Las mascotas: facilitadoras en el tejido de resiliencia

Las mascotas, esos animales de compañía que acompañan y brindan cariño en todo momento, facilitan la construcción y reconstrucción de las metas del desarrollo humano integral y diverso y, por lo tanto, el tejido de resiliencia. Dado que una de las pretensiones de la crianza es la de tener prácticas de crianza orientadas al tejido de resiliencia, es necesario precisar la función de las mascotas.

La resiliencia es un proceso dinámico en el que el sujeto y su entorno tienen una relación recíproca. Los cuidadores adultos que participan en la crianza tienen una función fundamental en el tejido de resiliencia, pues son los encargados de acompañar en la exposición progresiva a las dificultades cotidianas, según el desarrollo de los niños y adolescentes al brindarles simultáneamente aceptación y amor incondicional. No hay una receta única para el tejido de resiliencia, pues esta variará con cada niño y con su respectivo entorno.

Las mascotas, animales domésticos o de compañía, son aquellas que se conservan con el propósito de brindarles compañía a los seres humanos, sin fines económicos o de alimentación. Se caracterizan por ser amigables de alguna manera y por adaptarse al ambiente del ser humano sin importar su naturaleza y adherirse al grupo familiar en el que estén inmersas.

Hay diferentes estudios con resultados contradictorios, pero los continuos reportes con hallazgos positivos muestran los beneficios que trae tener una mascota para la salud y la construcción y reconstrucción de las metas del desarrollo humano integral y diverso. Es necesario aclarar, que no es posible mostrar certeza clara en la relación causa-efecto, por las limitaciones obvias para hacer estudios controlados.

En Colombia, hay alrededor de ocho millones de animales domésticos, de los cuales el 66% son perros y gatos. En promedio, los dueños destinan del 10-30% de su salario para mantenerlos. El supuesto ideal de que toda familia completa debe incluir un animal de compañía, sumado a la moda de tenerlos sin poseer el suficiente conocimiento de lo que implica, hace necesario entender la responsabilidad que esto genera.

La responsabilidad con las mascotas conlleva el reconocimiento de que son animales, no seres humanos, y que tienen necesidades básicas para lograr un bienestar animal: un ambiente apropiado para vivir, una dieta adecuada, patrones de comportamiento de animales, vivir juntos o separados según necesidades específicas, así como ser protegidas del dolor, el sufrimiento, el daño o la enfermedad.

Las mascotas pueden ser facilitadores de la construcción y reconstrucción permanente de las metas del desarrollo humano integral y diverso: autoestima, autonomía, creatividad, felicidad, solidaridad y salud, construcción y reconstrucción; que son la base necesaria para el tejido de resiliencia.

Autoestima

La autoestima puede variar según la edad en que se tenga la primera relación con una mascota. Para la construcción y reconstrucción de esta meta en particular se recomienda que esta llegue a la vida del niño antes de los seis (6) años. A cualquier edad las mascotas, que no juzgan, que no se burlan, que no critican, facilitan el desarrollo de mejores competencias sociales, pues sirven como protectores ante el estrés y promueven la interacción social.

En los lactantes y en los preescolares las mascotas pueden servir para aliviar problemas emocionales, miedos y soledades, al mismo tiempo que proveen amor incondicional, oportunidades para el afecto y estabilidad. Además, les facilitan a los niños entender la reciprocidad de las relaciones.

Un animal de compañía le ayudará al niño a afrontar sus miedos y a sentirse menos vulnerable, lo cual fue claro en un estudio efectuado en 1998 en el que se encontró que los niños identificaban a su mascota como un amigo especial hasta en el 50% de los casos por el soporte emocional que recibían de esta, y hasta un 70% estaban convencidos de que su mascota pensaba en ellos cuando no estaban juntos.

El cuidado de una mascota ayuda en la construcción y reconstrucción de la autoestima por el cumplimiento de tareas y responsabilidades, así como por el refuerzo positivo, el sentido de utilidad y el alejamiento de distracciones de eventos negativos. Además, les brinda a sus dueños un sentido de propósito, significado a sus vidas, mantenimiento de identidad personal, ocupación del tiempo libre y disminución de percepciones negativas de las relaciones externas, lo que lleva a sentirse queridos y valorados, esto es, que se sientan bien respecto a ellos mismos.

Autonomía

Las mascotas ayudan a aprender sobre el lenguaje, los comportamientos de alimentación y la atención social e interacción. El animal es un receptor pasivo y paciente que ayuda a disminuir la ansiedad ante la seguridad de que no juzgará y es un estímulo atractivo para la comunicación en estímulos, órdenes, sanciones o felicitaciones, para lo cual, hay que tener en cuenta que las interacciones con la mascota estarán determinadas también por las interacciones dentro de la familia. Consentir a un animal promueve habilidades motrices finas, parte fundamental de la construcción y reconstrucción de la autonomía.

Creatividad

Los animales son predeciblemente impredecibles, por lo que son motivadores del aprendizaje: los niños y adolescentes aprenden y retienen mejor la información cuando tienen interés emocional y el aprendizaje se optimiza cuando ocurre en medio de relaciones significativas. Las mascotas mejoran la capacidad de concentración por el interés hacia ellas y lo hacen con más ventaja, pues estar con los animales es una forma de recompensa.

Felicidad

Las mascotas tienen función en el deseo intrínseco de los seres humanos de cercanía y lazos de cariño, pues dan apoyo emocional de una manera única, dada su habilidad para responder a sus dueños de manera intuitiva. El contacto ayuda a disminuir la sensación de soledad y aislamiento, y brinda una relación sin conflicto, pero siempre y cuando se respeten los límites.

Interactuar con animales facilita la liberación de oxitocina, una hormona que mejora las conductas para la interacción social, pues está involucrada en la formación de relaciones de confianza y generosidad. Esta sustancia, en conjunto con una mayor liberación de serotonina y dopamina, podría explicar los efectos benéficos de las mascotas en personas ansiosas y deprimidas.

El vínculo con las mascotas sirve como amortiguador ante la falta de un padre o las dificultades en la relación de los padres, es decir, ayuda a afrontar los duelos. Además, sirven como lubricantes sociales, ya que promueven que las personas se acerquen y comiencen una conversación, aun con extraños, y así aumenta la atención de las demás personas.

Un estudio efectuado en 1981 en Suecia encontró que entre el 59 y 83% de los dueños de mascotas consideraban que el animal facilitaba la oportunidad de hablar con nuevas personas y hasta el 79% aseguró que su mascota hacía nuevos amigos para ellos. En 1983, se hizo un estudio observacional seriado en el que encontraron que la misma persona, en las mismas circunstancias, tenía una mayor probabilidad de tener una interacción social cuando estaba acompañado de su mascota.

Solidaridad

Se entiende esta como la identificación de emociones, altruismo y cooperación, con base en la empatía. Los animales empáticos son los que pueden reconocerse en un espejo, lo que significa que tienen conciencia de sí mismos, y, por lo tanto, pueden inferir estados mentales de otros. Lo que se cree en la actualidad es que esta condición facilita en los niños y adolescentes que la empatía que sienten hacia su mascota se transfiera a otras personas, mediante el vínculo y no la posesión.

Las mascotas reconocen e integran información emocional de los humanos y ajustan su comportamiento a signos de comunicación con humanos, con lo que ayudan al desarrollo de la inteligencia emocional, más empatía y comportamiento prosocial.

Salud

Se han descrito efectos negativos de la tenencia de animales domésticos, como mordeduras, enfermedades infecciosas, especialmente transmitidas por vectores, y alergias. En este último punto existe controversia, pues también hay estudios que describen la disminución de frecuencia y gravedad de alergias y asma en niños con predisposición genética a estas cuando hay una exposición prolongada en el primer año de vida, ya que producen sensibilización paulatina fortaleciendo su sistema inmunológico.

Las mascotas promueven estilos de vida saludable y mejor calidad de vida, posiblemente mediados por el “efecto mascota”, basado en la neuroquímica del vínculo social y determinante de la relación de la posesión de mascotas con el bienestar y los beneficios para la salud de los humanos. Acerca de lo anterior, es común encontrar en los escritos al respecto que en las relaciones con las mascotas:

  • Las caminatas al aire libre con ellas mejoran la salud cardiovascular.
  • Previenen la soledad: los dueños se sienten acompañados, protegidos y seguros.
  • Enseñan comportamientos de comunicación no verbal: los pacientes depresivos, por ejemplo, les hablan con mayor facilidad a sus mascotas, lo cual, probablemente dé como resultado una mejor interacción social.
  • Los dueños de mascotas tienen mejores tasas de supervivencia al infarto agudo de miocardio, usan menos servicios médicos, mejoran la autoestima y el interés por la vida: en un estudio publicado en 1995, en la revista de la Sociedad Americana de Cardiología, se demostró que la posesión de mascotas, así como el apoyo social, son predictores significativos de la supervivencia, independientemente de los efectos de los otros factores psicosociales y del estado fisiológico.

Mascotas y terapia

Otro asunto que ha sido de interés cuando se habla de los animales de compañía ha sido la de su utilización en algunas terapias, y ya se habla de animales como terapia. Se trata de una población especial, en la que los animales tendrán un valor adicional, como un tratamiento efectivo cuando se cuidan apropiadamente: no como un lujo, sino como valiosos contribuyentes al bienestar y salud humanos.

Los animales ya eran empleados de manera informal desde los principios de la psicoterapia, pero desde los años 80, del siglo XX, se utilizan con un enfoque más científico mascotas como terapia desde un punto de vista psicoespiritual. La terapia con animales abarca tres dominios de la psicoterapia: la integración sensorial, la autorregulación y la relación con otros.

La introducción de un animal en terapia debe acompañarse de un terapeuta que entienda las oportunidades brindadas por el vínculo humano-animal y que pueda extender tales principios para el avance del proceso de la terapia.

En familias de niños y adolescentes con trastornos comportamentales de diversa índole, tener mascotas permite a la familia hacer diversas actividades y disminuir la preocupación por la desaprobación social. Las mascotas pueden representar el yo mismo que es maltratado o no entendido y, al cuidarlas, el niño o adolescente se cuida a sí mismo.

Los dueños de mascotas autorreportan mejor calidad de vida si tienen enfermedades mentales, pues los pacientes suelen estar más dispuestos a asistir a los servicios ambulatorios y durante las evaluaciones disminuyen el estrés y la ansiedad, por lo que el médico puede hacer una revisión más acertada del estado basal del paciente. Además, los animales promueven una atmósfera cálida y segura y facilitan que el paciente acepte las medidas terapéuticas ofrecidas.

La terapia acompañada de animales se utiliza, entre otros casos, en pacientes con:

  • Discapacidad cognitiva.
  • Trastorno del espectro autista.
  • Trastorno por estrés postraumático.
  • Trastornos obsesivo-compulsivos.
  • Conductas antisociales.
  • Otros trastornos mentales.

La niñez y la adolescencia son las etapas perfectas para aprender el respeto por todos los seres vivos. Los niños y adolescentes ven las mascotas como miembros de la familia, proveedores de amor y soporte, ubicándolas, por debajo de los padres, pero por encima de otros referentes sociales en la lista de cosas que los hacen sentirse bien o satisfechos con ellos mismos. Es por esto y por todo lo anteriormente expuesto que se propone que las mascotas son facilitadoras para el tejido de resiliencia, pero siempre teniendo presente el bienestar animal.

Por: Luisa Fernanda Álvarez Betancur
Residente de Pediatría,
Universidad de Antioquia
Liliana Zuliani Arango
Profesora de Pediatría Social,
Universidad de Antioquia