

  • Familias con un hijo biológico concebido naturalmente y que luego adoptan un niño.
  • Familias que adoptan un niño y luego tienen un hijo biológico.
  • Familias con un hijo biológico concebido por fecundación asistida (homóloga o por donante) y que luego adoptan un bebé o un niño más grande.
  • Adopciones de grupos de hermanos, todos niños mayores de dos años o un bebé y otro/s más grande/s.
  • Adopciones de grupos de hermanos provenientes de la misma pareja genitora adoptados en diferentes momentos.
  • Adopción de niños que provienen de distintas parejas genitoras.
  • La forma en que se lleve a cabo el ingreso del hijo adoptado permitirá su integración que dependerá, como en toda relación fraterna, de variables como la edad o el sexo. El enfoque principal en estas relaciones es buscar crear entre hermanos una forma de simbiosis con características de lealtad absoluta, priorizando el apego, pues se ha encontrado que los sentimientos de hermandad nacen de la convivencia y del lugar que cada niño ocupa frente a sus padres.

Hermanos gemelos

La condición de pertenecer a una relación de hermanos gemelos o embarazos múltiples está enmarcada por particularidades, como la dificultad inicial de tener que compartir unos recursos escasos desde que están en el útero, luego han de guardar su turno para que la madre les dé el pecho o el biberón, o para cambiarles el pañal, entre muchas otras cosas. Esto hace que los hermanos múltiples sientan celos mucho antes que cualquier otro niño y que este sentimiento sea particularmente fuerte.

Entre ellos se ha descrito la sintonía afectiva, que consiste en que cuando un gemelo sufre algún daño, el otro puede llegar a sentirlo profundamente. Además, tienen la capacidad de desarrollar su propio lenguaje, comunicándose entre ellos a través de señas, lo que disminuye su interés por aprender a verbalizar, afectando negativamente su desarrollo lingüístico.

Vínculo fraterno en situaciones especiales

En situaciones como la discapacidad y la enfermedad puede romperse o interferirse el equilibrio en la formación del vínculo, ya que se crea una nueva dinámica en la relación por un hermano que se encuentra en una condición “privilegiada”, pues es en él en quien recae toda la atención de los padres y de la familia pudiendo surgir en el niño o el adolescente sentimientos de culpa por haber despojado o robado a su hermano la atención de sus padres.

En el hermano que ha quedado como “no privilegiado” puede herirse la autoestima y crearse resentimiento por el lugar privilegiado que tiene su hermano. Esta situación desencadena sentimientos de rivalidad, sobre los cuales los padres deben dialogar con los hijos.

El rol de los puericultores

A continuación, se enunciará un decálogo de recomendaciones basadas en la literatura, que recoge los tópicos tratados en este texto, dirigidos a quienes participan en el cuidado de niños y adolescentes, con el objetivo de favorecer las buenas relaciones entre hermanos en diferentes situaciones:

  1. En la vida cotidiana, ante los reclamos de injusticia, valore los sentimientos de cada niño y préstele atención a la demanda específica que hace, no a la queja.
  2. En la relación con los hijos, no tema querer a cada uno de manera distinta. Eso sí, evite perder el sentido de la justicia en la interacción con ellos.
  3. Ante la llegada de un nuevo hijo acompañe al primogénito en el aprendizaje de ser hermano mayor y relacionarse con su hermano. Dedíquele tiempo exclusivo y de calidad a cada hijo.
  4. Facilite las relaciones entre hermanos: hable con frecuencia de sus progresos y conductas. Explique en forma clara lo que espera de cada uno.
  5. Establezca claramente las consecuencias de las peleas entre hermanos. Facilite la posibilidad de que, ante los desacuerdos, entre ellos busquen y encuentren soluciones. Haga convenios con los hijos, así favorece que ellos los hagan entre sí.
  6. Fomente la confianza de cada niño en sí mismo, como ser único y en el amor de sus padres, así posibilitará el desarrollo de la autonomía.
  7. Promueva la identidad de cada hermano gemelo. Evite el uso de términos como “los mellos” y acciones como vestirlos igual o llamarlos con nombres similares.
  8. Cuando algún hijo se enferma, los hermanos necesitan información, escucha y respuesta a sus preguntas. Involucrarlos en el plan terapéutico de un hermano con enfermedad aguda o crónica facilita el desarrollo de la empatía, la solidaridad, la resiliencia y la adherencia a los tratamientos.
  9. En el caso de niños con necesidades especiales propicie un equilibrio entre el tiempo de atención a sus necesidades y el que dedica a los otros hijos.
  10. Mantenga comunicación con los profesores y otros cuidadores sobre los comportamientos, logros y necesidades de cada hijo, así los acompaña de manera más efectiva, favorece su desarrollo y fortalece las redes de apoyo para la crianza.

Lecturas recomendadas

  1. Rodríguez M, Gutiérrez P, Martínez M. P. Regulación emocional y relaciones fraternas ¿existe asociación? Universidad Pontificia Comillas; Madrid, 2015.
  2. Fernández D. A. El vínculo fraterno y su implicancia en la estructuración psíquica. Revista Internacional de Psicología Vol. 9, No. 1, ISSN 1818-1023; enero 2008.
  3. Committee on Psychosocial Aspects of Child and Family Health. Hermanos de niños discapacitados o con enfermedades crónicas. American Academy of Pediatrics; 2017.